La importancia del fallo del Tribunal General Europeo a favor de Apple para la competencia fiscal global

La importancia del fallo del Tribunal General Europeo a favor de Apple para la competencia fiscal global

Cuatro años han pasado desde que la empresa Apple e Irlanda impugnaron la obligación de pagar $14.900 millones en impuestos que les impuso la Comisión Europea (CE) por competencia fiscal desleal. La comisionada para la Competencia de la CE, la danesa Margrethe Vestager, alegaba que el gobierno de Irlanda le otorgaba a Apple acuerdos fiscales especiales que le permitían pagar impuestos bajos y que eso no permitía establecer un level playing field entre las naciones europeas. Hace unos días, el Tribunal General Europeo, localizado en Luxemburgo, falló en contra de la Unión Europea (UE).

Irlanda es reconocida, fuera y dentro de la UE, como un país que, en forma agresiva, utiliza esquemas de impuestos bajos para atraer inversión extranjera directa y generar empleos en para sus ciudadanos. Irlanda sabe que la competencia fiscal es buena, así como lo saben Países Bajos (Holanda), Malta, Hungría, Chipre, Bélgica y el más conspicuo de todos, Luxemburgo.

Todos estos países han sido señalados por organismos internacionales sin fines de lucro y por el propio Parlamento Europeo como paraísos fiscales dentro de la UE. Sin embargo, esta y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) son incapaces de ponerle coto a sus jugarretas y menos incluirlos en sus listas infantiles.

Panamá, motivo del odio irracional de la UE, tiene $124,000 millones en activos en su centro financiero.  Es decir, solo la multa de Apple era más de 11% de los activos de nuestro centro bancario. ¿De verdad piensan que los fondos de los impuestos que evaden sus ciudadanos están por estos lares?

Es curiosa la situación de Irlanda. Oponerse a que Apple depositara casi $15,000 millones en sus arcas no suena lógico.

¿Por qué apelarían junto a Apple -la empresa acusada de evadir impuestos en su país-?  Por una sencilla razón: Por soberanía, por dignidad, porque en Irlanda mandan los irlandeses, no los franceses o los italianos.

Dice el New York Times sobre Irlanda, en su edición de 15 de julio de 2020, en un artículo titulado Apple Scores Legal Victory Against $14.9 Billion E.U. Tax Demand: “El país, que ha sido criticado por otros por sus impuestos bajos, argumentó su defensa en la independencia de Irlanda” (el subrayado es nuestro). Es decir, el derecho de hacer lo que considera más beneficioso para su país y sus habitantes, aunque les dé un derrame a los gabachos. Fin de la historia.

Este fallo lo único que hace es legitimar la competencia fiscal que, hipócritamente, nos prohíben los países europeos con sus mentadas listas grises y negras.

Este fallo confirma que dentro de Europa no hay un level playing field. Que unos aplican su soberanía para beneficiarse en detrimento de los demás que, como sonsos, no logran ponerse de acuerdo en una sola política fiscal para la UE.

Esto se debe a que cualquier cambio en la política fiscal de la UE debe ser aprobada unánimemente y se encuentran con que los mismos seis o siete países votan en contra de medidas drásticas para evitar la evasión fiscal. Son unos bufones.

Esto es un fallo que solo aporta a los precedentes que van creándose cuando la burocracia no encuentra oídos amigables en las cortes. Una cosa es dictar políticas que afectan gravemente a terceros sin tener una idea del Derecho Internacional Público y otra cosa es demostrar en una corte, con la ley en la mano, que tienes razón.

La misma corte le había fallado a favor a Starbucks en otra demanda que puso Vestager en contra de dicha empresa alegando que había sido favorecida por ¿quién más?  el “usual suspect”: Luxemburgo.

Ante este estrepitoso fiasco, en que llevan años tratando de cambiar y establecer un level playing field, se vuelcan a atacar países más pequeños y débiles cuyos gobernantes han decidido tirar la toalla, aceptar que son paraísos fiscales y que para atraer inversión extranjera no podrán usar incentivos fiscales de ningún tipo.

Todo esto para que un vago francés o italiano pueda recibir su cheque en Euros sin mover un dedo y vivir del estado de bienestar que ha llevado al fracaso económico de la UEy a la salida del Reino Unido que, harto de que terceros le cercenaran su soberanía desde Bruselas, recogió sus petates y se mandó a cambiar. No será el último.

Musonius Rufus
Analista internacional

 

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