La inflación en Panamá ¿un problema próximo a detonar?

La inflación en Panamá  ¿un problema próximo a detonar?

El Ministro Alberto Vallarino reconoció en enero que la inflación en Panamá en el 2010 sobrepasó los cálculos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Los datos para enero la sitúan en un 4%. Fue un reconocimiento responsable que propició un breve debate entre economistas sobre sus causas, pero que giraron erróneamente alrededor del Impuestos de transferencia de bienes inmuebles y servicios(Itbms).
Sin mayor asidero político, el tema pronto desapareció de la palestra nacional. No obstante, el tema sigue vigente alrededor del mundo, especialmente en las discusiones que se llevan a cabo en la Reserva Federal, en el Banco Centro Europeo y en el de la China Popular. Y con la visita del director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, quien advirtió sobre la posibilidad de un recalentamiento inflacionario, Panamá no puede ser la excepción: La inflación, a nivel mundial, es un tema que hoy captura la atención de los mercados y los líderes de todas las naciones  y es un tema que Panamá debe seguir con mucho cuidado.
Sencillamente, la inflación es un aumento generalizado en los precios. En comparación con otros países, Panamá ha tenido una experiencia relativamente benigna con este problema, desde los 90, el aumento en los precios promedió un 2% anual, una cifra por debajo de la media histórica de los Estados Unidos, que ronda alrededor del 3,2%. Pero más allá de la descripción estadística, realizar un análisis profundo de las causas y efectos de la inflación es caminar por senderos pedregosos: ste es un tema sobre el cual se tienen opiniones firmes, y donde el pensamiento contra-corriente no es visto con simpatía.
Este es un tema complejo que se merece una mente abierta, una tipología apropiada para caracterizar la inflación es ver si aquella es jalada por la demanda o empujada por los costos. La primera teoría es la clásica narrativa monetarista. Esta teoría es sencilla: Si un país imprime dinero, hay más circulante que bienes y los precios aumentan, con algunas reservas, el consenso entre los economistas gira alrededor de esta explicación. La segunda, menos aceptada y vista con recelo entre miembros de la profesión, es la teoría estructuralista-keynesiana de la inflación. Donde la primera versión ve la inflación como un fenómeno monetario, en el segundo caso aquella depende del empuje de los costos y las presiones sociales que sirven para fijar, por ejemplo, los salarios de los trabajadores y las transferencias hacia grupos sociales determinados, como por ejemplo, los jubilados.  Sin embargo, no toda inflación es mala, en la medida que la inflación refleje el crecimiento de la capacidad de compra y disfrute de bienes para la gran mayoría, la inflación no es un problema. La situación se complica cuando el crecimiento en la capacidad adquisitiva de algunos crece o disminuye demasiado respecto a otros grupos. Al parecer, esto está ocurriendo en Panamá.
La figura a continuación es un pantallazo de la inflación en Panamá a partir de datos de oficiales del MEF, el Instituto  Nacional de Estadísticas (INEC) y el FMI donde se muestra la interacción del siempre famoso Índice de Precios al Consumidor (ver gráfica, Índice de Precios al Consumidor – IPC) y el Índice de Precios Implícitos, una medida más amplia del aumento de precios en el país. Mientras el IPC se concentra en capturar el aumento de precios en la canasta básica, el IPI captura el aumento de precios a lo largo y ancho de la economía panameña. Ambos precios han registrado movimientos similares hasta hace poco, cuando la des-conexión entre ambos índices es notable y sobrepasa la línea de tendencia natural de la inflación en el país. El IPC está aumentando más rápidamente que el IPI esto significa que aquellas familias con restricciones en sus ingresos y que no pueden sustituir sus compras (ya sea producto de problemas en el acceso a bienes básicos o porque no tienen suficiente liquidez) perciben más este encarecimiento. En un país donde las cifras más conservadoras estiman que un tercio de los panameños son pobres, esta puede ser una receta para el desastre.
Las otras dos líneas son intentos de deslindar responsabilidad sobre este aumento. Enfocarse en el Itbms o incluso en el gasto público no es lo más pertinente. Mi tesis es que el rápido encarecimiento de los alimentos, producto de incrementos en la demanda de países con clases medias en rápido desarrollo (como China e India), es el detonante de la disparidad en el crecimiento de los precios para los compradores más vulnerables y el resto de la población, especialmente en el contexto de monopolios locales para la distribución y producción de alimentos: En la gráfica, se demuestra la progresión del índice de precios para alimentos de el Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), y gasolina del FMI.
Si bien imputar causalidad a partir de una gráfica merece cuidado, podemos ver que la des-conexión entre el IPC y el IPI desde el 2006 es más sensitiva al aumento del índice de la FAO que al incremento del precio de la gasolina. Esto no es de extrañar: directamente los gastos directos en gasolina sólo representan un 5% del cálculo del IPC, mientras que aquellos en alimentos reflejan un tercio del índice de acuerdo a la metodología del MEF.
El aumento del IPI refleja la normal tendencia inflacionaria de toda economía que experimenta altos ritmos de crecimiento y que una clase media vigorosa puede esperar en la medida que aumentan sus ingresos y su capacidad de consumo. No obstante, una medida más estrecha como el IPC y su desvinculación del IPI visualiza qué bienes de consumo prioritario están aumentando de precio más allá de los niveles normales a raíz de la demanda de los mercados internacionales. Los productores en una pequeña economía relativamente abierta van a entrar al mercado a esos precios, y por consiguiente, una gran cantidad de panameños se van a quedar sin capacidad para hacerle frente a estos costos. Esto no es nada nuevo. La América Latina de la post-guerra también tuvo salarios reales bajos producto de altos precios en los insumos, y esto ocasionó grandes presiones distributivas en el tejido institucional y político de la región. Una rápida revista de la tumultuosa historia panameña durante las décadas del 50 y del 60 es muestra de aquella realidad. Esto tiene el potencial de desanudar serios problemas sociales, que hasta ahora hirvieron debajo de la superficie.
Hoy, la historia no contada de los movimientos sociales en Egipto fue que el creciente encarecimiento de los alimentos motivó a los ciudadanos a congregarse en la Plaza Tahrir a fin de exigir mejores condiciones de vida. Por eso, revisar la historia de la inflación es revisar la historia de los movimientos sociales y de las formas (y  las herramientas) que tienen las distintas sociedades en resolver problemas distributivos, ejemplo clásico fue la hiperinflación alemana de la entreguerra.
En ese sentido, la presente administración debe darle seguimiento a esta situación y realizar los correctivos necesarios a fin de no catalizar situaciones engorrosas que pongan en peligro la vida y el bienestar de la población. Por eso, creo que se hace imperativo expandir, acelerar y profundizar iniciativas como el programa Compita a fin de aumentar el acceso a alimentos más baratos a sectores vulnerables. Y si bien todavía es un poco temprano para otro tipo de soluciones, el gobierno debe explorar otros remedios más dirigidos en caso tal que el aumento de estos insumos a nivel siga su empinado crecimiento. Por lo menos, se hace imperativo iniciar una conversación sobre este tema.
* Actualmente es economista investigador del Centro Schwartz para Análisis de Políticas Económicas en Nueva York.

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