La mujer del César

La mujer del César

Si viviéramos en un mundo ideal todos los ministros de Estado trabajarían de forma armónica con sus viceministros en beneficios del país

Dionysiac frieze, Villa of Mysteries, Pompeii

Dice un viejo refrán popular que la mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo, un principio que viene como anillo al dedo al momento de abordar la falta de ética y profesionalismo que ha resultado en la abrupta salida del ministro de Seguridad Pública, Rodolfo Aguilera y su viceministro, Rogelio Donadío, de sus cargos.

Si viviéramos en un mundo ideal seguramente las fricciones y enfrentamientos que caracterizaron la gestión de Aguilera y Donadío en el Ministerio de Seguridad Pública serían una rara excepción, pues todos los ministros de Estado trabajarían de forma armónica con sus viceministros en beneficios del país y de todos sus ciudadanos.

No obstante, debemos recordar que los ministros y viceministros son seres humanos y que en algunas ocasiones una persona, y no necesariamente por maldad o falta de profesionalismo, simplemente no pueden trabajar con un jefe o un subalterno porque sus personalidades, prioridades o intereses chocan drástica e irreconciliablemente.

Cuando esto ocurre solo hay dos caminos posibles para solventar la situación, o los involucrados dejan de lado sus diferencias personales para definir una hoja de ruta común en favor de la consecución de los objetivos que persigue la organización en la que laboran o uno de los dos (o los dos) debe renunciar por el bien de esa organización.

Por supuesto, esto requiere lo que los especialistas en gestión administrativa han definido como Inteligencia Emocional, que es la habilidad de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Ese concepto ampliamente popularizado en el mundo empresarial y en la gestión de los Recursos Humanos desde la publicación del célebre libro de Daniel Goleman en 1995 (aunque en las ciencias sociales se maneja desde la década de 1980) demanda del ser humano la habilidad de adaptarse a las diversas situaciones que se presentan en su vida laboral, a fin de aprovecharlas para potenciar su crecimiento personal como profesional y el crecimiento de la empresa u organización en que labora.

Y evidentemente ni Aguilera ni Donadío parecen conocerlo. El debatir sus diferencias en público puso en evidencia la falta de madurez de ambos y obligó al presidente Juan Carlos Varela a tomar una decisión definitiva, la cual no es otra que aceptar sus renuncias y marginarlos a ambos de participar en la gestión de la actual administración.

Pero el problema es que la falta de trabajo armónico y de Inteligencia Emocional entre ministro y viceministros no se limita al Ministerio de Seguridad Pública. Es público y notorio que en varias entidades públicas la distancia entre ministros y viceministros son abismales, lo que está afectando negativamente la labor que estos deben desarrollar en beneficio de todos los ciudadanos.

En este sentido, sería ideal que el presidente Juan Carlos Varela aproveche el período que asegura dedicará a realizar una evaluación de su Gabinete para poner fin a esas diferencias, tal como lo hizo en el caso de Aguilera y Donadío, para que la labor de su gobierno, que es el gobierno de todos los panameños, pueda despegar de una vez por todas y el país no tenga que volver a presenciar el doloroso espectáculo de ver a un ministro de Estado y a su viceministro dirimiendo sus diferencia en los medios de comunicación con ofensas y palabras altisonantes que mal hablan de nuestros políticos.

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