La neutralidad como activo de la economía de Panamá

La neutralidad como activo de la economía de Panamá

Cuando en 1826, Mariano Arosemena planteara la idea de la Republica Hanseática, con las debidas garantías de Estados Unidos (EE.UU.), Francia y el Reino Unido, que eran las grandes potencias de ese entonces, la primera emergente y las otras dos ya consolidadas, se planteó de hecho el tema de la neutralidad del Istmo de Panamá. Hay que recordar que once años antes, el Congreso de Viena de 1815, acordó la neutralidad permanente de Suiza, ratificando el acuerdo de la Paz de Westfalia de 1648, y estamos convencidos que Arosemena conocía los detalles de aquel magno Congreso.

Es obvio que era muy consciente del valor estratégico de nuestra posición geográfica y que las garantías internacionales que reclamaba las considero como una premisa necesaria para nuestro desarrollo económico.

Para Suiza, la neutralidad no solo evito ser arrastrada a las guerras y conflictos que asolaron Europa hasta la Segunda Guerra Mundial (SGM), sino que sentó las bases para la efectiva integración en una sola entidad nacional a cuatro comunidades culturales de habla alemana, francesa, italiana y romance. Por otro lado, la neutralidad de Suiza también facilitó su condición como centro de negocios, de mediación de conflictos y promotora de la paz internacional. No es casualidad de que la sede de la Sociedad de la Naciones, antecedentes de la Organización de Naciones Unidas (ONU), fuera Suiza.

En los tratados Clayton-Bulwer de 1850 y el tratado Hay-Pouncefaute de 1901, se establecía que cualquier canal por Centroamérica tenía que ser neutral. En el primero ninguno de los Estados partes obtendría ni sostendría predominio exclusivo sobre dicho canal y ninguno de ellos construiría ni mantendría fortificaciones que lo dominaran ni colonizaría ni ejercería ningún dominio sobre la parte alguna de América Central.

Los buques de los Estados partes estarían exentos, en caso de guerra ente ellos, de bloqueo, detención o captura por cualquiera de los beligerantes. Los Estados partes interpondrían sus buenos oficios a fin de conseguir del Estado por cuyo territorio se construyera el canal el establecimiento de un puerto libre en cada terminal del mismo. Los Estados partes protegerían el canal y garantizarían su neutralidad, e invitarían a los demás Estados a cooperar.

En el segundo el Reino Unido exigió que se aplicaran los principios de la Convención de Constantinopla de 1888. La Convención de Constantinopla es un tratado internacional, firmado el 29 de octubre de 1888 por Reino Unido, Francia, Imperio alemán, Imperio ruso, Imperio otomano, Imperio austrohúngaro, España, Países Bajos y el Reino de Italia, en dicha ciudad por el que se estableció el uso libre del paso del Canal de Suez, tanto en tiempo de paz como de guerra y para todo tipo de buques, se prohibió el bloqueo del canal y la zona o área alrededor del mismo que quedaba sujeta al mismo.

En el articulado se establecía la desmilitarización del Canal de Suez y condiciones estrictas en cuanto al paso de los barcos de guerra. EE.UU. no solo no cumplió esa parte del acuerdo, sino que militarizó la Zona del Canal de Panamá y aprovechó la posición geográfica de nuestro país para su exclusivo beneficio.

En el tratado de Neutralidad de 1977 resulta en una contradicción insuperable porque es firmado por EE.UU., como garante del mismo, estando este país involucrado en varias guerras en todo el planeta. En estas condiciones la neutralidad no existe por el hecho contradictorio que el Canal sea neutral, pero no la República de Panamá. La pertenencia de Panamá al Grupo de Lima, la firma de acuerdos contra el Estado Islámico, el apoyo que brindo Panamá a la invasión de Afganistán e Irak y el ceder a las presiones de EE.UU. contra Irán no solo contrarían nuestra necesaria e indispensable neutralidad, sino que ponen en peligro nuestra seguridad nacional. No puede ser que EE.UU. defina quienes son nuestros enemigos o nuestros amigos.

Panamá debe promulgar unilateralmente un Estatuto de Neutralidad del Canal y de la República de Panamá y mediante una estrategia diplomática inteligente y realista logra alcanzar la jerarquía internacional de Suiza. Panamá no tiene aliados estratégicos, sino países usuarios del Canal y de nuestra posición geográfica. Si hubiera una alianza estratégica sería con toda la comunidad internacional y no con una potencia en particular.

La neutralidad no solo debe blindarnos para resistir presiones de cualquier potencia, sino que es vital para nuestra prosperidad económica. En el caso de Suiza, la neutralidad es una de las condiciones de su gran prosperidad económica. Nadie presiona a Suiza y esa condición la tenemos que lograr.

Miguel Ángel Ramos Estrada
Economista

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