La patria que queremos debemos construirla juntos

Promenade in Panama City in the Afternoon

La República de Panamá, la semana pasada, cumplió 112 años de existencia. El proceso de su construcción como Estado nacional independiente ha sido difícil, por momentos a contra-marchas, y en ocasiones traumático al tener que conjurar situaciones graves que amenazaron su futuro y pusieron en peligro su propia sobrevivencia.

Con más de un siglo de existencia, Panamá hoy se encuentra a las puertas de poder concluir el diseño del país que quiere construir y de lanzarse a alcanzar ese objetivo con el concurso de sus mejores fuerzas y talentos.

Y es que no hay duda que hemos avanzado mucho en los últimos años. El país ha invertido fuertemente para elevar su competitividad, especialmente a través de mejorar su conectividad marítima y aérea, así como en la infraestructura necesaria para facilitar el tránsito de mercancías  de Este a Oeste y de Norte a Sur. Sin embargo, el progreso económico que esto ha traído consigo no ha beneficiado a todos los panameños y la principal tarea que el país tiene pendiente es precisamente la de lograr la incorporación de los sectores marginados de la población al pleno disfrute del progreso económico y del desarrollo social.

El principal camino para lograrlo es mediante la educación, por lo que ya es hora de que dejemos atrás los diagnósticos y los discursos, para comenzar a invertir en serio y darle a nuestros niños y jóvenes los conocimientos y destrezas para incorporarlos con éxito al mercado laboral y convertirlos en dueños de su propio destino: Lo que implica tener la capacidad de pensar con cabeza propia y encontrar nuevas soluciones a los problemas, que es lo que significa innovar.

Un balance objetivo del país que tenemos, debe empezar por la admisión de que las políticas públicas del país de hoy, en particular las relativas al desarrollo productivo, tecnológico y de información no se hallan articuladas en consonancia con la real oferta de formación profesional y técnica de los panameños. No hemos logrado desarrollar estrategias ni planes de acción para alcanzar la formación técnica que permita dar continuidad a ese proyecto, ni estamos aprovechando la existencia de la Comisión Nacional de Competencias Laborales (Conacom), de forma que nos permita articular la estructura de la formación con los requerimientos que el sector productivo reclama.

No existe una articulación orgánica entre los niveles educativos, ni una definición de competencias requeridas para permitir la transición entre los niveles de educación, ya que adolecemos de un sistema nacional de cualificaciones que nos lo facilite. Lo anterior nos lleva a un primer punto de diagnóstico: Hace falta una mayor coordinación entre  el Estado, la educación que se imparte y las necesidades de la empresa privada y la administración pública, condición necesaria para que se pueda contar con una certificación reconocida que establezca los estándares que garanticen las competencias, destrezas y habilidades que domina un trabajador.

Tal acreditación permitiría, por una parte, el reconocimiento al esfuerzo del trabajador por mejorar su preparación y garantizaría al empleador la contratación de personal calificado para satisfacer sus necesidades.

Debemos admitir que la actual administración parece estar más preocupada por este tema que las anteriores, lo que queda en evidencia al constatar su interés por construir institutos técnicos de educación superior en diversos puntos del país, sin embargo, es evidente que el país requiere una solución integral del problema educativo. 

El Estado y la sociedad panameña han demostrado que somos capaces de hacer realidad una aspiración que cuenta con más de 110 años de existencia: Gestionar el desarrollo del Canal y de todos sus elementos ambientales, socio-territoriales, infraestructurales, urbanos, y de carácter económico e institucionales conexos. Ahora se trata de hacer lo mismo con el país en su conjunto.    

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