La RSE de nuestros tiempos

Group Of Volunteers Tidying Up Rubbish On Beach

El tema de la responsabilidad social empresarial o corporativa (RSE) representa cada día un desafío de aprendizaje. Si hacemos un viaje al pasado y nos situamos hacia el final de la década de los 50, en Estados Unidos (EE.UU.), podemos encontrar los inicios de los primeros cuestionamientos sobre el trabajo de ciertas empresas, así como la idea sobre el consumo de ciertos bienes y servicios y su vinculación con el apoyo indirecto a los escándalos éticos en los ámbitos político-económicos de la época.

Posterior a ello, se evoluciona a la filantropía, periodo en el cual el impacto social era promovido a partir de políticas y/o programas asistencialistas que respondían a la buena intención de aportar a la solución de problemáticas sociales visibles de los países, pero que poco cuestionaban las metodologías de apoyo, sostenibilidad, integridad del apoyo brindado y las consecuencias en el largo plazo.

El 2015 representa un avance en el largo camino que ya se ha recorrido; hay una redefinición conceptual positiva del término. Ahora, cuando pensamos en RSE, nos alejamos del famoso dar el pescado y nos centramos en un enseñar a pescar que nos lleve a conocer qué caña ocuparemos; cómo capacitamos al facilitador que dará la clase de pesca; a definir cómo se involucra en el proceso la persona que aprende y desarrolla sus capacidades para la pesca.  En otras palabras, la RSE se comenzó a cuestionar, medir, conocer, no solo en el marco de la cantidad de presupuesto a asignar, si no que se habla de impacto social, de sostenibilidad, y de procurar que las acciones presentes tendrán un resultado positivo en el largo plazo. Más aún cuando se planifica y ejecuta una estrategia responsable en el campo o eje con el que se vincula la actividad de la empresa. Eso sí, entendiendo también que no solo se trata de una estrategia desde la empresa hacia el campo, eje o grupo con el que se busca trabajar de la mano; es decir, ahora no solo se busca realizar una donación. El proceso de evolución de la RSE exige el involucramiento en terreno de los colaboradores, de los stakeholders, de cada uno de los públicos de la empresa con la causa a la cual se suman siendo parte activa de la transformación y del impacto que se busca generar.

Ahora, es importante saber que la responsabilidad social empresarial no solo la hace sostenible la empresa; el trabajo en red se vuelve clave, sobre todo la articulación con el tercer sector. Estudios respaldan* que son las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) o las organizaciones de la sociedad civil las que están supliendo un vacío en ejes referidos al desarrollo social de los países, y que su rol se vuelve fundamental, porque son ejes de trabajo que, muchas veces, la empresa puede no tener las herramientas, el conocimiento, el tiempo necesario o la experticia; pero si el interés de generar impacto positivo en su entorno.

¿Cuál es el desafío entonces? La consolidación de estrategias responsables con la comunidad en el corto, mediano y largo plazo; que no queden escritas en planes abstractos que no se ejecuten; la integración de toda la sociedad, la vinculación a redes y organizaciones de la sociedad civil que permitan generar proyectos y/o iniciativas integrales y con conocimiento de base. Un plan de RSE construido desde la opinión y voz de la gente con la que se quiere trabajar de la mano; espacios donde se expongan todas las razones que nos llevan a apostarle al desarrollo, pero un desarrollo diferente, inclusivo, que llegue a todos y todas a partir del trabajo en conjunto que entre todos los sectores apostamos por ir construyendo y promoviendo.

*Aporte de las fundaciones y organizaciones no gubernamentales a la comunidad, Fundemas, El Salvador.  

Keren Quintanilla
Gerente general TECHO Panamá

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