La trampa de Barro Blanco

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Aún cuando en los últimos años el país ha experimentado una tendencia a la desaceleración  económica, la realidad es que la economía panameña sigue creciendo a buen ritmo 6,2%,  según las estimaciones del Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, y una consecuencia directa de ese crecimiento es el incremento del consumo de energía eléctrica en el país.

De hecho, el consumo de energía se ha mantenido significativamente alto, al punto que la diferencia entre la potencia firme disponible (oferta de energía) y la demanda real (consumo) es prácticamente inexistente, algo que sin duda es  grave. Pero más grave aún, es que se estima que la demanda de energía  está creciendo a un ritmo de entre 5% y 7% anual, un ritmo muy superior al que crece la oferta.

Por ello,  no logro comprender las razones que han servido de argumento al Ejecutivo para paralizar el proyecto hidroeléctrico Barro Blanco. Creo que al adoptar  esta medida se ha cometido un grave error que todos los panameños vamos a terminar pagando muy caro.

Entiendo que toda empresa que adelanta un proyecto de la magnitud de Barro Blanco debe cumplir con las normas ambientales y respetar los derechos de las comunidades que puedan verse afectadas,  ya sea durante su construcción o con su entrada en operaciones, sean estas indígenas o no. No obstante, considero que paralizar una obra que el país requiere para garantizar su suministro energético, y especialmente una hidro, para satisfacer las demandas de una dirigencia indígena que se opone al necesario progreso del país no es sano.

Lo digo, en primer lugar porque las demandas de la dirigencia indígena es irracional: Que la empresa abandone la obra y  simplemente no se culmine, en segundo lugar porque esto sería abrir una puerta para que otras comunidades indígenas se opongan a la construcción de proyectos hidroeléctricos teniendo a Barro Blanco como un precedente y en tercer lugar, y no por ello menos importante, por el pésimo mensaje que el país está enviando a los inversionistas internacionales.

Todos sabemos, con la excepción del doctor Temístocles Díaz,  quien aseguró que los precios marcados a principio de año se mantendrían durante los próximos dos años, que los precios de los  combustibles son altamente volátiles, y que si bien hoy en día el barril de petróleo cuesta unos $50,00, mañana podría elevarse nuevamente a $125,00 o superar los $150,00. Esto significa que Panamá, que es un importador neto de combustible,  no puede depender de la energía generada por las plantas térmicas y hace necesario que incremente la participación de la generación hidráulica en su matriz energética.

No se trata de pasar por encima de los pueblos indígenas, que por cierto también son consumidores de energía, sino de imponer el interés común sobre los intereses de grupos particulares. No hacerlo así tendrá consecuencias desastrosas para la economía nacional y la calidad de vida de todos los panameños y prueba de ello es que mientras el Ejecutivo suspende las obras de Barro Blanco, ya hay voceros indígenas que advierten que se opondrán a la construcción del proyecto Chan II, que debe comenzar a construirse este año en la provincia de Bocas del Toro.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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