La violencia ahuyenta a las Grandes Ligas

Los Marineros son el más reciente equipo que abandona

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Ubicada entre los campos arados y los pastizales de este municipio rural, la academia de béisbol de los Marineros de Seattle está casi abandonada. El salón de pesas se ha quedado sin máquinas. Los casilleros están vacíos.

Un equipo de mantenimiento quitó las bases del campo principal mientras trabajadores empacaban unos cuantos trofeos, bates y uniformes regados. Pero los prospectos adolescentes que compartían literas aquí hace solo tres semanas se han marchado, y han sido enviados a una escuela más nueva en la República Dominicana.

Los Marineros son el más reciente equipo de Grandes Ligas que abandona Venezuela, lo que deja solo cuatro academias de este tipo en el país, desde más de 20 a finales de los 1990. El éxodo constante es producto de una violencia desenfrenada y, más recientemente, una amplia agitación política y económica. Y está poniendo en peligro una de las exportaciones más visibles y valiosas del país fuera del petróleo: Los jugadores de béisbol.

Al día del inicio de la temporada de béisbol en Estados Unidos (EE.UU.) este año, había 65 jugadores nacidos en Venezuela en las Grandes Ligas, justo debajo del récord histórico de 66 en 2012. Fuera de EE.UU., solo la República Dominicana produce más peloteros de las Grandes Ligas. La lista está conformada por algunas de las mayores estrellas del deporte, incluyendo a Miguel Cabrera de los Tigres de Detroit y Félix Hernández de los Marineros.

Pero la desaparición casi total del sistema de academias, combinado con la creciente dificultad de viajar a Venezuela y buscar talento en el país, ha puesto en riesgo el canal de futuros peloteros.

Esas academias nos ayudaron a estar aquí, dijo el cátcher venezolano de los Nacionales de Washington, que llegó a través de la academia de los Gemelos de Minnesota. Ahora, es muy difícil para todos estos chavos que quieren jugar este deporte. Las puertas se están cerrando para sus sueños.

Desde principios del siglo XX, el béisbol ha servido de enlace cultural entre EE.UU. y Venezuela, incluso a medida que los lazos diplomáticos se han debilitado cada vez más. El primer equipo profesional del país fue los Magallanes, que empezaron a jugar en 1917 y desde entonces han producido peloteros de Grandes Ligas como el ex ganador del premio Cy Young, Johan Santana, y el jugador más valioso de la Serie Mundial de 2012 Pablo Sandoval.

Pero fue el surgimiento del sistema de academias, encabezado por los Astros de Houston en 1989, lo que convirtió a Venezuela en una gran exportadora de talento de béisbol. Los equipos fichaban jugadores adolescentes al por mayor, los alojaban y entrenaban en sus instalaciones y enviaban a los mejores a las Ligas Menores de EE.UU. Los jugadores de la academia de cada equipo competían entre sí en la liga de verano venezolana de las Grandes Ligas, que ahora solo incluirá a filiales de los Cachorros de Chicago, los Tigres de Detroit, los Phillies de Filadelfia y los Rays de Tampa Bay.

Simplemente tener presencia allí ayuda, anotó el subgerente general de los Pilléis, Benny Looper. Entre otros beneficios señaló que a los equipos se les permite mantener a agentes libres novatos en sus academias antes de decidir si ficharlos. Es una mejor forma para nosotros de juzgar su habilidad cuando los podemos ver durante más tiempo.

La mayoría de los equipos ya no creen que tal presencia valga la pena por el peligro, los apuros y costos que esta conlleva. Las estrictas leyes laborales y un complicado sistema monetario han convertido por mucho tiempo a Venezuela como un lugar caro para hacer negocios, pero se ha vuelto cada vez más complicado y menos seguro operar allí para las Grandes Ligas. 

Brian Costa y Ezequiel Minaya
Dow Jones

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