Las implicaciones económicas del acuerdo Iraní: Una cuestión de confianza

Iran treaty

Ríos de tinta han corrido desde que el pasado martes las naciones del P5+1 e Irán firmaran el plan general de acción conjunta (Jcpa) o acuerdo nuclear. Como de costumbre, se han expresado posturas opuestas sobre los posibles efectos del acuerdo. Los partidarios señalan que el éxito de las negociaciones ha residido en su carácter estrictamente nuclear, pero que abre nuevas posibilidades de colaboración. Con la apertura, se irán creando las condiciones para un aumento de la confianza que permita extender las negociaciones a otros temas relacionados con la situación de Oriente Medio. Por tanto, viviremos en un mundo más seguro tras la detención de una escalada nuclear y se abren nuevas vías de diálogo sobre temas de seguridad regional.

Por el contrario, algunos opinan que la gran apuesta estadounidense fortalecerá aún más la creciente influencia iraní en la región y aumentará el clima de inestabilidad entre Irán (de mayoría Chií), los países árabes (Suní) e Israel. La desconfianza entre ellos no sólo sería protagonista a corto sino también a medio y largo plazo. Irán abandona la idea de la bomba nuclear simplemente porque no la necesita y sin ella está ganando la partida regional. El acuerdo tiene un punto final en sí mismo y los peligros de la creciente influencia iraní no sólo se mantienen, sino que aumentan.

Por tanto, será finalmente la confianza la que determine la nueva geo-estrategia regional y los escenarios económicos y financieros en Irán, Oriente Medio y el resto del Mundo asociados a ella.

En el escenario positivo, Irán es sin duda el principal beneficiado, aunque no el único. Una vez que se liberen las sanciones, habrá un crecimiento adicional derivado de las nuevas inversiones que traerán una presión apreciatoria sobre su tipo de cambio y generará menor inflación. De acuerdo con el Banco Central de Irán, la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para este año fiscal podría elevarse cerca de dos puntos porcentuales (hasta el 2,5%) y podría mantenerse un crecimiento medio de 5% a 6% los próximos años, frente a 2,0%-2,5% previsto antes del acuerdo. La apreciación del tipo de cambio tendrá su origen tanto en la liberación de las cuentas bajo sanción como por el aumento del apetito del inversor extranjero, que ha ido avanzando a medida que se desarrollaban las negociaciones. La apreciación del tipo de cambio reduciría la inflación a entornos cercanos al 5%, desde el 15% actual.

El resto de los países de la región también se pueden beneficiar. Los países vecinos importadores de petróleo como Turquía se verán favorecidos doblemente. Por un lado, la restitución de las exportaciones de petróleo y el descenso de los precios aliviará la presión sobre el déficit energético. Por otro, la vibrante y sofisticada clase media iraní aumentará la demanda de bienes de importación de estos países.

Las ventajas se extenderían a la economía mundial a través de un descenso extra del precio del petróleo aunque su efecto final es incierto. En conjunto, la agencia norteamericana de energía (EIA) estima un descenso de entre $5 y $15 por barril sobre un escenario base de no acuerdo. Sin duda, parte del efecto ya había sido incorporado por el mercado. Además, existen dudas sobre la producción petrolera adicional que se podría colocar en el mercado mundial (entre medio millón y un millón de barriles día), la cantidad de barriles almacenados en buques (entre 30 y 40 millones de barriles) y el timing del levantamiento de las sanciones.

Los efectos positivos pueden difuminarse si nos adentráramos en el escenario de desconfianza. Los efectos en la economía iraní se mantendrían sólo a corto plazo y la ausencia de inversiones extranjeras eliminaría los efectos sobre el tipo de cambio y la inflación. El clima de inseguridad y la aversión regional al riesgo aumentaría significativamente a medida que la escalada del conflicto entre Irán y los países árabes se intensificara, eliminando de un plumazo los descensos iniciales positivos de precio del petróleo. La mayor o menor intensidad del conflicto regional terminaría por deteriorar la situación geopolítica mundial, lo que a la postre se reflejaría en un aumento de las primas de riesgo mundiales.

En definitiva, una cuestión de confianza.   

Álvaro Ortiz Vidal-Abarca
Economista jefe de Análisis Transversal de Economías Emergentes
BBVA Research

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