Las opciones de Macri: Terapia de choque o cambio gradual

La marea rosa latinoamericana se aleja aún más con la victoria del alcalde de Buenos Aires.

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La elección de Mauricio Macri el domingo 22 de diciembre como el nuevo presidente de Argentina marca el fin de una era para el país y, de hecho, para la región como tal. La abundancia que acompañó el auge de los productos básicos de los pasados 12 años ya terminó; los tiempos difíciles requerirán una gestión económica más prudente y ortodoxa.

Eso es verdad con respecto al populismo económico que caracterizó las dos administraciones de Cristina Fernández, la presidenta saliente de Argentina, como lo es para los otros países suda-mericanos con gobiernos de izquierda impopulares, como Brasil.

También habrá menos pavoneos populistas del tipo que le gusta a la señora Fernández. El señor Macri, centro-derechista, hijo de un negociante rico y actualmente alcalde de Buenos Aires, sin dudas es una figura empresarial. Además, el colapso del precio de los productos básicos ha reducido el tamaño del atractivo popular de los líderes carismáticos, como la señora Fernández, quien se modeló a sí misma como Evita Perón.

Los fallos de su modelo populista, y la fatiga generalizada provocada por su estilo polémico y punzante, se ocuparon de eso. Lo mismo se aplica a otros movimientos políticos recientes en América del Sur, como al chavismo en Venezuela, al lulismo en Brasil y quizás al gobierno de Evo Morales en Bolivia. La llamada «marea rosada» suda-mericana está retrocediendo.

Aun así, el éxito electoral del señor Macri no es usual. l prometió cambios; de hecho, su coalición se llama «Cambiemos». Esa promesa ayudó a impulsarlo, de un supuestamente distante segundo lugar en las encuestas hace sólo un mes, a la victoria con el 51,4% de los votos. Pero, ¿cambio a qué exactamente; en qué áreas, y cómo?

La economía es el problema más acuciante que el señor Macri debe abordar. La inflación se encuentra en niveles de dos dígitos; las reservas de divisas han colapsado; hay controles monetarios; el tipo de cambio está sobrevaluado; el gobierno no tiene acceso a los mercados internacionales a causa de su larga disputa con los acreedores holdout; el banco central está imprimiendo dinero para financiar el déficit fiscal; y la economía doméstica sufre de una serie de distorsiones internas, incluyendo subsidios a la energía que pueden reducir la factura eléctrica de un hogar al precio de una taza de café.

La difícil decisión que el señor Macri debe tomar es si debe abordar estas distorsiones económicas al mismo tiempo mediante un paquete de terapia de choque del tipo que los argentinos han llegado a conocer y temer o más gradualmente. Ambas direcciones tienen sus méritos, y el equipo del señor Macri, compuesto de asesores económicos muy respetados, supuestamente se encuentra dividido acerca de la cuestión.

Ciertamente, Argentina necesitará recurrir a apoyo financiero multilateral en algún momento. Esto incluirá, presumiblemente, al Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque el FMI está indeleblemente asociado en las mentes argentinas al desastroso impago de deuda y devaluación ocurrido en el país en el año 2002. Hasta el momento, el señor Macri ha dicho solamente que comenzaría a eliminar los controles de capital inmediatamente después de su toma de posesión el 10 de diciembre.

El señor Macri también enfrenta considerables desafíos políticos. No cuenta con una mayoría en el congreso, aunque esto podría no ser una barrera infranqueable para la aprobación de legislaciones.

En la cámara baja, con 257 escaños, su coalición tiene más de 90 diputados, y él podría contar con el apoyo de más de 30 peronistas disidentes para alcanzar una mayoría. El señor Macri tampoco cuenta con una mayoría en el senado. Pero tradicionalmente los senadores siguen a los poderosos gobernadores estatales de Argentina, quienes, a su vez, negocian directamente con el presidente. Así que, en cuestiones importantes, como la solución al problema con los acreedores holdout, el señor Macri debería poder lograr el apoyo necesario. En eso también tiene experiencia. Como alcalde de Buenos Aires, el señor Macri logró la aprobación de leyes en la legislatura local aunque tampoco contaba con una mayoría allí.

Sin embargo, quizás la mayor área en la que el señor Macri necesita efectuar cambios es en el clima inversionista argentino. Los inversionistas financieros han aplaudido el surgimiento del señor Macri y las acciones y los bonos argentinos han repuntado a causa de la perspectiva del cambio. Pero este repunte ha sido un juego entre los comerciantes. El trabajo del señor Macri es convertir a Argentina en un destino para el dinero auténtico y la inversión extranjera directa en lugar de una especulación de fondos de cobertura. Por el momento, eso sigue siendo sólo una esperanza, pues representaría un cambio decisivo para un país que, durante los pasados 100 años, se destaca por haber perdido su antigua «condición de nación rica».

Pero incluso en Argentina, como la señora Fernández comentó tristemente en su cuenta de Twitter anoche, nada dura para siempre.

John Paul Rathbone
Financial Times

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