Las protestas violentas no mejorarán la situación de Colón

Las protestas violentas no mejorarán la situación de Colón
Lo primero que hay que decir que en gran medida la falta de empleo en Colón es producto de la crisis económica y social que ha afectado a esa provincia en los últimos 50 años- Archivo

Sin duda alguna, el estar desempleado es una de las situaciones más difíciles que puede enfrentar un ser humano; sin embargo, este es un fenómeno que tiene su origen en múltiples factores económicos y sociales, por lo que, para superarlo, no basta con que la población afectada salga a protestar.

Por el contrario, si esa protesta es de forma violenta, como la que se registró la semana pasada en la provincia de Colón, lo más seguro es que terminará por agravar el problema.

Las cifras emanadas del último Estudio del Mercado Laboral (EML), preparado por el Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República (Inec), indican que si bien a nivel nacional la desocupación se elevó en 2019 a 7.1%, la tasa de desempleo en la provincia de Colón es la más alta del país, alcanzado un 12.1%.

Por supuesto, no faltará quien se pregunte cómo una provincia que cuenta con el emporio comercial más importante del país y uno de los más importantes de la región, la Zona Libre de Colón (ZLC), con el complejo portuario más importante de América Latina en el Atlántico, conformado por los puertos de Cristobal (Hutchinson Ports PPC), Colon Container Terminal (Evergreen) y Manzanillo International Terminal (MIT), con la primera planta de generación a base de Gas Natural Licuado (GNL) de Centroamérica, AES Colón, y en donde se adelantan proyectos de inversión, exhibe tan altos niveles de desempleo.

Lo primero que hay que decir que en gran medida la falta de empleo en Colón es producto de la crisis económica y social que ha afectado a esa provincia en los últimos 50 años y la aplicación de políticas clientelistas para mitigar la situación, que se ha visto agravada en la última década por la crisis que afecta a la ZLC, tras la pérdida de sus principales clientes regionales, Colombia y Venezuela, y los cambios en los patrones de comercio mundial que obligan a realizar ajustes en el modelo de negocios de esa zona franca.

Hablamos de programas como las mal llamadas “becas” otorgadas a los desempleados de Colón antes, durante y después de la Administración del desaparecido expresidente de la República, Guillermo Endara Galimany, a través del entonces llamado Fondo de Emergencia Social (FES), que convirtieron a muchos coloneses en dependientes y víctimas del clientelismo político.

Algo que fue llevado por el Gobierno Nacional durante el periodo 2014-2019 al absurdo al establecer un programa de “becas” para jóvenes pandilleros, bajo la presunción que su inclinación a vivir al margen de la Ley era generada por la falta de recursos para satisfacer sus necesidades básicas, desconociendo así otros factores que llevan a las personas a delinquir.

El segundo factor que debemos tomar en cuenta es la falta de formación del recurso humano colonense, el cual no cuenta con las herramientas necesarias para insertarse en el mercado laboral. Los altos niveles de deserción escolar y de embarazos precoces que se registran en Colón impiden que muchos jóvenes culminen exitosamente sus estudios de pre media y media, lo que a su vez frena el desarrollo de las habilidades y conocimiento básicos para trabajar; y no hablamos sólo de elementos como pensamiento crítico, trabajo en equipo, realizar operaciones matemáticas básicas y comprender lo que leen, sino también de cosas tan básicas como cumplir el horario de trabajo, respetar a sus compañeros y seguir instrucciones.

Todo esto explica, en gran medida, porque un gran número de empresas que operan en esa provincia y en la ZLC se contrata mano de obra procedente de las provincias de Panamá y Panamá Oeste, asumiendo el costo de su traslado diario y el pago de otros beneficios, en lugar de contratar trabajadores locales, que seguramente implicaría una reducción de sus costos operativos.

Un tercer elemento que hay que tomar en cuenta en este análisis es la demora en el desarrollo del programa de renovación de la Ciudad de Colón cuya ejecución se inició en la Administración anterior y que todavía no ha culminado, generando una crisis de movilidad urbana que se tradujo en una merma en el comercio interno, que llevó a muchas empresas al borde de la quiebra.

Ahora bien, nada de esto se soluciona cerrando calles y quemando llantas. Muy por el contrario, cada vez que la Ciudad de Colón se ve afectada por protestas violentas, y por los saqueos que subsecuentemente protagonizan bandas delincuenciales contra el comercio local aprovechando el caos reinante, se aleja más y más la inversión privada de esa provincia y con ello las posibilidades de generar los empleos que los propios manifestantes dicen exigir.

Estas protestas impactan, especialmente las operaciones de la ZLC y el complejo portuario , afectando la negativamente la imagen de Panamá como hub logístico regional, llevando retrasos en el manejo de la carga de trasbordo y la reexportación de mercancías y generando incertidumbre, lo que en varias ocasiones ha llevado a las empresas navieras y a los dueños de la carga a optar por realizar sus operaciones logísticas en otros puertos del Caribe como Cartagena, Bahamas o Jamaica.

También afectan la llegada y movilización de los turistas que arriban a través del puerto de cruceros Colon 2,000 o que viajan desde la ciudad de Panamá para hacer compras al detal en la propia ZLC, viajeros que en su mayoría proceden de Cuba, Venezuela, Costa Rica, Nicaragua y Trinidad y Tobago.

Como hemos dicho antes, las protestas violentas que se registran en la Ciudad de Colón cada cierto tiempo son, para sus protagonistas, igual a dispararse en un pie, ya que, en lugar de resolver el problema del desempleo, sin duda alguna terminarán por agravarlo.

Lo que se requiere establecer urgentemente en Colón son dos cosas: Un programa para que los jóvenes que han desertado del sistema educativo vuelvan a las escuelas y reciban la formación necesaria para cursar posteriormente estudios superiores, ya se a nivel técnico, de licenciatura o ingeniería, y un programa masivo de capacitación para el trabajo liderado por el Instituto Nacional de Desarrollo Humano (Inadeh), que le permita a los coloneses que hoy están desempleados incorporarse con éxito en el mercado laboral, dentro y fuera de su provincia.

Pero para que estas o cualquier otra iniciativa destinada a facilitar a los colonenses su incorporación al mercado laboral tengan éxito, también se va a requerir que quienes residen en esa provincia comprendan que la solución de sus problemas pasa por el estudio, el trabajo duro y la productividad, algo que ellos saben muy bien, ya que Colón es una provincia llena de gente buena, honesta y trabajadora, que ha dado al país hijos exitosos en todos los ámbitos del qué hacer humano, incluyendo a músicos, deportistas, empresarios, comunicadores sociales, políticos, médicos, abogados, contadores, economistas y productores agropecuarios.

Es cierto que Colón requiere de mayor atención que la que se le ha prestado históricamente, en función a su aporte a la economía del país, pero también hay que tener claro que sin una juventud con ganas de superarse y progresar cualquier inversión que realice el Estado se perderá en el tiempo, lo que implica que más que protestar los coloneses deben presentar a las autoridades un plan de desarrollo económico, humano y social destinado a sacar a la provincia de la situación en que se encuentra y convertir nuevamente a su ciudad en la “tacita de oro” que alguna vez fue.

Editorial
Edición 969
Del 13 al 19 de enero de 2020

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