Las recomendaciones que surgen son austeridad y eficiencia

Las recomendaciones que surgen son austeridad y eficiencia

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En estos días, diversas propuestas, iniciativas y sugerencias se vienen dando en nuestro ambiente para encarar lo que es una problemática nacional cada vez más compleja y desafiante. Está visto y comprobado hasta la saciedad en los hechos que las formas de proceder tradicionales ya dieron totalmente de sí, y por eso la reiteración obstinada de las mismas lo que hace es reproducir y multiplicar los problemas, en un círculo vicioso que se vuelve cada vez más inmanejable. Para empezar, queda en evidencia creciente que el Gobierno no puede hacer nada verdaderamente significativo por su sola cuenta y que las concepciones ideologizadas son recetas seguras para la inoperancia. Hay que pasar de la política de sesgo a la política de enfoque, y ello requiere activar la alta política, en función de país.

El Gobierno, asediado día tras día por la gravedad y la beligerancia de los problemas que están sobre el terreno de la realidad, acaba de plantear públicamente su intención de hacer ajustes en el gasto que podrían implicar unos $200 millones en el año; y de inmediato ha presentado su Plan Quinquenal de Desarrollo 2014-2019, denominado El Salvador productivo, educado y seguro. Según lo expuesto en la presentación, se trata de crear empleo con crecimiento sostenido, educación con inclusión y equidad social, y seguridad ciudadana. Los propósitos son atendibles, y lo que se espera es que la programación se haga efectiva y que el plano operativo funcione de veras. Según se ha anunciado, este Plan servirá de base al Sistema Nacional de Planificación, que tendría que activar constantemente los esfuerzos de solución.

Esto se da paralelamente con las recomendaciones que acaba de dar a conocer el Fondo Monetario Internacional (FMI), luego de una visita de rutina al país. Dichas recomendaciones se plantean sobre la base de lo previsible, dadas las condiciones imperantes: ajuste en el gasto, disciplina fiscal, mejoramiento de los ingresos y redimensionamiento del complicado tema de pensiones. Nada de lo que ahora se dice es nuevo. En realidad, lo que ha faltado hasta la fecha es un programa de funcionamiento realista en el quehacer público, que logre empalmar con una indispensable dinamización de la actividad privada productiva y competitiva.

La política gubernamental tendría que ser el motor de arranque de una dinámica verdaderamente funcional en el país. La traba de inicio consiste en que los gobiernos de turno privilegian su propia imagen coyuntural y pasajera sobre lo que debe ser un eficiente servicio al bien común. Habría que desbloquear el proceso de modernización nacional, dejando de lado todo prejuicio ideológico y toda retranca de interés partidario. Los problemas no resueltos tienen a la sociedad con el agua al cuello, y en tanto eso no se atienda con la responsabilidad que se requiere, no saldremos de los pantanos que ahora mismo prevalecen.

La coyuntura del momento es más que propicia para definir y activar balances saludables en todos los órdenes de la vida nacional. El Plan presentado por el Gobierno, que aspira a ser de largo alcance, tendría que ponderarse a la luz de las necesidades y las aspiraciones de la población, sin perder pie en el terreno de la realidad tal cual es. Ni el país ni los salvadoreños podernos seguir dándonos el falso lujo de dejar pasar más tiempo sin hacer lo que se debe sobre todo en aquellos puntos más cruciales como la seguridad y el desarrollo. 

Editorial del diario La Prensa Gráfica de San Salvador, El Salvador, del jueves 15 de enero de 2014.

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