Las teorías de Alberto y la mía

Las teorías de Alberto y la mía

Jaime Porcell

Investigador de Mercado

Quien no exhiba inclinación a candilejas, a la erótica de cámaras y micrófonos, no persiste luego de ser derrotado en las primarias de su partido panameñista en 1998 y 2008, y una vez en las elecciones 99. Tampoco soportaría los avatares de esta riesgosa profesión nuestra de investigador-escritor, y no exagero,  con saldos de cárcel, exilio, persecuciones, y la infaltable tranza.

A mis 61, substituyo el goce de entregar lecciones de vida a esos dictadorzuelos  llamados nietos, por el ver mi nombre en letra impresa. Vuelco en estas letras periódicas lo aprendido aquí, allá y acullá. Reservo, eso sí, confidencias específicas que debo guardar. Lo que sé, mucho o poco,  lo consigo de investigar y estudiar a otros homólogos que escriben. A veces, tengo hasta cliente.

La sostenibilidad de una carrera política tiene que ver con el ajuste personalizado y coyuntural, de una combinación inexacta de experiencia e  intuición, aderezada con mucho de ciencia inacabada.

Alberto Vallarino desenreda el largo ovillo del enfrentamiento entre una vocación mesiánica y egocéntrica de candidato de casta, que colisiona con aquella humildad que entregaron los hermanos lasallistas. No encuentro mejor manera de exponer el tanatos fatal que impulsa a éste a seguir y seguir.

Observo en él una intensa vocación escénica que lo hace persistir en la empedrada política,  y  que no  impulsa hasta la obsesión a dejar el cuero en cada interpretación.

Alberto, ese su nombre artístico,  llega a la cantadera y reta al más grande. Escoge adversarios del tamaño de la presidenta Moscoso, y de los entonces candidatos Martín Torrijos, Juan Carlos Varela, y del mismísimo Ricardo Martinelli.  Termina derrotado, mas, nunca vencido.

Un político que no cree en si mismo, no merece siquiera una leyenda negra.  Desde hace cinco lustros, le endosaron una especie de mito maquiavélico que conectó con aquel apellido Vallarino de rancio abolengo. Mi cuento preferido narra, como el presidente de Banistmo  largaba del ascensor al subalterno que osara subir  junto a él.

Adversarios mireyistas copartidarios  del 98, propusieron una obra maestra en miniatura, amalgama de verdad con trapo sucio, empacada en  un discurso altamente verosímil: la altivez del candidato. Con su dosis exacta de apariencia, prendió cual broche en la creencia populachera. Excitó la aparición perdurable de calificativos en la mente ciudadana. Soberbio, envanecido, y el más terrible, millonario engreído.

Aquel 98, Mireya, la voz del pueblo posicionó a la candidata como la otra cara del engreído. Fungió  cual aldabonazo que sella el triunfo en primarias de la señora, mismo que mis encuestas entre arnulfistas presagiaban.

Distancias guardadas, tampoco el camino de este investigador ha sido de rosas. En las últimas elecciones 2009-por primera vez lo comento- a diferencia de otros suplidores, mi empresa sí canceló de propio pecunio a todo  quien nos suplió servicios en el proyecto de xito Panamá, independientes por Balbina. Terminé con una cuenta por cobrar de seis cifras. Esa voluntad de  cumplir-evitó un escándalo a la candidata, a xito Panamá y al PRD –  mantiene comprometidas dos cosas, mis finanzas y psique.

Como terapia, escribí un libro De Ricardito a PRESIDENTE.  Critiqué, y aunque agradezco la mía, nunca existió pretensión de merecer leyenda negra alguna.  Endosaron lo de salamero porque reseñé la campaña de quien triunfó con el 60%, tercer margen más amplio en cien años. O de hipercrítico, cuando advertí el estilo presidencial que nos esperaba. Me hubiese distinguido que el personaje central tirara siquiera un vainazo. Prefirió no darse por aludido.

Alberto parece dispuesto a merecer algo más que las derrotas que tres veces  advertí. Desenreda su ovillo coyuntural de dejar el ministerio para apostar a Varela 2014, y propia candidatura 2019. O bien, asumir el atajo empedrado de echar los dados a correr  junto al presidente Martinelli, para tomar distancia de Juan Carlos.  Apenas termino sesiones focales para entender el FODA de cada escenario. Adelanto primicias. Como de costumbre, camina cuesta arriba con el electorado.

Más informaciones

Comente la noticia