Latinoamérica y el Caribe: ¿Fin de la prosperidad?

(FILE) A combine harvester pours cropped

Luego de un periodo de relativa estabilidad  y crecimiento económico, que se gestó inclusive en medio de una crisis financiera internacional, de acuerdo con proyecciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el próximo quinquenio la región registrará un lento crecimiento.

Esta lenta recuperación en parte es resultado del modesto desempeño de la economía global, luego de la crisis que experimentaron los mercados financieros globales en el 2008 y la Unión Europea (UE) en el 2010. 

Por ejemplo, se viene proyectando por un lado una recuperación económica para los Estados Unidos (EE.UU.) este año del orden del  3,5%. Sin embargo, persisten a la vez grandes disimilitudes en cuanto a las tasas crecimiento en otras regiones. Por ejemplo, se estima que Europa solo va a crecer 3% en términos reales y el Sur Este de Asia 5,5%, en tanto que China, una de las economías más grande y de mayor crecimiento del mundo, solo se expandirá un 7%.

Esta dinámica global, entre otros factores, provoca una caída de los precios de las materias primas, lo cual afecta, por supuesto, a diversos países de la región de América Latina y el Caribe cuyas economías se fundamentan en las exportaciones de minerales, petróleo, cobre y otros productos primarios. Es decir, sí bien la caída en los precios del crudo contribuyen en general a estimular la recuperación económica,  dicha baja también ocurre de forma paralela a una caída general en los precios de las materias prima. 

Evidentemente esto supone para Panamá grandes desafíos en vista de que nuestro país, por su naturaleza económica, mantiene exportaciones de servicio hacia toda la región. En tal sentido esta caída de las materias primas, y la lentitud económica, puede afectar a sectores como Zona Libre de Colón (ZLC), el tránsito de barcos, los puertos y otras actividades conexas a la actividad canalera. 

Por otra parte, a pesar de la lentitud de la economía norteamericana, es probable que a finales de este año la Reserva Federal de EE.UU. (FED, por sus siglas en inglés) aumente las tasas de interés, lo cual tendría un doble efecto: Una mayor inestabilidad cambiaria en la región y por otra parte un aumento en concepto de servicio de la deuda de estos países, todo lo cual evidentemente afecta aún más su potencial crecimiento.

En el caso específico de Panamá, en virtud de su estructura económica, que funciona sobre la base del dólar como moneda de curso legal, el riesgo cambiario es casi inexistente. Esto aunado a la solidez de su centro bancario internacional causaría, afortunadamente, que la economía local registre probablemente una mayor afluencia de capitales. 

De allí que, a pesar de todo, los prospectos de Panamá sean relativamente favorables; de hecho, se proyecta oficialmente un crecimiento promedio superior al 6% del Producto Interno Bruto (PIB) en términos reales en el venidero quinquenio.

Sin embargo, en balance, igual que en el caso de Latinoamérica y el Caribe, Panamá enfrenta un formidable desafío; y es que para continuar creciendo y hacerlo de forma sostenible debe inexorablemente profundizar ciertas reformas que mejoren su productividad y su competitividad. 

Lo anterior evidentemente pasa también por la necesidad de continuar mejorando la solidez de su estado de derecho e institucionalidad. Solamente mediante estas condiciones se garantizará la posibilidad que Panamá sobreviva exitosamente a los desafíos que presenta la economía global en el actual contexto y sentar las bases para un desarrollo integral y equitativo a largo plazo.     

Ninotshka Tam
Analista del Centro Nacional de Competitividad

Más informaciones

Comente la noticia