Leve queme

Leve queme

Jaime Porcell

Investigador

de Mercados

 

Belisario Porras, Alcibíades Arosemena, Mireya Moscoso o Martín Torrijos, presidentes  azuerenses, ninguno manifestó tal capacidad de apelar al humor como arma política. Martinelli, esta última crisis del órgano legislativo, la satiriza como leve queme. La oposición: ruma de tipos que no sirven ni pa´ sacar un chivo a mear.  Qué concluir de quien pareciera empeñado en escribir su diccionario folclórico político mientras gobierna.

Panameñismo y CD prefieren los usuales calificativos cargados de revancha: Circo con bufón incluido, batahola, incumplimiento, traición,  vendidos, mentirosos, chantaje. Tampoco tardará el aporte de un PRD en guerra interna: manipulador, traidor, ficha de Martinelli, etc.

La exposición a mensajes contradictorios impele en el ciudadano estados de profunda confusión. Un electorado ávido de orientación – también de morbo-  dispara la lecturabilidad de los medios noticiosos. Mas, no resulta raro que los periodistas absorban el desasosiego  del ambiente. Así, salen detrás, micrófono en mano, a la persecución de la bancada  panameñista cuando abandona el hemiciclo. Y a los pocos minutos, corren de vuelta. 

El temor a perder la primicia hace escorar en un espectáculo risible tipo periodismo  de la desesperación. ste profundiza el desconcierto del lector, mientras hace posponer una función orientadora más reposada,  pero,  tan afín a estas coyunturas oscuras.

Presidente y vice lucen turbados y lejos de ensayar una explicación coherente que encamine a seguidores y ciudadanía. ¿El presidente? afligido por la bufonada y chiquishow, pedía disculpas. Sube la temperatura cuando reitera a quienes quieran hacer política, dejar los cargos. Juan Carlos Varela, por segunda ocasión en un mes, sólo atina a pedir disculpas por: Un espectáculo innecesario para la población.

Los cabezas-calientes de Cambio Democrático liderados por este político insigne, Sergio Cheyo Gálvez, exigían expulsar a los socios menores panameñistas. Un precavido diputado Popi Varela prefiere no echar leña y hablar de Alianza bien fracturada.

El líder de la sublevación panameñista, el diputado José Isabel Blandón entiende el nombre del juego. Dispara en prensa, radio y televisión: La pelea no es por la presidencia de la Asamblea, sino por nuestra decisión de negarnos al chantaje.

Otra cita textual,  es un pase de factura por no haber apoyado la segunda vuelta, de la memorable y hermosa presentación nacional de Blandón a la candidatura de Vásquez. Su voz omnipresente en medios incapaces de recurrir a otra fuente corría riesgo de saturar. Mas, con su guía contundente su imagen traspasó los linderos de su partido, para alcanzar un público nacional ávido de orientación.

Si el modelo democrático anima al opositor a generar fisuras al poder, el PRD botó por lo menos dos oportunidades. Si con  sus 17 votos hacía presidente a Vázquez colocaba a la Alianza en una situación, por decir lo menos,  desesperada. Si con su ausencia del hemiciclo los 17 evitaban el quórum para  coartar la elección de la Junta Directiva de la Asamblea, ardía Troya.

La facción opositora prefirió abrir  paso a sospechas que indujeron titulares tipo Acuerdo CD-PRD en la Asamblea. Bancada y directivos de aquél partido de nuevo cuño que soñara Omar intercambian insultos. Así, el brillante yo acuso opositor que desgranó el diputado  Leandro Ávila, cuando presenta al candidato el novato Renault, resultó despreciado por propios copartidarios alzados.

El auditorio terminó  entreverado en dos versiones antagónicas, la panameñista de chantaje, versus el leve queme. Al detonar su propia insultadera, el PRD no logra diferencia en la coyuntura. Demuestra que todos los partidos requieren refundación.

Los independientes Genaro y Tapia, ante insultos y chiquishow, frótanse las manos.

Para quienes  preferimos, aunque  precaria, la gobernabilidad que ofrece la frágil sostenibilidad CD-panameñismo, aquella alianza fracturada destiñe cualquier asunción de triunfo.

Pasada la tormenta, Cambio Democrático y Ricardo Martinelli contabilizan hoy una presidencia de la Asamblea, añada al balance, una bancada  PRD cuestionada en la opinión y separada de su dirigencia. Y con un socio menor panameñista, atrapado en el dilema de terminar quemado seriamente por uno a quien  encumbraron, o abandonar un poder que amamanta, mientras incinera.

 

 

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