¡Libertad, libertad!

¡Libertad, libertad!

Jaime Porcell

Investigador de Mercados

La Villa de Los Santos,  9 de noviembre. Juancho, el candidato – no conozco microcosmos más politizado –  reúne una pléyade variopinta. No pide voto. Intenta apenas merecer consideración en su intención de ser electo.

Temprano tomo posición. Unos 40 invitados van llegando en tono sigiloso. Se trata de un opositor. PRD, por supuesto, sólo aquél acostumbra mover temprano fichas. 

l, recién acicalado, vestido de camisa blanca de hilo y jeans,   reloj y zapatos de marca, que añadían toque de distinción. Arriba bastante puntual y en 4×4.

ste nunca pretendió una identificación de esas que simulan igualar orador y auditorio. No calzó cutarras o botas, ni sombrero pinta´o. Tampoco ocultó el Rolex.  Escogió un look  casual, pero,  elegante. Tampoco apeó de cabalgadura o bebió a pico de botella. No hubiera quedado.

Rompe el hielo, saluda con efusividad. Uno del equipo de campaña aspira un fragante Cohiba cubano. Ante el agobiante calor, otro del team aparece unas seis botellas de agua. El dueño de casa ofrece  una copa. El candidato agradece y vierte el líquido.

Instalan en la mesa principal  al aspirante, al del tabaco, y otro de los acompañantes quien  introduce al ponente. Con coherencia, este último hilvana un discurso  crítico al gobierno, y esperanzador en 2014, PRD  repite Lo vocaliza en tono convincente.

En el intercambio,  un participante cuestiona la idea  de la predestinación del triunfo. Aduce que el péndulo de la alternabilidad nunca favorecerá a un  partido agobiado por la desunión y baja organización. El orador responde con elocuencia apabullante en el debate. Se despide y deja una estela de triunfo seguro.

Yo, sempiterno aficionado de oradores que repican, y electores que bailan, permanezco y escucho.

Las mujeres comentan  la puntualidad, cosa rara en un aspirante. El  detalle de la camisa no pasa desapercibido, tampoco su buen físico y caballerosidad natural. Mas, el tabaco del amigote genera una desazón que endosan a  él. Los hombres, el no brindar agua a participantes y el tufillo aristocrático de la copa.

En resumen, 39 asistieron para reparar en camisa, tabaco y copa. Sólo un pueblerino quien sí reflexiona, cruza espadas con un candidato blanquito parapetado tras la mesa principal.

En el discurso de todo PRD existe un camino obligado: apelar a una combinación de crítica a este gobierno y optimismo 2014. El texto, que tanto esfuerzo sustrae de todo el equipo, no distingue a un aspirante de otro. Entonces, el papel central de generar una emoción que diferencie corresponde es a un contexto.

El contexto de la copa aceptada y el  agua sólo para algunos,  revivió la vigencia del símil ancestral: ustedes los españoles, y nosotros, criollos de Rufina.

Todo villano resuma la heroicidad de un pueblo que gritó ¡libertad, libertad! Así erigen una particular y atípica tendencia  igualadora. Tuteadores por excelencia,  gustan poner motes sin distingos. Actúan de forma horizontal en sus relaciones sociales y reaccionan ofendidos con quien amague distancia respetuosa.

Sólo el igualado que rebatió aquella alternabilidad  2014 caída del cielo menciona algo del texto. Mas, nunca gira hacia el sentido diferenciador del discurso: yo Juancho el desconocido, pretendo sólo  ser considerado- Tan atinada sugerencia mereció mejor final que terminar  pisoteada por los cascos de un mensaje clasista subliminal.

Noviembre, mes de discursos y expertos textuales. Rara vez, mejor, nunca forma parte del equipo un profesional capacitado en entender vocalización, entonación, menos gestualidad, a través de  la clave social en que incide. Tampoco alguien repara en la cosmogonía de esa galaxia, la vestimenta.

Todos celebran. El equipo apela al brillo enceguecedor de fuegos que explotan fugaces, para mimetizar una modesta capacidad de separar paja de oro.

Juancho, el candidato, protejo su intimidad,  fortaleció mi convicción. La frondosa teoría política de los maestros gringos y europeos aplica como inacabada. Necesita de la sonoridad panameña, hacerla pasar  a través de las Rufina Alfaro, y del repique de este pariteño discutidor.  ¡Libertad, libertad!

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