Lo bueno, lo malo y lo feo de la Cumbre

Plenaria

No cabe dudas de que la realización en Panamá de la Cumbre de las Américas ha representado para el país una gran oportunidad para presentarse ante las 35 naciones del continente, y ante el resto del mundo, como un país pujante, con una economía en franco crecimiento, con una plataforma  logística y un sistema financiero que ofrecen amplias oportunidades para el desarrollo de inversión, para el desarrollo de todo tipo de negocios orientados tanto a su mercado interno como a los más diversos mercado internacionales.

La llegada de los líderes del sector privado de la región al Foro Empresarial que formó parte de los eventos oficiales que se verificaron durante la celebración de esta Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno para discutir los problemas que enfrentan las economías de la región y presentar propuestas para mejorar el clima de negocios en la región, sin duda generará a corto o mediano plazo un nuevo flujo de capitales foráneos a nuestra economía.

Sin embargo, no todo lo ocurrido durante la VII Cumbre de las Américas fue positivo. Un ejemplo de algo que no salió bien durante la celebración del evento fue la falta de un manejo adecuado de las acreditaciones, pues mientras decenas de periodistas nacionales e internacionales no pudieron acreditarse para su cobertura y los periodistas asignados al Centro de Convenciones Atlapa fueron sometidos a revisiones extremas de seguridad, cientos de personas que no tienen ninguna representación, ni pertenecían a ninguna delegación nacional, fueron acreditadas para participar en algunos de los eventos paralelos como el Foro de Juventudes o el Foro de la Sociedad Civil.

Otro ejemplo de situaciones que no debieron darse fue el incumplimiento de los organismos de seguridad en entregar a los habitantes y trabajadores de las zonas circundantes al Centro de Convenciones Atlapa, sede de la plenaria presidencial, de las acreditaciones correspondientes para facilitarles el acceso a sus viviendas o puestos de trabajo.

El problema es que este fenómeno dio paso a lo más feo de la Cumbre, que fue el enfrentamiento a golpes entre delegados de la llamada disidencia cubana y los denominados grupos de la verdadera sociedad civil cubana.

En lo personal, creo que el Gobierno de Panamá y en particular la Cancillería a cargo de la vicepresidenta, Isabel de Saint Malo, hizo un gran trabajo en  la organización de la Cumbre, sin embargo, no fue lo suficientemente previsora.

Mi difunto abuelo paterno Andrés Cigarruista Peralta siempre decía que uno sabe cómo comienza un conflicto, pero no cómo puede terminar. Y yo me pregunto: ¿Por qué las autoridades panameñas permitieron que un grupo de disidentes cubanos se apersonaran a realizar un acto político frente a la Embajada de Cuba? ¿Acaso no sabían que este hecho sería considerado por la delegación cubana a la Cumbre de Las Américas y sus representantes diplomáticos como una provocación y que por lo tanto podría terminar en una confrontación?

Afortunadamente esa confrontación se limitó a los golpes, algo que con lo que no puedo estar de acuerdo y que a mi juicio jamás debió darse, convirtiéndose en un bochorno para nuestro país. Pero creo que para próximos eventos de esta magnitud, en los que participe Cuba o cualquier otro país que presenten algún conflicto internacional, no debemos olvidar que cuando usted invita a alguien a su casa está en la obligación no solo de atenderle adecuadamente, sino también de garantizar su seguridad.   

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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