Los casos se acumulan

Los casos  se acumulan

Manuel Luna G.

mluna@capital.com.pa

Capital

El país vive en un hervidero político, las denuncias de supuestos casos de corrupción,  abuso de autoridad y tráfico de influencia se han convertido en algo cotidiano. Y esto pone de manifiesto que la falta de valores, al parecer, es un mal generalizado en el país y no un solo es un problema que se origina en los hogares desintegrados, como señalan algunos sociólogos.

Se trata de un tema preocupante, pero más preocupante aún es que no se investigue y que los implicados en todos estos casos no sean condenados, pero tampoco declarados inocentes, lo que hace que la lista de señalados en estas actividades siga creciendo.

En Panamá, al parecer, la justicia sólo alcanza a los más humildes, a los que no tienen relación con el poder y a los que no se cambian de partido.

Tal como señaló el escritor uruguayo Eduardo Galeano, la justicia es como las serpientes, sólo muerde a los descalzos, y en nuestro país esta premisa se cumple tal cual.

Los órganos de justicia no están dando la talla, desentonan con el vertiginoso crecimiento que registra el país, y son tan ineficientes e inoperantes como los Diablos Rojos, sólo que estos últimos  están en vía de extinción, pero los magistrados y procuradores siguen siendo seleccionados entre los amigos del presidente de turno y no entre los juristas más destacados y respetados del país.

Para muchos panameños es difícil creer que la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) haya adjudicado más de $4.000 millones en licitaciones públicas, sin que se  haya registrado alguna denuncia pública por actos de corrupción o por irregularidades en la adjudicación de las obras.

Los licitantes han presentado propuestas, en su mayoría, por debajo del precio presupuestado. Algo que no ocurre en el sector público, donde las propuestas suelen estar por encima del precio de referencia.

La percepción generalizada es que la justicia no funciona, o al menos es cada vez más selectiva.

Sería prudente que los políticos recordaran a Jean Jacques Rousseau, cuando dijo que el gobierno tuvo su origen en el propósito de encontrar una forma de asociación que defienda y proteja a la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos.

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