Los ceniceros están de vuelta

cigarrillo-tabaco

Hace algunas semanas un grupo de compañeros decidimos acudir a un restaurante para ver el partido de Panamá y Argentina en el Mundial Sub 20 de Nueva Zelanda. Tenía varios años que este tipo de eventos los disfrutaba en la tranquilidad de mi hogar o en casa de alguno de mis mejores amigos.

La verdad es que el resultado fue impresionante, toda vez que concluyó 2 a 2. Un resultado nada despreciable para Panamá si se toma en cuenta que Argentina era el gran favorito de este torneo, pues es el país que lo ha ganado en mayor número de ocasiones.

No obstante, eso no fue lo único que me impresionó ese día, toda vez que pude constatar que algo que había observado en otros restaurantes, un gran número de personas (la mayoría jóvenes) que fumaban alegremente a pesar de la existencia de una Ley que prohíbe fumar en lugares públicos.

De hecho, cuando le reclamé a uno de los fumadores para que dejara de contaminar el ambiente con el humo de segunda mano su primera reacción fue señalar que en ese lugar, por estar al aire libre se permitía fumar libremente, advirtiendo seguidamente que si el gerente del lugar le informaba que estaba prohibido fumar dejaría de hacerlos, de menos no. Minutos después, el señor amablemente accedió a mi solicitud y aclaro que a pesar de ser abogado desconocía si en lugares abiertos se puede o no fumar porque, a su juicio, esta ley es bastante ambigua y difícil de aplicar.

Fue un incidente sin importancia, pero me hizo reflexionar una vez más sobre las normas destinadas a proteger a los no fumadores de la irresponsabilidad de quienes están atrapados por el tabaquismo y es que Panamá es considerado como un ejemplo a nivel global, debido a los altos impuestos establecidos para tratar de frenar el consumo de cigarrillos. De hecho, se estima que solo el 6,1% de la población fuma. Sin embargo, la realidad me hace dudar tanto de esa cifra como de la efectividad de la norma. Cada vez son más los restaurantes en los que usted puede encontrar ceniceros en la mesa, señal inequívoca de que en ese local se permite fumar libremente. Esto ocurre en Vía Argentina, Vía España, el área de Calle Uruguay y en el sector de San Francisco y nadie, ni siquiera el Ministerio de Salud toma cartas en este asunto.

La realidad es que según los estudios de la industria tabacalera los altos impuestos han entregado el mercado de cigarrillos al producto de contrabando, pues de cada 100 cigarros que se consumen en el país 75 son de contrabando. Se trata de productos que no pagan impuestos y que no cumplen con las normas que regulan la venta de este tipo de productos, por lo que son significativamente más baratos que los cigarros que se comercializan legalmente.

Pero yo me pregunto, para qué tener normas draconianas contra la comercialización de cigarrillos si al final los fumadores pueden poner en peligro la vida del resto de los ciudadanos al lanzar al ambiente el humo de segunda mano en cualquier restaurante.

De hecho, esto me recordó el absurdo que son todas las normas que se han aprobado para tratar de sancionar ejemplarmente a los ciudadanos que conducen en estado de embriaguez. Por ejemplo, hace casi un año un ebrio me colisionó, la policía le retiró su auto y la licencia, pero el juez de tránsito le aplicó una multa inexistente, solo $100, y me declaró a mí culpable de la colisión argumentando que aunque él estaba ebrio conducía por su carril.

La lógica es que se puede estar ebrio y conducir, siempre que se haga por el carril correcto. En el caso de los ceniceros la lógica es similar, se puede fumar en lugares públicos y afectar a terceros, siempre que se esté en un área abierta.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias

Patrocinado por BANCO GENERAL