Los créditos fiscales como estrategia para atraer inversión al sector turístico panameño

Los créditos fiscales como estrategia para atraer inversión al sector turístico panameño

Bastante suspicacia se generó hace unos meses con el anuncio de un programa de incentivos fiscales para la colocación de varios millones de dólares a través de la Bolsa de Valores de Panamá (BVP) para financiar múltiples proyectos turísticos en el interior del istmo panameño.

Lo que debería ser una gran noticia –nueva inversión para una industria que contribuye cerca del 12% al Producto Interno Bruto (PIB) y segundo rubro de nuestra economía después del Canal que venía sufriendo como uno de los sectores más afectados a nivel mundial por el coronavirus (COVID-19) – para muchos no sólo no es buena noticia, sino que levanta suspicacias.

Como siempre he sido de tomar decisiones en base a cifras, y con mis más de 20 años de experiencia en la industria, me puse a analizar cómo funcionan esos créditos fiscales para evaluar si cabe la suspicacia o si esta estrategia efectivamente puede atraer inversión al sector turismo.

La Ley 122 de 2019 fue creada para incentivar el desarrollo del turismo en el interior del país, estimulando a inversionistas a invertir con la promesa de recibir futuros créditos fiscales. La Ley establece que sólo se podrá aplicar el crédito fiscal a partir del tercer año de hecha la inversión en turismo y en adelante anualmente sólo por el 15% del monto total invertido, hasta agotar el crédito, en el noveno año.

¿Y esto qué significa? Pues…que las empresas turísticas del interior del país podrán desarrollar nuevos proyectos con recursos de inversionistas (en su mayoría nuevo capital llegado al país) que pueden usar el crédito fiscal como mecanismo de financiamiento.  Y es aquí cuando la gran mayoría de lectores pensará ¡qué coraje, menos recaudo para el país!… bueno, sigamos analizando porque la cosa no es así.

De arrancada, los incentivos fiscales los utilizan todas las economías del mundo… no solo Panamá. En Panamá hay bastantes ejemplos como los ofrecidos para que empresas multinacionales y agencias de cooperación internacional se radiquen en nuestro país. Sin estos estímulos, en Panamá no estarían ni Dell ni Procter & Gamble ni Mastercard ni el Fondo de Naciones Unidas para el Desarrollo ( Pnud), ni el Banco Mundial. Estarían donde sí se los dan como Costa Rica, por ejemplo, ¿o es que alguien cree que Intel está allá por el café tico?

Hay que reconocer que estas empresas han traído mucho crecimiento a la economía del país, y eso es plata que irriga y circula por la plaza. En el caso del turismo, cada habitación hotelera que se construya generará dos empleos directos y seis indirectos sólo durante la etapa de construcción. Una vez el hotel empiece a operar, cada habitación generará desde 1.5 (hoteles 3-4 estrellas) hasta entre 3 y 5 empleos directos (hoteles 5 estrellas o más).  En vista de los proyectos contemplados, como resultado directo de la Ley 122 se esperan 100,000 nuevos empleos.

México, el Caribe, Costa Rica y Colombia son hoy los destinos principales de la región y cuentan con una oferta hotelera diez veces por encima de la nuestra y con millones de turistas más de diferentes mercados. El turismo sobrepasa en crecimiento y actividad económica a sus industrias tradicionales. Esto es así gracias a los incentivos fiscales que en su momento atrajeron capital y divisas a esos países, ampliando la base impositiva en el presente y el recaudo fiscal a futuro.

Esto también es cierto en Panamá. La oferta hotelera del país de los últimos 20 años se construyó ofreciendo y otorgando incentivos que impulsaron casi 25,000 habitaciones de hotel hasta convertirla en la industria con mayor crecimiento de puestos de trabajo en las últimas dos décadas.

Para ejemplo un botón. ¿Recuerdan cómo eran los 50 kilómetros entre Coronado y Antón? Además de un par de gasolineras, eran pueblos que muy poco se veían desde la carretera. No fue sino hasta la construcción del destino turístico de la Riviera Pacífica, con hoteles pioneros como el Decamerón, Playa Blanca y Sheraton (que dicho sea de paso se construyeron con incentivos), que se desarrolló el área trayendo viviendas, centros comerciales y un aeropuerto internacional. Comunidades enteras se han beneficiado con empleos que resultaron directamente del desarrollo de esos destinos.

Es importante destacar que el desarrollo de la mayoría de la oferta hotelera en el país -casi el 70% del inventario de habitaciones- se construyó en la ciudad capital. Sin embargo, el Plan Maestro de Turismo Sostenible (Pmts) actualizado en 2020, identifica ocho destinos con potencial suficiente para convertirse en productos turísticos internacionales. Ninguno de esos destinos está en la ciudad.

¿Cómo hacer entonces para que esos destinos puedan explotar ese potencial? La respuesta es clara: Hay que desarrollar cada destino con inversión en infraestructura, plazas hoteleras y estrategias comerciales para convertirlos en destinos turísticos de clase mundial.

Si el Pmts identificó los sitios con atractivos, pero sin producto terminado, toca ahora desarrollarlos. Sin inversión -que se atrae generando incentivos como los créditos fiscales- lugares como Taboga, Boquete, Santa Catalina y las islas del Pacífico, seguirán siendo atractivos con gran potencial, pero no serán productos turísticos terminados. Y sin producto, no hay turismo.

La pluma invitada de ElCapitalFinanciero.com es:

Maru Gálvez

Especialista en temas turísticos

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