Los riesgos aumentan en la economía española

Los riesgos aumentan en la economía española

7. Sevilla, España

Los datos conocidos hasta hoy, y los soportes que se prevén para el crecimiento durante los próximos meses, apuntan a que la recuperación continuará y que lo hará a un ritmo alrededor del 2,7% en 2016 y 2017, lo que, de confirmarse, implicará la creación de un millón de puestos de trabajo. En todo caso, estas previsiones pueden verse afectadas por la mayor fortaleza que muestran los distintos indicadores de actividad (sesgos al alza) o por la realización de algunos de los riesgos que ya se han producido o están latentes (sesgos a la baja). Sin embargo, algunos de los vientos de cola, que han apoyado la recuperación, pierden fuerza y ciertos riesgos se han materializado. Esto último, apunta a la posibilidad de que se observe una desaceleración de la actividad durante los próximos trimestres.

De acuerdo con los indicadores de actividad más recientes, en el segundo trimestre de 2016 la economía encadenaría cuatro trimestres consecutivos con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) alrededor del 0,8%, es decir, un ritmo anualizado superior al 3%, lo que pone un sesgo al alza sobre las previsiones. Este crecimiento se explica por el fuerte aumento de la demanda interna, principalmente del consumo de las familias, y a pesar de la moderación que se observa en el crecimiento de ciertas partidas del gasto público o de la inversión. Asimismo, las exportaciones de servicios continúan mostrando un comportamiento excepcional, a diferencia de las de bienes -influenciadas por el deterioro en las perspectivas de crecimiento de algunas economías emergentes-.

Hacia delante, los soportes que han venido apoyando la recuperación se mantienen, aunque algunos pierden fuerza. En particular, a pesar de que los riesgos sobre las perspectivas de la economía mundial se han reducido, la mejora del escenario global es débil y frágil. A esto se suma que el precio del petróleo continuará en niveles significativamente por debajo de lo observado en años anteriores, aunque la tendencia de reducción se ha revertido parcialmente en las últimas semanas. Por otro lado, los tipos de interés de las operaciones de crédito han disminuido considerablemente -y se mantendrán bajos por un período prolongado de tiempo-. En todo caso, tanto la barrera nominal, que supone el 0%, como la rigidez a la baja en las primas soberanas o de financiación al sector privado y los ya muy reducidos márgenes de la banca, impedirán que la reducción del coste financiero continúe al mismo ritmo.

Esta contraposición de sesgos se produce en un entorno donde algunos de los riesgos, que se temían hace algunos meses, se han producido. En particular, el incumplimiento del objetivo de déficit público en 2015 tiene costes. En primer lugar, introduce una innecesaria volatilidad en el crecimiento económico (dada la diferencia en el impulso fiscal que habrá entre 2015 y 2016). En segundo lugar, las medidas discrecionales que se tomaron el año pasado, y que en buena parte explican la desviación, tendrán que ser compensadas de alguna manera en el futuro. Finalmente, la credibilidad es un activo que se pierde rápidamente. De momento, las consecuencias de la desviación sobre el coste de financiación del bono soberano han sido limitadas, gracias en buena parte a la compra de activos por parte del Banco Central Europeo (BCE). Sin embargo, este entorno no durará para siempre, y en una economía tan endeudada como la española será clave contener el coste de financiación para poder así asegurar la continuidad de la recuperación.

Por otro lado, la incertidumbre sobre el futuro de la política económica se mantiene en niveles elevados, aunque hasta el momento los costes parecen limitados. A pesar de que no es evidente un deterioro de la actividad ante la falta de definición de un gobierno en España, esto no quiere decir que el impacto en el PIB no se esté produciendo. En particular, el crecimiento podría haber sido hasta ocho décimas superior (en el acumulado de 2016 y 2017) si no se hubiera producido el aumento de la incertidumbre sobre la política económica que se observó entre enero y abril. Más aún, no hay garantía de que estos efectos negativos no continúen aumentando. Sería recomendable que, para revertir estos efectos, el nuevo gobierno implementara un proceso ambicioso de reformas de la economía con el fin de incrementar el crecimiento potencial.

Miguel Cardoso
Economista Jefe para España
BBVA Research

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