Los viajes presidenciales

Los viajes presidenciales

Alma Solís

asolis@capital.com.pa

Capital

Cuando las campañas electorales están en su mejor momento, una de las principales críticas son los viajes presidenciales; sin embargo, cuando un candidato llega al poder resulta que sus viajes son todos necesarios.

Recuerdo que Ricardo Martinelli criticó a Martin Torrijos por sus constantes salidas del país, que de hecho le ganó el conocido sobrenombre de el muñeco que pasea, que le fue otorgado por el dirigente de los jubilados independientes Eladio González.

Pero Torrijos cuando era candidato había criticado a Mireya Moscoso, en especial por la famosa fiesta en Mónaco. Sin embargo, cada uno de ellos ha superado a sus antecesores.

La asistencia a las cumbres presidenciales es justificada por cada uno de ellos a pesar que anteriormente decían que estas no servían para nada más que asistir a cócteles. Ahora, en el caso de Martinelli, señala que cómo consigue ayuda y se pone de acuerdo con otras naciones si no es a través de estos encuentros.

No considero que los presidentes tengan que quedarse en el país los 365 días del año. Porque puede ser cierto que los viajes son de vital importancia para poder participar en las reuniones bilaterales que se verifican durante las cumbres presidenciales o las que se dan en las visitas oficiales.

Pero lo que no está bien es que no rindan informes de lo que hacen, no solo los presidentes, sino toda la delegación que los acompaña.

Creo que si por cada viaje se presentara un informe de gastos y otro de resultados, esto sería mucho más transparente y así se podría comprender mejor en qué se invirtió cada centavo de los contribuyentes.

El Estado gasta una fuerte cantidad en este tipo de asuntos, pero solo es justificable si se actúa con transparencia, así no importaría que viajen mil veces si es necesario.

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