Macri y la reunión del G-20 en China

Macri y la reunión del G-20 en China

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El presidente Mauricio Macri asistirá en las próximas horas a la reunión del G-20, que tendrá lugar en la ciudad de Hangzhou, en China. Hablamos de una cumbre económica en la que el gobierno chino se esforzará en presentar a su país como lo que es: La segunda potencia económica del mundo. La reunión es particularmente significativa, desde que concurrirá a ella el grupo de líderes mundiales más significativo en toda la historia de China. Quienes se sienten alrededor de la mesa de conversaciones representarán nada menos que al 80% de la economía del mundo y a una parte muy sustancial del comercio internacional.

Para la Argentina, la presencia de Macri supondrá un cambio importante. A diferencia de su antecesora, Cristina Fernández de Kirchner, con frecuencia desairada en las reuniones del G-20 a las que nunca contribuyó sustantivamente con nada, el mandatario argentino seguramente atraerá el interés de muchos que procuran entender el dramático y oportuno cambio de rumbo de nuestro país.

La reunión tendrá lugar en momentos difíciles, en que el proteccionismo y el populismo han vuelto a tentar a algunos líderes políticos del mundo. Lo que está sucediendo recuerda cómo, antes de la crisis mundial de 1930, el mundo se encerró en el proteccionismo, dividido en compartimentos estancos que aceleraron la debacle financiera.

El pujante desarrollo de la economía china ha significado una cada vez más importante presencia de ese país en el concierto internacional. La Argentina no ha estado ajena a la creciente influencia del gigante asiático. En los últimos años capitales chinos han adquirido empresas argentinas en sectores significativos, como el bancario, la comercialización de granos, la minería de hierro, el petróleo y gas, y las industrias electrodoméstica, electrónica y automotriz.

Los acuerdos de ayuda financiera y aporte de tecnología suscriptos entre los gobiernos argentino y chino acompañaron la controvertida base de seguimiento satelital y han sido o se espera que sean utilizados en el desarrollo y la construcción de algunas obras de infraestructura de importancia. Tal es el caso de las cuestionadas represas del río Santa Cruz cuya construcción ya ha sido contratada, el gasoducto de Córdoba y las centrales nucleares cuya iniciación aún no ha sido decidida.

La ayuda china incluyó un swap de monedas que el Banco Central incorporó a las reservas y que permitió al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner llegar al fin de su mandato sin agotarlas. Los convenios de financiación de obras de infraestructura establecen restricciones en las licitaciones que les restan competencia.

Se impone en ellos la participación de empresas chinas tanto en la construcción como en la provisión de insumos industriales. Esta circunstancia ha sido en su momento observada desde esta columna editorial y ha generado voces de protesta de empresas argentinas que se han sentido perjudicadas.

En algunos sectores, el inmenso país asiático padece seriamente de superproducción y está ofreciendo sus productos en condiciones de dumping a lo largo y a lo ancho del mundo. Esto ha obligado a algunos países, como los Estados Unidos, a establecer derechos antidumping contra los productos chinos que van desde el 100% al 270%. Esta circunstancia tiene que ver con la provisión de cañerías para el gasoducto de Córdoba, que además de contar con una cláusula de preferencia deja fuera de competencia a la industria local que ha demostrado su eficiencia y competitividad en emprendimientos locales e internacionales.

La industria local no debería quedar excluida, ya sea por preferencias atadas al financiamiento ni tampoco como consecuencia del dumping chino. En las conversaciones de la delegación argentina con las autoridades de China será necesario ser prudentes y tratar de construir relaciones binacionales que eviten exclusiones y daños a la industria nacional. Si esto se comprende, la provisión de tubos para la construcción de los mencionados gasoductos debería beneficiar a los productores argentinos.

Por lo demás, las relaciones comerciales son bilaterales y no se trata sólo de las oportunidades que genere la República Argentina, sino también de las que pueden aparecer en la propia China, en las que los productores argentinos puedan seriamente participar. Es necesario salir de un esquema en el que sólo exportemos productos agrícolas con bajo valor agregado a cambio de permitir el ingreso de productos industriales chinos en condiciones de dumping que perjudiquen inevitablemente a nuestra industria. Lo esencial es evitar los desequilibrios y buscar acuerdos que no perjudiquen a nuestros productores nacionales. Las enormes diferencias de dimensión económica favorecen claramente a China, lo que es una razón para ser particularmente cuidadosos para evitar los desequilibrios. Las oportunidades están por delante y deben ser aprovechadas teniendo en cuenta la realidad de ambas partes.

Editorial del diario La Nación de Buenos Aires, Argentina, del viernes 2 de septiembre de 2016.

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