Mano dura a la pobreza

Mano dura a la pobreza

HONDURAS-ENVIRONMENT

La ola de crímenes que golpeó al país durante el último cuatrimestre del 2014 nos tiene a todos sintiendo que vivimos al filo de la navaja. Realidades como que se han registrado por lo mínimo 600 homicidios intencionados en la República cada año, durante la mayor parte de la última década, nos dejan con un mal sabor de boca y pidiéndole a los líderes que pongan mano dura al crimen.

Está de más decir que ponernos a trabajar en que exista certeza de castigo para todo aquel que delinque es una tarea muy loable. Afanarnos en que la policía sea eficiente y en desarrollar un sistema de justicia efectivo son labores que reposan en el núcleo de una democracia productiva. Sin embargo, un buen sistema de justicia es solo la punta del iceberg de lo que requiere efectivamente combatir los niveles de criminalidad: Es solo una solución a corto plazo. Por eso, en este escrito quiero hablar del largo plazo; porque aunque la policía requiera ser cada vez más eficiente, no tiene nada de eficiente requerir cada vez más policías.

¿Cuál es la solución a la criminalidad a largo plazo? Para responder, debemos entender el problema y para eso podemos hacer uso del siguiente experimento mental: Si fuéramos a llegar a una ciudad cuyas distintas áreas reflejan diferentes realidades socioeconómicas (que es lo normal) y se nos diera la instrucción de ubicar el área con más violencia, ¿dónde deberíamos buscar primero? Si a usted le vino en mente un área pobre estaría apoyando un sin numero de investigaciones científicas, como Morgan Kelly (2000) que han, estadísticamente, llegado a esas mismas conclusiones. Lo mismo sucede al considerar países del mundo en vez de áreas de una ciudad -podemos esperar encontrar más crimen y corrupción en un país relativamente pobre que en uno rico- y es algo que debemos tener presente porque Panamá, a pesar de su acelerado crecimiento estos últimos años, sigue siendo un país relativamente pobre.

sta es una realidad que se observa, inclusive dentro del mismo país. No es coincidencia que en el 2012 la provincia de Veraguas, que solo tiene 25% del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita que tiene la provincia capital, tuvo una tasa de detenidos per cápita 88% mayor. Empeorando las cosas, el 40% de los detenidos en Veraguas fueron procesados por Delito Contra la vida y la Integridad Personal; en la capital: 16%. Chiriquí, con solo 27% del PIB per cápita que tiene la capital, tuvo una tasa de detenidos per cápita más de 100% mayor  (Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Censo).

Para poder atacar los niveles de criminalidad efectivamente, debemos entender que por más que un buen sistema de justicia logre disuadir a los delincuentes, no los elimina y que la solución real se encuentra en reducir los niveles de pobreza y de desigualdad. No obstante, aún vemos actitudes equivocada en nuestros líderes, como la del ex-diputado Marcos González quien intentó convertir la pena de muerte en ley de la República durante el 2011. El proponente de esta solución final al crimen defendió la necesidad de aprobar su ley argumentando en el anteproyecto que, debemos tomar en consideración realidades duras como la proliferación de sicarios.

Los delincuentes no se proliferan como si fueran células cancerosas que tienen un código genético defectuoso desde el momento que resultan de la mitosis. Son seres humanos que nacen e inevitablemente responden al entorno en el que se les coloca y a la crianza que se les da. Esa sí es una realidad dura. Entonces, ¿cuál es la solución a la criminalidad a largo plazo? Necesitamos un compromiso para reducir la pobreza y desigualdad que trascienda el esfuerzo actual de  las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y a los cinco años que dura un gobierno.

Necesitamos un sistema donde el niño que nace de pobre tenga el mismo acceso (y enfatizo la palabra acceso) a oportunidades que aquel que nace de rico; que pueda recibir una educación de alta calidad, que una enfermedad grave no lo mate o lleve a la banca rota a sus familiares y lo más importante: Que el que tiene ganas de esforzarse tenga la posibilidad de salir adelante. Necesitamos un Estado de bienestar social (welfare state).

Un banquero puede fácilmente volverse campesino, pero un campesino difícilmente se puede volver banquero, y esa falta de competencia no es capitalismo efectivo.    

Víctor De Lima
Economista

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