Martinelli y el cambio en gobernar

Martinelli  y el cambio en gobernar

Jaime Porcell

Investigador de Mercados

Me arriesgo a pecar de crédulo. Yo saludo la intención del presidente Ricardo Martinelli, que anunció un amplio proceso de consulta pública para la revisión de la Constitución Política. Bienvenida la conciencia de que la imposición genera decisiones insostenibles: Aprendimos sobre la falta de consultas que se ha dado con algunas leyes como la Ley 30 y la Ley 8. Esto no se va a repetir.

Cada cinco años, los candidatos prometen escuchar, además de gobernar con los mejores. Una vez presidentes, traen de vuelta los consabidos autoritarismo y clientelismo. En la elección siguiente, sin falta, los ciudadanos nos cobran la decepción. Mas, lo peor no se ve. Me refiero a la erosión de la esperanza de los votantes en este sistema ciertamente imperfecto, pero, el mejor conocido. Debiera preocuparnos.

Insisto en la necesidad de reorientar el estilo de gobierno so pena de trillar el camino, más que a una oposición de prestigio magro, a radicales quienes afirman ser la alternativa a los seis partidos tradicionales.

Propongo un estilo participativo apoyado en la consulta permanente basado en herramientas existentes tipo encuestas y línea 311. Uno tan poderoso que no necesita sostenerse con la intimidación y coerción de tribunales, carcelazos y represión.

Tampoco sugiero que la consulta sustituya el proyecto de gobierno por un calco de un querer popular elevado a infalible. Propongo escuchar el qué opina para entregar eficacia al debate persuasor.

La dinámica de la personalidad de líderes fuertes ejerce extrema fascinación sobre estudiosos. Ríos de tinta abundan en aproximaciones psicológicas de estos gigantes capaces de enfrentar enormes retos, léase Julio César, Calvino, Napoleón, Robespierre, Bismark, Hitler. Favor incluir al suscrito entre los fascinados quien, en 2009 abrió el debate sobre la gestión entrante con De Ricardito a presidente.

Aquellas personalidades-estilos dominantes tienden a buscar la fuente de su autoridad más allá del querer de los gobernados. Antes la ubicaban en Dios, ahora en una elección que fungiría cual cheque en blanco.

Autoritarismo y consulta resultan dos opuestos. Los seguidores nunca discuten la decisión autoritaria, la cumplen por temor al castigo. Mas, nunca gana voluntades. Ya lo decía el intelectual y político Miguel de Unamuno, el poderoso vence, pero, no convence porque no gana la razón.

No pocos de aquellos estudiosos proponen un -dime cómo eres y diré cómo gobiernas. Sugieren que la reconversión hacia un estilo democrático exige la precondición del cambio de personalidad. Sin embargo, la sensatez aconseja conformarnos con la mera variación en las convicciones más que en un proyecto complejo e inalcanzable en un solo período.

Desde la óptica organizacional pública, el carácter recio de una administración efectista asume el reto de girar hacia un liderazgo que promueva el asentimiento convincente. Una que incluya el querer general en la definición de los actos de gobierno.

Una estrategia persuasora implica un giro radical en la comunicación. Necesita sabiduría en entender cómo siente el ciudadano. Luego poner por delante la eminencia de sus virtudes para construir el prestigio de la gestión. Nunca abandona su proyecto, eso sí, lo negocia.

El perfil del equipo que necesita un cuasi militar de dictamen indiscutible, es muy distinto de este otro que requerirá ganar voluntades para conseguir el acuerdo.

La estrategia de declarar enajenado, bipolar, etc., al presidente, misma que asumen algunos miembros de la oposición, resulta facilonga, por no decir estúpida. Su radicalismo insinúa desde la ingobernabilidad hasta el golpe de estado. Su sinsentido niega posibilidades a la evolución y cierra el debate.

El balance de la imposición indica, en lo inmediato, la imposición da la sensación de triunfo. En lo mediato, y con un enorme saldo de dolor, desnuda su debilidad cuando obliga a recular. Ya en 1726 unos preclaros entendían que la autoridad moral es el crédito de su majestad y con ella hace más en sus súbditos que con las armas. La reorientación del estilo implica apelar al intangible de aquella majestad presidencial visionada en la citada obra 2009.

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