Me cansé de arar en el mar…

Me cansé de arar en el mar…

El proverbial “último clavo en el ataúd” a la plataforma de servicios legales de nuestro país lo acaban de poner el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y la Asamblea Nacional de Diputados (AND) al aprobar en tercer debate el proyecto de Ley 624 sobre transparencia fiscal y otras yerbas aromáticas. Atendiendo, como un esclavo a su amo, las exigencias de la Unión Europea (UE), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) y el Grupo de Acción Financiera Internacional (Gafi) como si estos tuvieran legitimidad para actuar en el Derecho Internacional Público. 

La forma grotesca en que se ignoró a los gremios de abogados y sus justos reclamos solo demuestra la ignorancia supina y la falta de capacidad de negociación, vergüenza y dignidad de los que nos gobiernan.

Contrario a lo que muchos piensan -porque le hacen más caso a un francés burócrata endiosado de la Ocde y a los europeos cuyo único interés es su bienestar y no el nuestro- los abogados estaban de acuerdo con la ley antes mencionada, solo que pedían se redactara en una forma en que se pudiera cumplir. 

Y es que como está redactada la ley no es posible cumplirla, Panamá seguirá en las listas solo que con 80% menos de las sociedades anónimas que maneja el Registro Público. Sí, así de grave es el asunto.

Es raro que a la diplomacia nacional se le olviden las palabras -atribuidas erróneamente al sobrevalorado de Gaulle- “los países no tienen amigos, sino intereses.” (realmente lo dijo el británico John Henry Temple en el Siglo XIX). Lo que nos pide la UE y sus organismos parásitos no es por amistad, es porque les conviene a ellos, no a nosotros.

Lamentablemente, no saldremos de las listas en febrero de 2022 pues el proyecto de Ley 624 será imposible de cumplir. Es utópico. Y en esa fecha ya pedirán lo que siempre han buscado: Eliminar el sistema territorial fiscal panameño.

Mi resumen:

Nunca utilizamos la diplomacia como arma. El cuerpo diplomático existe para defender los intereses del país a toda costa no para mandar a copartidarios en su ocaso o como premio por su lealtad al partido. Que la embajada de España haya sido ocupada (ya abandonada) por un viejo poeta comunista muestra la ignorancia y poco valor que le da el PRD al cuerpo diplomático. Este señor renunció hace meses y nadie quiere esa embajada. Una embajada clave, por las inversiones de ese país en Panamá, para aplacar los ataques europeos.

Nunca buscamos el apoyo de los Estados Unidos (EE.UU.). El mayor donante de fondos a la Ocde y sus organismos parásitos es EE.UU., nuestro mejor aliado en el hemisferio. De ellos bastaba una llamada para que la cogieran suave con nuestro país. Nadie le pudo explicar a los estadounidenses que desestabilizar el centro financiero y la plataforma de servicios de Panamá y convertirnos en un paria, aislándonos del mundo, pone en peligro nuestra economía, siendo esta -prácticamente- la única que no ha girado o girará a la izquierda en la región. Nadie les explicó que, de seguir los ataques a nuestro país, será un líder del izquierdista Frente Nacional por la Defensa de la Soberanía (Frenadeso) quien -más temprano que tarde- administre el Canal de Panamá.

Nunca pateamos la mesa. Como si la dignidad y la soberanía fueran un pecado, jamás vimos al gobierno amenazar con medidas de retorsión o diplomáticas a los que se pasean por nuestro país dando órdenes. Qué vergüenza que un ministro francés venga al MEF a revisar documentos y a poner “orden”. Ni siquiera pedimos a los embajadores de Francia o de la UE que se fueran por un tiempo. Imperdonable.

Nunca exigimos que esto fuera visto en las Naciones Unidas. El club de la Ocde no tiene legitimidad para dictar las reglas fiscales del mundo. Es un grupo de países ricos que quieren imponer, pasándose el Derecho Internacional Público por sus forros, sus intereses sobre los demás países. Es un colonialismo económico, racista y un uso de la coerción internacional para lograr sus propósitos. Nunca exigimos ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), el respeto al Derecho Internacional Público.

Nunca nos unimos a otros países que están en situación similar. No entiendo para qué hay diplomáticos, si somos incapaces de aliarnos con países que tienen los mismos intereses y que están siendo atacados -sin la agresividad que a Panamá- por los mismos organismos.

Nunca hemos denunciado la verdad. La incapacidad de los funcionarios de gobierno. Siempre ha sido más fácil culpar a los abogados nacionalistas que la incapacidad manifiesta de los funcionarios del estado panameño que, teniendo una ley de crear un sistema de registro privado de beneficiarios desde 2020, aún no han hecho nada. Teniendo un mango bajito, como eliminar la ley de acciones al portador en custodia, no lo hayan hecho. Los nombramientos rimbombantes de quienes nos iban a salvar fueron en vano.

Nunca permitimos que negociadores experimentados atendieran este tema. Aceptemos que Panamá en el ámbito internacional nunca, salvo la devolución del Canal, ha sido efectivo negociando nada. Somos seguidores no líderes. Se pagaron millones de dólares a consultores europeos que nos decían lo que ellos querían y cómo hacerlo. Nunca buscamos alternativas a la posición de ellos. Y los que lo hacían eran tildados de malos panameños y maleantes.

Habiendo dejado que pisotearan nuestra dignidad, nunca más nos tomarán en serio. Queda, como el viejo guerrero, regresar a su finca, esperar que jóvenes tomen la iniciativa y ver como nuestro país, el cual amo con pasión enfermiza, se convierte en el “Congo” más cobarde de la UE y de la Ocde. Guindo la pluma.

Agradezco a Capital Financiero esta tribuna por tantos años.

Misonius Rufus
Abogado y analista internacional 

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