Mujer, política y responsabilidad histórica

Mujer, política y responsabilidad histórica

Asamblea

A la mujer panameña no le ha sido fácil el camino hacia la participación política. Desde la constitución de la República este género se vio excluido del ejercicio del voto, lo que supuso su exclusión del derecho de a elegir y ser elegidas. Sin embargo, a lo largo de nuestra historia como nación, ilustres panameñas de los más diversos matices de pensamiento dieron muestras de que las mujeres estaban más que preparadas para ejercer cualquier cargo de elección popular.

Mujeres como Clara González de Berhinger, que en 1923 fundó el Partido Nacional Feminista; Paula Jiménez, fundadora y dirigente de la Sociedad de Operarias Industriales, un sindicato fundado en la década de 1930 para luchar por los derechos de las costureras que laboraban en la industria textil; Felicia Santizo, insigne educadora, que en 1948 se postuló como candidata independiente a la primera Vicepresidencia de la República

En 1945 cuando se desarrollaron las elecciones a la Asamblea Constituyente y se le otorgó el sufragio a las mujeres destacaron los nombres de Esther Neira de Calvo y Gumercinda Páez, quienes resultaron electas como diputadas para el período 1945-1948. La señora Páez incluso fue vicepresidenta de esas Asamblea Constituyente.

Consecuencia de la entrada en vigencia de la nueva Constitución en 1946, las mujeres accedieron plenamente al voto y a otros derechos ciudadanos y laborales (protección de la maternidad de las trabajadoras, la protección laboral femenina relativa a jornadas y condiciones y el principio de igual salario por igual trabajo). Ese año Marta Matamoros (modista y sindicalista) participa en la elaboración del Código de Trabajo.

A estos nombres de ilustres mujeres que lucharon por la participación plena de sus congéneres en la vida política podríamos sumar los de otras mujeres que han descollado tanto en la vida política como en otros ámbitos del quehacer humano, como la política Thelma King, la dirigente magisterial Sara Sotillo, la antropóloga Reina Torres de Araúz y la demógrafa Carmen Miró.

Todo esto implica para la mujer y los hombres de hoy un legado que debemos valorar, respetar y preservar con cada uno de nuestros actos. Esta responsabilidad es particularmente importante para aquellas mujeres que ocupan cargos públicos, las cuales deben tener presente siempre que además de representar a los moradores de sus circuitos electorales siempre llevarán sobre sus hombros la tarea de darle continuidad a la gloriosa lucha de las mujeres por garantizar e incrementar su participación política.

Y es a la luz de esta responsabilidad que todos los ciudadanos debemos deplorar los bochornosos eventos protagonizados por las diputadas Zulay Rodríguez y Katleen Levy. No importan los argumentos que una u otra han dado para explicar su conducta, la actuación tanto de Rodríguez como de Levy no solo son bochornosas, sino que constituyen una afrenta contra los esfuerzos que la mujer panameña ha desarrollado a lo largo de nuestra historia republicana para hacerse un espacio en la vida política del país.

Además, la actuación de las diputadas Rodríguez y Levy vuelve a poner al rgano Legislativo en el ojo de la tormenta, pues evidencia la falta de comprensión de los diputados de la enorme responsabilidad que implica el cargo que ostentan, y por tanto, de la necesidad de mantener una conducta digna de la confianza que los votantes han depositado en ellos y ellas.

Es poco probable que este incidente, plagado de palabras soeces, alegatos irracionales y presuntas agresiones físicas de parte y parte vaya a ser objeto de una sanción disciplinaria por parte de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional de Diputados, por ello, a lo único que podemos apelar en este momento es que los ciudadanos que votaron por estas diputadas tengan presente estos hechos a la hora de acudir a las urnas en las próximas elecciones, porque la mujer panameña merece estar representada en ese rgano del Estado por personas centradas en la búsqueda de soluciones a los problemas del país y no en conflictos personales.     

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