Narcotráfico y narcocultura en América Latina

Drugs, syringe with blood, handcuffs and money on gray background

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Los grandes cambios políticos y culturales los producen mal o bien las grandes revoluciones. Más de cien años después de la Revolución Mexicana y más de medio siglo luego de la  cubana, presenciamos hoy en día en el continente una nueva, la revolución del narcotráfico, que trajo consecuencias trascendentales, súbitas y violentas y que significa un peligro latente para el orden democrático. Para alguien que ha investigado durante años el tema, esta irrupción de hoy en día es dramática y sin precedentes, y está llevando a varios países a estar al borde de transformarse en países casi fallidos o lo que sería peor en simples narco-Estados. El impacto del narcotráfico ha hecho que  la  economía subterránea de muchos países se haya vuelto cuasi legal y aquella legal casi quedó enterrada en un pozo profundo. Varias mega y mini crisis financieras se han salvado probablemente con la ayuda de la venta de cocaína, marihuana a los ávidos consumidores norteamericanos, enriqueciendo así a los narcos y corruptos a ambos lados de la frontera. Es hora que los Estados Unidos (EE.UU.) consideren seriamente el abuso de drogas como un problema de salud pública y apliquen políticas serias de prevención.  

Con la rápida y arrolladora presencia del narcotráfico ha surgido una impactante narco-cultura en nuestro continente. Los valores morales han cambiado radicalmente, el valor de la vida, la muerte, la honradez. Se ha cambiado la moral del pecado, por la moral del dinero en la que todo vale. Síntomas de la penetración narco la vemos, por ejemplo, en la reciente fuga del narco mexicano, el Chapo Guzmán, de una cárcel de máxima seguridad de Sinaloa, que no hubiera sido posible sin la colaboración de las más altas autoridades del Estado. Lejos de recibir una condena por parte del pueblo mexicano, este le da su apoyo y lo considera casi como un héroe nacional, festejando su fuga. Esto lo vemos plasmado en la aparición de docenas de narco-corridos de mariachis, esas glosas del caciquismo mexicano que destacan las hazañas delictivas de estos criminales con grandes dosis de machismo.  Recordemos que  el Cartel de Sinaloa obtiene ganancias netas anuales de $3 billones, y esto solamente en su comercio con los EE.UU. comparables al volumen de las compañías Netflix o Facebook. El Chapo se encuentra ya en la nómina de personas más ricas del mundo en la revista Forbes.

Pero el Chapo Guzmán no es el único caso de un exitoso narco-mafioso en el continente. Hace pocos días en la Argentina los medios de prensa independiente y políticos de la oposición han acusado abiertamente al actual jefe de gabinete de la presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner, Aníbal Fernández y mano derecha de la Presidenta de ser el jefe de una banda narco con ramificaciones internacionales y de estar involucrado en la muerte del fiscal federal Nisman. 

La narco-cultura cuenta ya en nuestro continente con su propio lenguaje y sus propios medios de comunicación, que intentan penetrar al mundo cotidiano en busca de más aceptación social. Los narco-corridos son sólo una pequeña manifestación, y se oyen ya hasta en los barrios marginales de Buenos Aires. A estos sumemos muchas populares telenovelas y películas con galanes narcos que muestran cómo amasar fortunas en base al negocio de la droga y de violencia, sexo y muerte. Es un verdadero boom de la narco-cultura en los medios. Recordemos tan sólo títulos como El Patrón, La Viuda, El Jefe de los Jefes, Sin tetas no hay paraíso, Rosario Tijeras,  etc. 

La narco-cultura se ha extendido también a la literatura, a la arquitectura, al fútbol y a tantas otras actividades. El gigantismo es su rasgo más importante, la ostentación de la abundancia en todos los sentidos. Pero una biblioteca ¡nunca la encontraremos! Exagera el ya existente estereotipo del nuevo rico latinoamericano. Los peluches gigantescos, un osito Panda tamaño natural para la habitación de los niños. Es el éxtasis del consumismo más ramplón. 

La narco-cultura no terminará mientras exista el narcotráfico, y estamos aún a tiempo para reaccionar con racionalidad y sentido común y frenar así un proceso que puede transformar a muchos de nuestros países en Narco-Estados. Contamos con un rico potencial humano y una larga tradición en la búsqueda de sistemas democráticos y de estructuras de libre mercado que pongan freno a los peligrosos populismos que no hacen sino facilitar el crecimiento de esta plaga del narcotráfico y la corrupción, como ha sucedido en Cuba y sucede hoy en día en Venezuela y Argentina. Estamos a tiempo.     

José A. Friedl Zapata
Politólogo y amigo de la Fundación Libertad

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