Noriega: Justicia y Economía

Noriega: Justicia y Economía

Cuando se produce el golpe de estado, el 11 de octubre de 1968, la sociedad panameña se encontraba sumergida en una de su más profunda crisis moral, institucional, social y económica.

Acababa de concluir un proceso electoral, en donde los actores y las instituciones políticas, habían demostrado todas las bajezas humanas de las cuales eran capaces. Robo de urnas, fraudes electorales, uso de recursos públicos, irrespeto a las leyes etc. en donde la voluntad popular era un chiste. A pesar de la crisis moral de la sociedad, nada justificaba un golpe de estado, por la Guardia Nacional. Todavía no se habían agotado otros métodos de lucha cívica y democrática .

Con la dictadura militar, en sus inicios, por su necesidad de legimitizarse y de tener apoyo popular, los militares ensayan el modelo populista con matices de izquierda, para producir cambios estructurales de orden económico y social. Además, a lo externo se concentran en la religión que unía a los panameños; la soberanía nacional y la recuperación de la zona del canal.

En estos años iniciales, se producen cambios significativos estructurales, pero a un costo social alto para los panameños como la pérdida de los derechos humanos, libertad de expresión, persecución, exilio, torturas, encarcelamientos, y toda expresión de manifestación democrática y vida institucional. Los militares controlaban todo.

Con el tiempo se fueron transfieriendo el poder entre ellos, hasta que el Manuel Antonio Noriga llega al poder. Con su ascenso la dictadura se endurece, el ejerce el control completo, a su vez, convierte al país en centro de actividades delictivas.

Todos los ciudadanos que se oponían, eran encarcelados, torturados, exiliados, asesinados o desaparecidos. Solo permitía las actividades políticas del partido oficial PRD, sus dirigentes o militantes. No había libertad de expresión y la censura voluntaria o impuesta controlaba los medios de comunicación social.

Ahora, Noriega regresa al país, después de cumplir 21 años de cárcel en los Estados Unidos y Francia, por los delitos cometidos en esos países. La justicia panameña lo espera para que se defienda y enfrente los delitos cometidos en Panamá, que son muchos y de diversa índole. Los ciudadanos claman justicia.

El regreso de Noriega no debe ser manejado de manera política. Es un tema estrictamente de justicia. Ni siquiera es humanitario. El debe responder por sus actos, así como otros dictadores, presidentes, funcionarios públicos, delincuentes de cuello blanco, militares, espías, narcotraficantes, lavadores de dinero  y corruptos deben enfrentar la justicia, no la venganza.

La justicia panameña está en prueba con el caso Noriega. Se cumple con la justicia o se fomenta la impunidad. ¿Cuántos panameños están en las cárceles, mayores de la edad, que tiene Noriega? ¿Por qué no hay trato igualitario para ellos?.

Por otro lado, Noriega dejó un país en ruinas en materia económica y gracias al manejo prudente del gobierno instalado tras la invasión y la voluntad de la empresa privada, es que Panamá se ha podido levantar de entre las cenizas y convertirse en un atractivo internacional para hacer negocios e invertir.

El Panamá que recibirá a Noriega no es ni la sombra de lo que dejó hace 21 años. El está escribiendo las últimas páginas de su historia, pero quienes creen en un país de democracia y con oportunidades para todos lo olvidarán con el pasar del tiempo.

Su llegada a Panamá en nada trastocará el ambiente comercial y de negocios que atravesamos y serán solo los políticos quienes les darán rienda al morbo. Los demás que somos la gran mayoría debemos seguir enfocándonos en el desarrollo progresivo de nuestro país.

 

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