Nunca olvide cuán poderoso es ser recordado

La capacidad de recordar a las personas es un activo más grande que la inteligencia emocional en el trabajo

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He aquí una prueba. Busque un lápiz y un pedazo de papel y dibuje el logotipo de Apple. Es fácil, ¿no? Ahora compare su dibujo con el logotipo real.

Si usted es como yo, o como el 98,8% de una muestra recientemente analizada por los psicólogos de la Universidad de California en Los Ángeles (Ucla), usted no tuvo éxito. Casi todo el mundo o bien pone la mordida en el lado equivocado de la manzana, o dibuja dos hojas en lugar de una, o de alguna otra manera echa a perder el simple trabajo de reproducir una imagen que hemos visto miles de veces.

Y no sólo somos incapaces de dibujar uno de los logotipos más famosos del planeta, la mayoría de nosotros ni siquiera puede escoger el verdadero cuando lo vemos en una fila de identificación con logotipos semejantes.

¿Por qué sucede esto? Los investigadores dicen que se trata de atención saturada y amnesia por falta de atención, pero yo creo que es algo más simple. No lo recordamos porque sencillamente no necesitamos recordarlo.

En mi caso, el logotipo de Apple cae en la gran categoría de cosas que no necesito recordar.

Y cada vez más, prácticamente todo pertenece a esa categoría. En casa todavía hay algunas cosas que necesito recordar, como comprar más champú cuando se acaba y llenar un formulario para el viaje de la escuela de mi hijo. Pero en el trabajo me puedo olvidar de casi todo aparte de una cosa grande y otra pequeña. De lo contrario, todo puede ser borrón y cuenta nueva. La computadora se ha encargado completamente de la memoria del centro de trabajo.

En teoría, esto significa que debo recordar mi contraseña de la computadora, aunque de hecho el servicio de asistencia a menudo me ha sacado de apuros cuando la he olvidado. No hay necesidad de recordar nada gracias a Google, todas las citas están ahora en línea, y todo lo que alguna vez alguien dijo es fácil de encontrar en un correo electrónico almacenado en alguna parte.

Una posible excepción es la memoria corporativa, que tiende a almacenarse en las mentes en lugar de en las nubes, pero ya muy pocas corporaciones muestran mucha necesidad de ella. Los que toman decisiones hoy en día no ven con buenos ojos las protestas de vejestorios que pueden recordar que tal o más cual cosa ya se intentó antes y no funcionó. El pasado irrita.

¿Entonces cuáles son las dos cosas que necesitamos recordar en el trabajo? La pequeña que debemos recordar es la ubicación de nuestras tarjetas para las máquinas expendedoras o nuestros pases de seguridad. Trato de facilitar esta situación y por eso uso las mías en una cadena alrededor del cuello, aunque ni siquiera ésta es la solución definitiva porque a veces quito la tarjeta de la cadena, olvido ponerla nuevamente en su lugar y luego tengo que buscarla por todas partes.

La cosa grande que debemos recordar es reconocer a las demás personas. Evidentemente, es una ventaja si usted puede recordar el nombre de alguien, pero, como no hacerlo es algo común, el castigo es bastante pequeño. Lo importante es recordar los rostros y detalles incidentales sobre ellos.

Hace poco fui a ver Siempre Alice, la película en la que Julianne Moore interpreta a una académica con Alzheimer de inicio precoz. Cuando olvida una palabra en una conferencia se avergüenza brevemente, pero hace una broma y se recupera rápidamente. Perderse mientras trotaba la afecta más, pero lo verdaderamente espantoso es cuando no puede recordar a la novia de su hijo, a quien acababa de conocer 15 minutos antes.

No hay que tener Alzheimer para olvidar una cara, y cuando esto sucede en el trabajo, sí tiene importancia. Recientemente conocí a un hombre en un evento corporativo que había estado en la universidad conmigo y parecía saber mucho sobre mi vida. El hecho de no recordarlo en lo absoluto me puso en tal desventaja que cuando me pidió que le hiciera un favor, me tomó desprevenida y acepté.

Igualmente, no hace mucho me encontré con un alto ejecutivo con quien había tenido una reunión de una hora cinco o seis años atrás. Cuando lo saludé cordialmente, me devolvió una mirada vacía, evidentemente seguro de que nunca nos habíamos conocido. Posiblemente esto quería decir solamente que su memoria no era buena, pero lo tomé como algo personal como inevitablemente sucede. O yo había envejecido horriblemente en cinco años y por lo tanto estaba irreconocible, pensé, o había sido demasiado aburrida como para que él me recordara. Ninguna de las dos opciones era buena.

Considero que la capacidad de recordar a las personas es un activo más grande que la inteligencia emocional en el trabajo. La mayoría de nosotros no busca empatía en la oficina, pero todo el mundo quiere que se le recuerde. Mientras más una persona pueda recordar con pelos y señales las conversaciones triviales de reuniones anteriores, es más probable que nos caiga mejor y más confiemos en ella. Y no es una habilidad sólo para los políticos: Lo es para todo el mundo.

Un día, probablemente muy pronto, la tecnología de vestir hará el trabajo por nosotros al reconocer los rostros y conectarlos a una base de datos de trivialidades. Pero para ese momento ya no valdrá la pena. La razón por la que queremos que la gente nos recuerde es porque es muy difícil hacerlo.

Si la computadora es la que recuerda, entonces ya todo pierde valor. Nadie quiere que se le recuerde per se. Queremos que se nos recuerde porque es una señal de que otro ser humano nos ve como una persona valiosa, no sólo como otro empleado intercambiable.    

Lucy Kellaway
Financial Times

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