Otra propuesta politiquera

Otra propuesta politiquera

 

 

 

 

 

 

Manuel Luna G.

mluna@capital.com.pa

Capital

 

Los políticos no dejan de sorprender, en medio del incremento de la violencia que golpea al país, se propone una Ley para imponer la pena de muerte, como una forma para reducir los crímenes que a diario se cometen en nuestra sociedad, principalmente en la periferia de la ciudad de Panamá.

El diputado del gobernante Cambio Democrático, Marco González, es el proponente de esta iniciativa, que más pinta  ser  una jugada política para llamar la atención de la opinión pública que un esfuerzo serio por hacerle frente a uno de los principales problemas que afectan a los panameños.

Y es que ya el ex magistrado de la Corte Suprema  de Justicia, Edgardo Molino Mola, advirtió que Panamá es signatario de convenios que prohíben la implementación de la pena de muerte.

Ya se ha demostrado que la pena de muerte no evita que se registren delitos, los países que cuentan con un menor nivel de delincuencia no son los que han instaurado la pena de muerte, sino  en los que han logrado una mejor  distribución de las riquezas.

Pero este es un asunto que ningún gobierno se ha atrevido a enfrentar, ni los del PRD, ni los del Partido Panameñista, ni Cambio Democrático, y todos han tratado de resolverlo con subsidios y recetas paternalistas.

El problema de la delincuencia se acabará cuando se tomen acciones conjuntas, de toda la sociedad, se le proporcione mayores oportunidades a los jóvenes, se pongan al frente de los organismos judiciales a personas idóneas y honorables, y la policía juegue un papel más activo.

En 1983 había una sola pandilla juvenil, hoy se cuentan por cientos.

De qué vale que se establezca la pena de muerte, si los criminales y sicarios no son detenidos, como ocurre en la actualidad, salen libres de los procesos penales por falta de pericia en el manejo de las pruebas por parte de la policía  ó por fallas en la debida instrucción de los expedientes penales en el Ministerio Público.

La solución del problema de la delincuencia, a mi juicio, debe buscarse en otra dirección. En lograr que el crecimiento económico que vive el país llegue a todos los panameños y en reducir los bolsones de pobreza y marginalidad que florecen muy cerca de las grandes torres que se levantan en la ciudad capital.

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