Otro espantoso acto de violencia

herald

Otro episodio de violencia brutal y absurda con armas de fuego volvió a estremecer a la nación. Esta vez ocurrió en el estado de Oregón, donde el jueves un individuo de 26 años de edad llevó a cabo una masacre en el centro de estudios superiores Umpqua Community College, que se encuentra en la localidad de Roseburg.

El joven asesino, cuya identidad no había sido revelada al momento de publicar este editorial, mató a 13 personas y dejó heridas a más de 20 antes de morir en un enfrentamiento con la policía.

Las víctimas se encontraban en diferentes aulas del recinto universitario, y los agentes que acudieron cuando se dio la primera alarma evacuaron a los estudiantes a lugares seguros mientras otros policías buscaban al asesino en el centro docente.

Fue realmente aterrador. Tuvimos que llevarnos las manos sobre la cabeza mientras salíamos de allí uno a uno. Permanecimos allí de pie y rezábamos a Dios para salir vivos, afirmó Lacey Gregory, una estudiante del college.

El horror vuelve a golpear en el momento más inesperado, en una localidad tranquila donde nadie podría imaginar que de repente una persona enloquecida sea capaz de abrir fuego indiscriminadamente contra víctimas inocentes. Sin embargo, estos demenciales tiroteos están ocurriendo con una frecuencia que debe ser inaceptable para las autoridades y para la sociedad.

Hay que hacer algo con urgencia para detener este tipo de crímenes muchas veces cometidos por personas con trastornos mentales que no han recibido una atención adecuada y oportuna. También hay que examinar las regulaciones actuales de la venta de armas a la población.

La Segunda Enmienda de la Constitución garantiza el derecho a tener armas, que no será infringido, según reza el documento. Pero el otorgamiento de ese derecho, en el cual se apoya la industria de la venta de armas, una industria muy lucrativa, no excluye la posibilidad de implementar controles más eficaces que eviten que personas con tendencias homicidas o problemas mentales puedan adquirir un arma de fuego con facilidad.

En octubre del año pasado, en una conferencia anual de jefes de departamentos de policía de Estados Unidos que se realizó en Orlando, los reunidos pidieron controles más rigurosos a la venta de armas. Lo que pidieron fue ampliar la Ley Brady, que implementó la revisión del historial y los antecedentes penales de las personas cuando van a comprar un arma de fuego. La ley, promulgada en 1993, prohíbe que las personas declaradas criminales, acusados en juicios penales, fugitivos, adictos a las drogas, indocumentados, militares dados de baja deshonrosamente y personas con trastornos mentales tengan armas de fuego.

Pero hay formas de eludir la ley; por ejemplo, comprando armas a particulares o en la Internet.

Es en ese terreno donde hay que aplicar un mayor control. No se trata de desarmar a la población. Se trata de evitar que las armas caigan en manos de criminales capaces de cometer actos de violencia contra sus propios vecinos o compañeros, como el que acaba de enlutar a una comunidad en Oregón, y a toda la nación.. 

Editorial del diario El Nuevo Herald del Florida, Estados Unidos, del viernes 2 de octubre de 2015

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