Panamá en la encrucijada frente a la Ocde

Panamá en la encrucijada frente a la Ocde

OCDE

En este momento, Panamá se encuentra ante grandes desafíos estratégicos. Estamos frente a un nuevo orden financiero y fiscal internacional que el mundo reclama, como resultado de la crisis de las hipotecas subprime y la consiguiente crisis financiera de 2008 que ocasionó un incremento fuerte del gasto público y debilitó los ingresos de los países desarrollados. Los gobiernos de estos países se encontraron, por lo tanto, en la necesidad de buscar entradas financieras para cubrir los agujeros presupuestarios que tenían. Fue así, que el 13 de febrero de 2014 se publicó la norma internacional sobre el intercambio automático de las cuentas financieras elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) junto con los países del G20 dirigida a combatir el fraude y evasión fiscal. Los países en vía de desarrollo no fueron consultados en la elaboración del estándar de esta norma, por lo que no se consideraron sus necesidades ni intereses respecto del alcance del intercambio.

Las publicaciones de los denominados Papeles de Panamá han tenido como consecuencia que nuestro país se encuentre desde hace algunos meses bajo los reflectores del escenario internacional, tal como lo estuvieron Suiza y Luxemburgo tras las revelaciones de los Swissleaks y Luxleaks, respectivamente. Estos dos pequeños países intentaron escaparse del esquema del intercambio automático, pero terminaron claudicando a fin de mantener la competitividad de sus plazas financieras y evitar las presiones y marginalización.

En el caso particular de Suiza, luego de entablar un intenso proceso de consultas, en el año 2013 el Consejo Federal suizo elaboró una estrategia para hacer valer los intereses de Suiza frente a las exigencias de la Ocde de adherirse al modelo multilateral de intercambio automático de información tributaria. En primer lugar, el gobierno suizo pidió participar de manera proactiva en la concepción del esquema internacional. Su voz fue escuchada y pudo difundir su posición de forma exitosa. En el curso de las negociaciones, solicitó también algunos requisitos no negociables antes del compromiso: 1) la existencia de una sola norma global que se aplique a todas las plazas financieras level playing field; 2) que los beneficiarios finales sean identificados, incluyendo empresas ficticias, fideicomisos y entidades jurídicas similares);  3) que la información intercambiada sea confidencial y usada solo para fines fiscales (principio de especialidad; 4) reciprocidad; 5) no retroactividad.

El primer y más importante requerimiento no ha sido todavía cumplido. Estados Unidos (EE.UU.) se han negado a firmar para cumplir con el Protocolo Internacional llamado CRS (Common Reporting Standard) con el argumento de que ellos ya poseen un mecanismo llamado Fatca (Foreign Account Compliance Act) para compartir automáticamente informaciones. Este país reclama ciertos privilegios: Rechaza el principio de reciprocidad total en el Intercambio Automático de Información fiscal (IAI) y exige excepciones en las normas relativas a los trusts (fideicomisos anglosajones) y los paraísos fiscales extraterritoriales. EE.UU. no quiere atenerse a los estándares, es una potencia mundial y como tal hace valer su poder, destaca Peter V. Kunz, profesor de Derecho Económico en la Universidad de Berna.

En EE.UU., es casi imposible hacer la identificación del beneficiario final por razón de la utilización de estructuras LLC (Limited Liability Companies), lo cual impide que también se cumpla con la segunda petición. Por ejemplo, a los banqueros suizos les preocupa la divergencia de normativas nacionales existentes entre los diferentes estados para la identificación del cliente en materia de prevención de blanqueo de capitales. Mientras los bancos suizos estarán obligados a cumplir de manera rigurosa con la identificación del beneficiario último de las empresas u otras estructuras, y a transmitir la información de manera precisa y fiable, éste no será el mismo comportamiento en otras jurisdicciones (Delaware), en donde la identificación es realizada de manera superficial. A este respecto, los bancos suizos solicitaron que estas disparidades en las legislaciones sean discutidas y eliminadas.

Philippe Braillard, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Ginebra, en una entrevista dada al diario suizo Le Temps, hizo la advertencia de que la reciprocidad podrá ser difícilmente puesta en práctica por EE.UU. En primer lugar, sostiene que sus procedimientos para la identificación de los beneficiarios contienen lagunas, lo cual obstruye la transmisión de información a las autoridades fiscales extranjeras acerca de los destinatarios no estadounidenses de cuentas en instituciones financieras estadounidenses. Además, el gobierno federal carece de los instrumentos legales para recopilar la información necesaria que permita la realización del intercambio automático. Es dudoso que en un futuro próximo la mayoría republicana en el Congreso esté dispuesta a aprobar nuevas leyes en este sentido. Señaló también, hemos constatado una fuerte oposición de parte de algunos sectores políticos a la instauración de una reciprocidad, incluso parcial, en el marco del Fatca. Esta oposición fue, sin duda, alimentada por los poderosos grupos de presión del centro financiero de EE.UU. que con los brazos abiertos da la bienvenida a muchos fondos libres de impuestos desde el exterior, especialmente de América Latina.

El profesor Braillard añadió que pese a las vagas promesas que desde hace años vienen declarando los EE.UU. y garantías brindadas por Pascal Saint- Amans, director del Centro de Política y Administración Tributaria de la Ocde, el Foro Mundial de la Ocde no puede dejar de suscitar escepticismo, debido a la arbitrariedad, la falta de rigor y sesgo político que existe en este organismo; y que le ha permitido a EE.UU. imponer sus exigencias durante el desarrollo de este estándar global. Terminó concluyendo que es oportuno recordar enfáticamente esta realidad, ya que si esta situación no se remedia, la misma provocará distorsiones graves de la competitividad entre los centros financieros (http://www.letemps.ch/economie/2015/05/03/echange-automatique-deux-failles-nouvelle-norme-mondiales). En efecto, un artículo de la agencia Bloomberg publicado en enero describe a los EE.UU. como el nuevo paraíso fiscal de las grandes fortunas, en particular de los latinoamericanos.

Se observa pues, que la norma global está envuelta de mucha incertidumbre y confusión. Pero a pesar de las preocupaciones en cuanto a las lagunas y puntos débiles del sistema propuesto por la Ocde, luego de intensas deliberaciones con los intermediarios financieros y otros profesionales, Suiza optó por la dolorosa decisión de renunciar a su secreto bancario incorporado a su legislación en 1934 para dar paso al modelo de intercambio automático de información en materia tributaria a partir del 2017 con el fin de recolectar datos sobre las cuentas pertenecientes a extranjeros y el intercambio comenzará en el 2018. El país helvético decidió que no quería seguir más bajo el fuego de la crítica internacional y escogió mirar hacia el futuro con optimismo y confianza en su capacidad para reinventarse y adaptarse de manera continua. La plaza financiera suiza apuesta a sus ventajas competitivas tradicionales: savoir faire internacional, capital humano, estabilidad política y económica, estado de derecho y seguridad jurídica.

Le corresponde ahora a Panamá actuar con cautela y dotarse de un margen de maniobra para hacer valer sus intereses legítimos. Es una negociación compleja que incluye varios temas y la decisión que adopte en cuanto a los mecanismos para los intercambios de información financiera con otros estados debe articularse constructivamente tomando en cuenta su realidad propia en el terreno. Debe igualmente el país, involucrarse activamente en el tema y prepararse para acompañar las nuevas tendencias en economía y fiscalidad internacional cuidándose de las precipitadas soluciones coyunturales que conlleven riesgos e inseguridad jurídica. La posición que mantiene hoy Panamá y la Ocde es, sin duda, una cuestión de estrategia como respuesta a una guerra geopolítica con intereses fiscales y financieros. Es una encrucijada política de cuya solución dependerá el futuro de la plataforma del sistema financiero panameño.

Una Iraida Alfu de Reyes
Abogada
Bruselas, Bélgica.

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