Panamá lidera las perspectivas de crecimiento económico en Centroamérica para el 2021, revela estudio del Icefi

Panamá lidera las perspectivas de crecimiento económico en Centroamérica para el 2021, revela estudio del Icefi

A inicios de 2020, el informe Global Economic Prospects (2020) presentado por el Banco Mundial (BM), anunciaba que el mundo había tenido en 2019 su desempeño más bajo en términos de crecimiento económico desde la crisis financiera internacional de 2009, al reportar un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de únicamente 2.3% respecto al año anterior.

Este crecimiento se percibía producto de, entre otros factores: la persistente debilidad en la industria manufacturera de las economías avanzadas; la desaceleración de la productividad mundial, y los conflictos comerciales que surgieron entre países, especialmente entre los gobiernos de Estados Unidos de América (EE.UU.) y China.

Según sus pronósticos dicha situación empezaría a revertirse al lograr un crecimiento del 2.5% en 2020, en donde las principales fuerzas motoras serían la recuperación del comercio y la inversión, principalmente en los mercados emergentes y en las economías en desarrollo, mientras que las economías avanzadas en su conjunto continuarían su descenso, al estimar que solo reportarían crecimiento en torno al 1.4%, en contraposición del 1.6% observado en 2019.

Los pronósticos del BM, así como los presentados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el World Economic Outlook (2020) y por la Comisión Económica para América Latina (Cepal) en su Balance preliminar de las economías de América Latina (2019) fueron pronto desechados, y si los entes internacionales consideraban que el 2019 había sido un año de preocupación por la escasa dinámica económica mundial, el 2020 fue mucho peor; producto de muchos fenómenos entre los que claramente destaca la emergencia sanitaria causada por la pandemia de coronavirus (COVID-19), que empujó a las economías del mundo, como lo apunta el BM, a resultados que en los últimos ciento cincuenta años, son únicamente comparables con los de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión de los años treinta.

Conforme las estimaciones del Global Economic Prospects (2021) el mundo registró una caída del 4.3% del PIB, destacando la contracción en las economías avanzadas en 5.4%, mientras que los mercados emergentes y las economías en desarrollo reportaron una reducción de 2.6%, sin embargo, al excluir a China de la medición, la recesión se ubicó en torno al 5.0% del PIB. De igual forma, estima que los países latinoamericanos experimentaron una reducción en su economía por el orden de 6.9% del PIB. Por su parte, el World Economic Outlook (2021) estima que la caída económica de 2020 alcanzó 3.3%, destacando la pérdida económica en los países avanzados que reportaron una contracción de 4.7%, mientras que los mercados emergentes y economías en desarrollo lo hicieron en 2.2% y los países de América Latina se contrajeron en 7.0%.

Estos señalamientos son parte de un estudio sobre las perspectivas de crecimiento de Centroamérica y Panamá desarrollado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi) , según el cual Panamá será el líder en materia de crecimiento económico de la región este año 2021, a pesar de hacer sido el país más afectado en materia económica por la pandemia de coronavirus (COVID-19) en el año 2020.

Impacto del COVID-19 en la economía de la región

Así también Cepal, en su Balance Preliminar de las Economías de América Latina y El Caribe (2020) establece que si bien es cierto la región ya experimentaba un muy bajo crecimiento de tan sólo 0.3% en el sexenio 2014-2019, los efectos de la emergencia sanitaria lanzaron a la región a la peor crisis económica social y productiva de los últimos 120 años, al registrar una caída general del 7.7% del PIB.

En el caso particular de Centroamérica, los datos oficiales muestran una contracción media de 7.1%, valor que, al margen del necesario análisis del impacto de la pandemia de COVID-19 sobre las economías de la región, se convierte en el punto más bajo de una desaceleración económica que se inició en 2017 cuando se había reportado un crecimiento medio regional del 4.1%, para luego presentar 2.0% en 2018 y 1.8% en 2019.

El país más afectado fue indiscutiblemente Panamá que reportó una contracción del 17.9% respecto de 2019, seguido de Honduras y El Salvador con 9.0% y 7.9% respectivamente.

El país que tuvo mejores resultados durante el desarrollo de la pandemia y que fue consecuencia de la falta de un mayor nivel de integración internacional fue Guatemala, que solo reportó una contracción económica del 1.5%, seguida de Nicaragua, que sigue siendo afectada por su situación política, y que presentó una reducción de su economía del orden del 2.0%, mientras que Costa Rica reportó una contracción de 4.5%.

De acuerdo con el Icefi, el decrecimiento relativamente bajo de Guatemala, obedeció a varios factores entre los que destaca: el blindaje relativo de la economía ante choques internacionales, y que se manifestó en 2009 cuando fue la única economía de la región que no reportó contracción económica en medio de la gran crisis financiera internacional; la dinámica de las remesas internacionales de los trabajadores en el resto del mundo que reportaron un crecimiento del 7.9%; la disminución de las importaciones (8.4%) causada primariamente por la reducción de los precios internacionales de los combustibles, lo que permitió un ahorro significativo de recursos para el país; y paradójica e infortunadamente, que cerca de 8 de cada 10 guatemaltecos se encuentran laborando en el sector informal, lo que los empujó, a pesar de las disposiciones de restricciones a la movilidad social y de confinamiento, a continuar con su actividad económica en una forma bastante normal.

También causaron un impacto positivo sobre la sociedad, la expansión de las exportaciones del país (3.5%), fuertemente liderados por las ventas de alimentos que continuaron siendo demandados a nivel mundial y, aunque de forma más limitada, por el impulso fiscal causado por los programas de asistencia implementados por el Gobierno de la República, así como por el crecimiento de la cantidad de dinero en circulación (18.7%) producido por el financiamiento del déficit fiscal por el Banco Central.

Por su parte, Nicaragua continuó su senda de recuperación iniciada a partir de la crisis política de 2018, cuando el país reportó una contracción del 3.4%, mientras que la reducción económica en 2020 fue de tan solo el 2.0%, y que está asociado primariamente al hecho que el país prácticamente no adoptó ningún tipo de restricciones por la pandemia del covid-19, atendiendo a que para las autoridades era de mayor importancia continuar con el esfuerzo de recuperación económica.

A la recuperación de Nicaragua contribuyó el incremento del 10.0% de las remesas internacionales y del 5.8% en las exportaciones, que compensaron el aumento de las importaciones por 1.4%, esto a pesar de la reducción de los precios internacionales de los combustibles.

Además, la relativa estabilidad de precios (inflación de 2.9%) y del tipo de cambio (2.9%), así como la decisión del Gobierno de no impulsar ningún tipo de medidas de confinamiento social, inició con la recuperación de la confianza del sector empresarial, aunque el mismo todavía resiente los efectos de la más reciente reforma fiscal del país.

Costa Rica, que se ha mantenido en el medio de una crisis fiscal de varios años, a pesar de haber impulsado una reforma fiscal limitada en 2018, reportó una caída del PIB del 4.5% explicada principalmente por la contracción de las actividades económicas relacionadas con el entorno internacional, especialmente las vinculadas al turismo, y que se manifestaron en la reducción de la producción de hoteles y restaurantes en el 40.7% y en los transportes en 22.3%.

Afortunadamente para el país, las exportaciones, especialmente las realizadas por las empresas acogidas a regímenes especiales de tributación, alcanzaron a recuperarse y reportaron un crecimiento del 1.7%, mientras que la industria manufacturera interna mantuvo su dinámica al crecer 3.3%.

Además de lo anterior, Costa Rica también experimentó una reducción de las importaciones como consecuencia de la contracción de los precios internacionales de los combustibles que significó un ahorro extraordinario a la economía en medio de la pandemia. Es importante también destacar el impulso fiscal causado por el Gobierno por la implementación de programas especiales de asistencia a la población, los cuales de todas formas no elevaron el gasto fiscal en exceso, al complementarse con una serie de medidas de austeridad pública que incluyeron recortes en gastos de funcionamiento no esencial y de capital.

El Salvador reportó una contracción económica del 7.9%, que estuvo asociada en buena medida con la disminución de las actividades relacionadas con el turismo, pero también con las rígidas disposiciones de confinamiento y cierre de empresas establecidas por el Gobierno, que prácticamente paró todas las actividades económicas consideradas no esenciales.

Como contraparte a la contracción de la actividad económica privada, el Gobierno Central realizó el esfuerzo fiscal más grande de la región, un aumento de cerca de 10.0% del PIB, dirigido tanto para apoyar de los ciudadanos en condiciones de emergencia, como para el sistema hospitalario del país.

También, en forma positiva El Salvador observó un crecimiento muy importante de las remesas internacionales del 4.8%, además de la disminución de los precios internacionales del petróleo. Honduras reportó una contracción económica del 9.0% causado no solo por el efecto de la pandemia de covid-19, sino también por el paso de dos huracanes (Eta e Iota) que causaron serios daños, destrozos, pérdidas humanas y millones de dólares en pérdidas. Adicionalmente, la economía de Honduras fue afectada por los efectos de los cierres internacionales y la disminución de todas las actividades económicas con excepción de la de correos y telecomunicaciones, conforme información del Banco Central de Honduras (BCH).

Favorablemente para el país, las remesas internacionales crecieron 4.0% respecto del año anterior, mientras que la contracción de los precios de los combustibles también implicó un ahorro que facilitó la reducción del monto de las importaciones del país.

Finalmente, un aspecto que pudo contribuir positivamente al crecimiento económico fue la serie de disminuciones sucesivas de la tasa de interés líder de política monetaria, que pudo causar algún impacto sobre la disponibilidad de recursos por parte de los agentes económicos.

El caso más delicado de la región fue Panamá debido a su fuerte vinculación con el sector internacional, tanto en materia de turismo y viajes, como de trasiego internacional por medio del Canal de Panamá.

Así, la economía panameña que ha sido durante muchos años la más dinámica en la región, reportó una contracción del 17.9%, liderados por la dramática caída del 55.8% en hoteles y restaurantes y del 51.8% en construcción, dos de los pilares históricos de la economía del país. El comercio al por mayor y menor, principal actividad económica del país y que se asocia al trasiego comercial en la Zona Libre de Colón (ZLC), reportó una disminución del 19.4%, de alguna forma estuvo marcado por las restricciones internacionales y las disposiciones de confinamiento.

El impulso fiscal en el caso panameño intentó causar efecto positivo tanto por la expansión del gasto, como por las disposiciones relacionadas con amnistías fiscales y amnistías tributarias, sin embargo, de todas formas, parece no haber causado un efecto significativo.

Proyecciones 2021

Para el Icefi el 2021 inició para toda la región con cierta esperanza de recuperación, lo que no significará para todos los países una reversión absoluta de los resultados negativos del año anterior. Los más beneficiados serán: Guatemala en el que sus autoridades plantean una recuperación en torno al 3.0% de crecimiento del PIB, mientras que, en Nicaragua, las autoridades del Banco Central en su Estado de la Economía y Perspectivas (2021), consideran que este país centroamericano abandonará la fuerte depresión de varios años, para alcanzar un crecimiento entre el 2.5% y 3.5% del PIB. Para el resto de países centroamericanos, aunque el rebote económico producirá una cierta recuperación económica, ninguno de ellos se ubicará por encima de los valores observados al cierre de 2019.

Así, el FMI estima que el crecimiento promedio del PIB pesar de ser un año difícil, las autoridades lograron mantener controlada la inflación, aunque la misma se ubicó por debajo de la meta de política monetaria, lo que implica necesariamente que el efecto contractivo de la economía predominó en 2020.

La meta de política monetaria para 2021, de 3.0% con un rango de 1.0% apuesta a la recuperación, al menos parcial, de la normalidad económica del país.

Por su parte, El Salvador que no dispone de política monetaria, al igual que Panamá, y que en esencia traslada la inflación del resto del mundo a sus agentes económicos, reportó una inflación del 1.1%, por encima de la reportada en 2019, y del promedio de 0.9% para el quinquenio 2015-2019, lo que permite presuponer que el aumento de las remesas internacionales y la expansión fiscal lograron recuperar el consumo formal del país, incluso a pesar de la disminución de los precios de los combustibles. Las autoridades estiman que la inflación en 2021 alcanzará 1.8%, valor que podría estar asociado a la recuperación económica prevista.

Por su parte, Guatemala reportó un nivel de inflación de 4.8%, aunque con cierta discusión en torno a la metodología y la calidad de los datos de cálculo en su informe final, por encima del 3.4% registrado en 2019, pero dentro del intervalo de la meta de política monetaria ubicada en 4.0% con un rango de más/menos 1.0%. El valor de la inflación en Guatemala, aunque relativamente normal, pudo haber sido ligeramente impulsado hacia arriba por el incremento de la cantidad de dinero en circulación producido por el financiamiento del déficit fiscal con emisión de dinero por parte del Banco de Guatemala (Banguat). Para 2021 la tasa de política nuevamente se ubica en torno al 4.0% con un rango de un punto.

De similar forma, Honduras mantuvo una tasa de inflación dentro de la meta de política establecida del 4.0% con un rango de un punto, similar a lo logrado en los últimos cuatro años, por lo que el impulso monetario producido por la disminución de la tasa líder de interés, y el efecto causado por el aumento del gasto público, parece haber sido suficiente para compensar la disminución de la demanda interna.

Para 2021 nuevamente el Banco Central de Honduras (BCH) mantiene su meta de política monetaria invariable. Por su parte, Nicaragua que reporta normalmente más crecimiento de precios que el resto de países de la región, logró mantener su inflación en 2.9%, muy por debajo del 6.1% reportado en 2019 y del 4.4% promedio para el quinquenio 2015-2019, y que puede estar relacionado a la normal contracción económica que ha acompañado a este país desde 2018 y a la reducción del consumo asociado a la pandemia de covid-19, y que no encontró ningún impulso fiscal para contrarrestarlo.

Finalmente, Panamá reportó una deflación de 1.6%, en secuencia con la de 0.1% registrada en 2019 y que puede relacionarse con la dramática disminución de la actividad económica observada.

Las autoridades esperarían que, de la mano de la recuperación económica, se observe una inflación de 0.8% en 2021. En materia de exportaciones, la reducción del consumo internacional y las restricciones de viaje como consecuencia de la pandemia de covid-19, produjo una disminución muy importante en los volúmenes de ventas de la región al resto del mundo, como lo muestran los datos del World Economic Outlook (2021) que estima una caída media del 15.9% en los volúmenes exportados de bienes y servicios; y en donde Panamá y El Salvador reportaron las caídas más dramáticas con 35.9% y 24.7% respecto al período previo. Afortunadamente, para muchos países el efecto en términos de precios no fue tan preocupante, atendiendo al incremento de las cotizaciones internacionales de muchos de los productos alimenticios, primarios en las ventas de la región al resto del mundo.

En forma complementaria, la disminución de los precios internacionales de los combustibles y el incremento de las remesas familiares, permitieron mantener relativamente en equilibrio y en algunos casos, mejoró el saldo de la cuenta corriente de los países de la región, lo que no necesariamente implica un mayor bienestar para la población.

El caso de Panamá es particular debido a la importancia que el transporte de pasajeros representa de su economía, así como de los flujos turísticos y las reexportaciones desde la ZLC. Aun así, conforme datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) las exportaciones de bienes sí tuvieron un buen año en materia de valor, al reportar un incremento de 14.7%, destacando las exportaciones de minerales de cobre con un aumento del 34.4%, los bananos con 10.0% de incremento y el aceite de palma con 49.8%, aunque en el sentido contrario, se contrajeron las exportaciones de harina de pescado en 26.8%, la madera de teca en 14.1% y las grasas y aceites de pescado con 34.9%.

Por su parte, El Salvador reportó seis meses consecutivos de exportaciones por debajo de lo reportado en 2019, aunque la situación comenzó a mejorar a inicios de septiembre de 2020. Aun así, el valor de las exportaciones se contrajo en 15.4%, como producto de la reducción de las exportaciones de las prendas de vestir, de las actividades de maquila, de la industria textil y de la fabricación de bebidas.

Afortunadamente, algunos productos como el azúcar con 8.4% de crecimiento y la fabricación de alimentos y de productos farmacéuticos, tuvieron un buen desempeño respecto del año anterior, estas últimas influenciadas por la declaración de actividades esenciales por parte del Gobierno de la República.

Honduras también tuvo una fuerte contracción de los flujos turísticos como consecuencia del cierre de fronteras, sin embargo, el valor de las exportaciones FOB logró reportar un incremento del 0.6%, explicado en gran parte por las exportaciones de palma, azúcar, banano, oro y puros (cigarros).

En sentido contrario, algunas actividades como el café (8.1%), melones y sandías (20.9%), papel y cartón (30.8%), y plásticos y sus manufacturas (11.5%) reportaron contracciones respecto al período anterior. Por su parte, Nicaragua registró un incremento en sus exportaciones del 5.8%, siendo resultado de una mayor dinámica de la industria agropecuaria (2.6% de incremento) y minera (33.8%); sin embargo, los valores pesqueros y manufacturados reportaron caídas en 16.1% y 1.0% respectivamente.

Costa Rica, conforme los datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR) registró un aumento de apenas el 0.2% en el valor FOB de las exportaciones, destacando el incremento de las ventas al exterior de suministros médicos y dentales con 3.1% de crecimiento; el banano con 10.9% de aumento; las comidas, platos preparados y otros productos alimenticios con 4.6% y el café oro con 14.2% de incremento.

En sentido contrario, los productos de caucho (19.2%), los productos de papel (12.0%), las pilas, baterías y acumuladores (16.1%), y los productos básicos de hierro y aluminio (17.6%) registraron fuertes caídas respecto al período anterior.

Finalmente, Guatemala, que reportó la menor caída en materia de volumen, también tuvo la posibilidad de que sus exportaciones crecieran en términos de valor y reportó un incremento del 3.2% respecto del período anterior, destacando los aumentos en la exportación de cardamomo en el 75.4%, grasas y aceites comestibles con 18.5%, hierro y acero con 20.9%, materiales plásticos con 7.8% y bebidas y líquidos alcohólicos con 12.0%.

De acuerdo a las cifras del Banguat, las industrias agropecuarias tuvieron un incremento del 15.3%, guiadas primariamente por los extraordinarios resultados del cardamomo, mientras que las industrias manufactureras apenas reportaron un crecimiento del 0.1% respecto del valor exportado en el año 2019.

Según el Icefi, para 2021, el FMI espera un crecimiento significativo de los volúmenes de las exportaciones de todos los países de la región, con la excepción de Honduras, que aún registrará una contracción por el orden del 0.8%. Los países con mayor desempeño serán Panamá (12% según el FMI, 5.5% según la Cepal y 9.9% de acuerdo con el Banco Mundial) y El Salvador, ambos como consecuencia de la recuperación de la capacidad de producción, posteriormente a la pandemia de COVID-19.

Por su parte, el volumen regional de las importaciones de bienes y servicios, conforme información del FMI, continuó la senda negativa iniciada en 2018 cuando reportó una disminución del orden de 1.6%, mientras que en 2019 la contracción fue del 1.7% y de 10.2% en 2020, este último valor fuertemente influenciado por la reducción del consumo y la inversión en la región, asociados con los efectos de la pandemia de covid-19.

Así los países que mostraron los efectos más severos en la contracción del volumen del comercio internacional fueron Panamá y Costa Rica, con 38.2% y 10.9% de reducción, respectivamente.

En forma complementaria, el precio internacional de los combustibles sufrió una reducción considerable en 2020, lo que produjo una contracción complementaria en el valor de las compras de bienes y servicios al mundo por parte de la región. De esa forma, y con información de Cepal (2021), las importaciones de Panamá habrían registrado un mínimo del 25.0% de contracción respecto del año anterior, como consecuencia de una disminución del 60.1% en la factura petrolera, muy asociado a la reducción del transporte y de las operaciones aeroportuarias y del Canal.

Por su parte, El Salvador reportó una disminución del 11.8% en el valor CIF de las importaciones, registrándose reducciones tanto en los bienes de consumo con 7.1%, bienes intermedios con 18.5%, de capital con 0.7%, como en las importaciones de maquila con 25.7%.

La factura petrolera reportó una contracción del 36.8%. De acuerdo con el informe del BCR, el país que reportó la mayor caída en las compras de los ciudadanos salvadoreños fue Estados Unidos con 23.5%, mientras que las importaciones procedentes de China lo hicieron en 10.2%. Costa Rica por su parte reportó una contracción del 10.2% en el valor de sus importaciones cambiaria, y facilitó que los países mantuvieran en esencia los mismos lineamentos observados hasta 2019.

Así, y además de la unificación cambiaria total en El Salvador y Panamá (que, si bien garantiza a ambos países estabilidad cambiaria, les resta grados de libertad para una apropiada política económica), el tipo de cambio regional se mantuvo muy estable, registrando depreciaciones entre el 0.3% en Honduras y el 3.1% en Nicaragua, este país más acorde a la variación del nivel de precios domésticos.

De acuerdo con la información disponible, el país de la región que reportó un nivel de depreciación más alto fue Nicaragua, que culminó el año con un tipo de cambio de 34.82 córdobas por $1.00, y con ello registró una variación del 3.1% en el tipo de cambio. Si la depreciación se contrasta con el 2.9% de la inflación observada, se puede concluir que este país reportó una ligera mejora en la competitividad de sus exportaciones, al depreciar su tipo de cambio real, por supuesto asumiendo constantes los precios de sus principales competidores.

Por su parte, Costa Rica terminó 2020 con un tipo de cambio oficial medio de 613.92 colones por $1.00, reportando así una depreciación del 1.0% del colón, prácticamente igual al nivel inflacionario reportado en el país (0.9%), por lo que el valor del tipo de cambio real se mantuvo relativamente constante.

Honduras por su parte, concluyó el año con un tipo de cambio de 24.75 lempiras por $1.00, lo que implicaría una depreciación del 0.3%, por debajo del nivel de inflación del 4.1% reportado, por lo que se puede afirmar preliminarmente que Honduras continuó deteriorando su tipo de cambio real y por ende su competitividad internacional.

Finalmente, Guatemala concluyó 2020 con un tipo de cambio medio de alrededor de 7.79 quetzales por $1.00, registrando así una depreciación nominal del 0.5%, que, si bien es convergente con la política de control inflacionario del país, está por debajo del nivel de inflación reportado (4.8%) lo que indica que continuó, al igual que en los últimos años, perdiendo competitividad internacional y apreciando su tipo de cambio real.

Crece el desempleo

En materia de empleo, el Icefi señala que los últimos datos oficiales de cada país, así como de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), confirman la percepción del empeoramiento regional de la situación de los trabajadores, tanto como consecuencia de la débil estructura económica, como del impacto causado por la pandemia de COVID-19, así como del paso de los huracanes Eta e Iota que causaron serios estragos en Centroamérica.

Los datos en general muestran que, en todos los países, salvo en Nicaragua, se produjo un incremento en el desempleo abierto durante 2020 que en definitiva implicó un impacto sobre el bienestar de los trabajadores.

Conforme los datos, Costa Rica reporta un empeoramiento significativo de los niveles de desempleo abierto que alcanzaron alrededor del 20.0% de la Población Económicamente Activa (PEA) al final de 2020, seguido muy de cerca por Panamá que cerró con 18.5%, y que indiscutiblemente implican una contracción del bienestar de su población.

Complementariamente, Honduras vio elevar su nivel de desempleo del 5.6% reportado en 2019 al 9.4% de la PEA al cierre de 2020, mientras que El Salvador lo hizo desde el 4.0% en 2019 al 7.0% en 2020.

Como es de esperarse, los países con los menores impactos en el empleo, atendiendo tanto a la limitada protección social de sus gobiernos, como a la decisión de no implementar medidas para proteger a la población por los efectos de la pandemia de covid, fueron Guatemala y Nicaragua.

En el primer caso, Guatemala, aunque sí experimentó algunas medidas de confinamiento, el muy alto nivel de informalidad económica, que mantiene muy bajo el desempleo abierto y que incluso algunos autores han comparado con el de economías muy avanzadas, reportó un crecimiento de 2.3% de la PEA, al pasar de un desempleo del 2.4% en 2019 al 4.7% en 2020.

Por su parte, en Nicaragua, cuyo Gobierno no emprendió en esencia medidas para proteger a su población de los efectos del covid-19, el desempleo, de acuerdo a las cifras oficiales, se redujo de 5.1% en 2019 a 4.8% de la PEA, acorde al proceso de recuperación económica.

Hitler Cigarruista

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