Panamá necesita una diplomacia más activa

Panamá necesita una diplomacia más activa

El principal papel que deben jugar los embajadores que nos representan en los países  con quienes mantenemos relaciones diplomáticas debe ser la defensa de los intereses de Panamá

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La semana pasada los equipos negociadores de Panamá y Colombia se reunieron en ese vecino país, convocados por la Organización Mundial de Comercio (OMC), para tratar de encontrar una solución al conflicto comercial surgido por la decisión de nuestro vecino sudamericano de establecer un arancel mixto a los textiles y calzados procedentes de la Zona Libre de Colón, (ZLC), con el propósito de proteger a su industria local.

Y es increíble que la semana completa transcurrió sin que ninguna entidad del Estado nos haya dado información confiable sobre los resultados de esas conversaciones. Esto es preocupante, porque hablamos de negociaciones en las que están vinculados representantes de varios ministerios como Economía y Finanzas, Comercio e Industrias y Relaciones Exteriores.

Hay que admitir que, quizás, los funcionarios de Relaciones Exteriores no necesariamente son quienes nos representan directamente en la mesa de negociación; sin embargo, nadie puede negar que dicho ministerio tiene una tarea fundamental que cumplir en este y cualquier otro conflicto, ya que el principal papel que deben jugar los embajadores que nos representan en los países  con quienes mantenemos relaciones diplomáticas debe ser la defensa de los intereses de Panamá y de sus ciudadanos, como lo señala el artículo 17 de la Constitución de la República de Panamá.

Ya hemos mencionado en múltiples ocasiones que Panamá ha sido objeto, durante el presente año, de una serie de ataques mediáticos dirigidos a socavar nuestra plataforma de servicios internacionales y que, incluso, el conflicto comercial con Colombia -de una u otra forma- está vinculado a esa escalada informativa destinada a mostrarnos ante el mundo como un paraíso fiscal y una plataforma para el lavado de activos procedentes de la evasión fiscal y de presuntos actos delictivos perpetrados en otros países.

Sin embargo, hasta el momento, no hemos visto a nuestros embajadores en los países en donde se originan dichos ataques, dar la cara por Panamá en los medios de comunicación de los países en donde cumplen misión, dejando en claro que nuestro país no es un paraíso fiscal y demostrando, con las pruebas existentes, que hemos avanzado en la aprobación de una gran cantidad de leyes destinadas a prevenir y combatir el lavado de activos y que nuestros únicos pecados son contar con un sistema tributario territorial y pedir reglas claras, justas y equitativas para implementar los sistemas de intercambio de información financiera y fiscal con otros países.

Ni el embajador de Panamá en Washington, Emmanuel González Revilla, ni la embajadora de Panamá en París, María Del Pilar Arosemena de Alemán, ni la embajadora de Panamá en Colombia, María Villa Real Alonso, han aprovechado los medios de comunicación de los países donde nos representan o las cadenas internacionales de noticias, para defender a Panamá de los ataques a que ha sido sometida en forma pública e infame o para explicar la posición del actual Gobierno.

Tan solo la embajadora de Panamá ante el Reino de España, María Mercedes de la Guardia de Corró, ha tenido el decoro y la honra de publicar en ese país un artículo de opinión de su autoría (el cual fue reproducido en las páginas de Capital Financiero para beneficio de nuestros lectores) defendiendo a Panamá de los ataques infundados generados desde Francia por la publicación que se refirió a la creación de sociedades anónimas
offshore, por parte de la firma forense Mossack- Fonseca.

En conclusión: El país necesita una diplomacia más activa y eficaz en la defensa de Panamá y de sus intereses. Es lastimoso que un país admirado en todo el mundo por la gran capacidad de negociación de sus diplomáticos, hoy está viendo empañada su imagen y que quienes nos representan en las principales capitales del mundo, no sean los primeros en salir a la palestra pública, a defenderla.

Es posible que algunos de ellos sientan que su labor es meramente diplomática, es decir, buscar la forma de mejorar e incrementar las relaciones económicas, políticas y culturales entre Panamá y los países en los que nos representan, sin embargo, la realidad es que el país necesita que quienes lo representan estén siempre en la primera línea de defensa cuando es atacado.

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