¿Panamá, país minero o turístico?

¿Panamá, país minero o turístico?

La reciente decisión del Gobierno Nacional de incorporar al Régimen de Concesiones Mineras las 25 mil hectáreas antiguamente otorgadas a Petaquilla Gold, subsidiaria de Petaquilla Minerals, ha desatado un debate en relación con la minería en el país, su potencial aporte económico y su impacto sobre otras actividades, como el turismo y la agricultura.

Respetando las posiciones a favor y en contra, en aras del diálogo y la participación ciudadana, me permito hacer algunas reflexiones. Panamá se encuentra en una coyuntura crítica, por lo que la discusión debe ir mucho más allá de los señalamientos puntuales con respecto a un proyecto o una actividad en particular, o el agotamiento de un modelo económico.

Luego de 30 años de crecimiento económico y expansión del empleo, el país perdió 289 mil plazas de trabajo (15% de su fuerza laboral), que en una economía que genera 45 mil empleos anuales (promedio 2014-2019), tomará más de 6 años recuperar. No hay manera de matizar este hecho. Más aún, el COVID-19 marca la finalización de una etapa.

Panamá vivió una bonanza económica excluyente, que nos llevó a tener el más alto ingreso per cápita de Latinoamérica y ser el sexto país más desigual del mundo, a la vez. De hecho, en la última década (2010-2020), durante la cual ampliamos el Canal, hubo millonarias inversiones en infraestructura y el salario promedio aumentó 90%, 92 de cada 100 empleos generados fueron informales, y los otros 8 fueron resultado de aumentos en la planilla estatal. De no haberse dado esos incrementos, el desempleo hoy sería 25%, no 18.5%.

En el 2020, la planilla estatal aumentó y el impacto laboral del COVID-19 lo sufrió exclusivamente el sector privado, que perdió 327,340 plazas de trabajo, 37% de sus empleos formales, en un año. Este fenómeno es directamente responsable de la caída del 40% en los ingresos de la Caja del Seguro Social (CSS) en el 2020 y la reducción de unos $600 millones mensuales de consumo ($7,200 millones anuales).

La dramática reducción de empleo formal acentuó la contracción que inició en el 2013, cuando los asalariados privados representaban 53% de todos los empleos, para caer a 33% en el 2020, una reducción de 20 puntos en 7 años.

Hoy tenemos menos asalariados privados y casi el doble de funcionarios de los que había en el 2004, y 2 de cada 3 trabajadores son informales o funcionarios. Esto no es sostenible.

Cada $1 en salarios privados aporta $0.23 a las finanzas del Estado, vía Impuesto sobre la Renta, Cotizaciones a la CSS y Seguro Educativo. El salario del funcionario también, pero siendo el Estado el empleador, equivale a “sacarse de un bolsillo para metérselo en el otro”.

Los sectores que aportaron más de la mitad de los empleos entre el 2009 y 2019 no generarán empleo en la misma proporción, y serán principalmente empleos informales. Estas actividades incluyen al Comercio (47.2% de empleo informal), Construcción (58.9%), Agricultura (75%), Industria (60.4%), Logística (59.5%) y Turismo (52.1%).

Sectores con bajos niveles de informalidad, incluyen a la Minería (7.2%) y las Actividades Financieras y Seguros (8.2%). En este contexto, el Gobierno adelanta esfuerzos para atraer Inversión Extranjera Directa (IED) y explorar nuevos sectores económicos, incluyendo la Minería.

El 70% de la IED proviene de la reinversión de utilidades, pero necesitamos dinero fresco. La Ley No. 41 de 2007, que creó el Régimen de Sedes de Empresas Multinacionales (SEM) en Panamá ha atraído $1,100 millones en inversiones y generado unos 35 mil empleos formales.

Por otro lado, informes del Centro Nacional de Competitividad (CNC) y la firma INDESA acerca de la operación de la empresa Minera Panamá, documentan unos 5 mil empleos formales directos (39 mil empleos directos, indirectos e inducidos) y $583 millones anuales en consumo, a través de compras de insumos y servicios en el país.

A las consideraciones de tipo contractual, impositivo, ambiental, etc., sobre IED y las actividades económicas a desarrollar en el país, debemos hacer estas preguntas. ¿Cuántos empleos formales se van a generar? ¿Cuánto consumo se agregará a la economía? ¿Cuántos empleos indirectos e inducidos se generarán? ¿Cómo medimos y visibilizamos esos impactos?

Para distribuir riqueza primero hay que generarla, y sin inversión privada no habrá generación de empleo. No obstante, será difícil salvar a la Caja del Seguro Social (CSS) si no creamos empleo formal y decente, mientras que será IMPOSIBLE disminuir la desigualdad social en el país sólo generando empleo informal y aumentando la planilla estatal.

La pluma invitada de ElCapitalFinanciero.com es:

 

René Quevedo
Asesor empresarial

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