Panamá puede ser un centro global de investigación para el desarrollo de medicamentos

Panamá puede ser un centro global de investigación para el desarrollo de medicamentos

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Posiblemente usted sepa que GSK es una empresa farmacéutica global de cuidado de la salud que investiga, manufactura y hace disponible una amplia gama de medicinas, vacunas y productos de consumo masivo, orientadas a tratar una gama de condiciones médicas desde enfermedades respiratorias hasta VIH/SIDA. También es factible que sepa que esa  empresa de capital inglés es uno de los líderes mundiales en materia de desarrollo e  investigación de vacunas para proteger a niños, adolescentes y adultos contra enfermedades infecciosas y que posee uno de los portafolios de vacunas más amplio de la industria.

Pero estoy seguro que lo que usted no sabe, y quizás no podría adivinar jamás, es que el centro de investigaciones para el desarrollo de vacunas de GSK para Latinoamérica se encuentra ubicado en la Ciudad del Saber, en la antigua base militar estadounidense de Clayton, y mucho menos que  es dirigido por un panameño que estudió en el Colegio Pedro Pablo Sánchez de La Chorrera y que se graduó en la Facultad de Medicina de la  Universidad Autónoma de Guadalajara, cuyo nombre es Eduardo Ortega, que con su conocimiento, talento y compromiso social ha logrado poner a nuestro país en el mapa de la investigación y desarrollo en vacunas.

El doctor Ortega es un convencido del impacto positivo que tiene en la vida de las personas  las vacunas, como mecanismos para protegernos de enfermedades que pueden tener graves secuelas para los seres humanos como la polio, el sarampión o la rubiola, enfermedades que han sido virtualmente erradicadas en América Latina y el Caribe, incluyendo Panamá, gracias a los programas masivos de vacunación que desarrollan las autoridades de Salud.

Ortega conversó ampliamente con Capital Financiero sobre su experiencia en GSK, las razones que motivaron el establecimiento del centro de investigación de vacunas de esa empresa en Panamá y las oportunidades que ofrece la Ciudad del Saber para que más farmacéuticas puedan establecer en Panamá unidades de investigación y desarrollo, lo que, sin duda, tendría un impacto significativo en el desarrollo de la ciencia en nuestro país.

-¿Cuándo inició su carrera en GSK?

-Yo ingresé a GSK en 2005, luego de haber regresado a Panamá en 1998 tras 11 años de haber permanecido en Estados Unidos, específicamente en California donde me había dedicado a realizar investigaciones científicas y la única condición que impuse para trabajar en la empresa fue poder hacerlo desde Panamá, pese a  que la oficina de investigación se encontraba en Costa Rica, porque teníamos la decisión familiar de establecernos en nuestro país y yo sentía un compromiso con mi país que me permitió estudiar toda la secundaria y la universidad, incluso en México para la especialidad de pediatría, primero con una beca y luego con un préstamo. Ellos aceptaron y comencé a laborar en San José, Costa Rica, hacia donde viajaba todos los lunes  muy temprano  y retornaba a Panamá los viernes.

En 2006 yo era responsable de la región Andina, Centroamérica y el Caribe. Pero, tras un  año de trabajo nos propusieron encargarnos de la oficina de investigación de vacunas para América Latina, lo que implicó un reto porque el centro estaba en Rio de Janeiro, Brasil, y aunque me lleve a mi mano derecha tuve que reestructurar el equipo y trabajar para retener a gente muy talentosa, pero luego de un año de trabajo fui nombrado vicepresidente y director del Centro de Investigación de Vacunas de GSK en América, es decir, desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

-¿Cómo evalúa su experiencia en Brasil?

-Como usted sabe Brasil es un país muy grande con una población que ronda los 200 millones de habitantes y cada año nacen 3 millones de niños, por eso es un mercado muy importante para el desarrollo y comercialización de vacunas. Brasil es un país de muchos contrastes, con grandes diferencias sociales y, por tanto, una parte de la población es muy pobre y durante esa época el presidente Lula Da Silva incluyó la producción de vacunas entre las prioridades del país.

De hecho, Brasil es uno de los pocos países del mundo que tienen como política atraer a las empresas farmacéuticas a su mercado, pero con el compromiso de transferir esa tecnología a especialistas nacionales, convirtiéndose en autosuficientes en materia de desarrollo y  producción de vacunas.

-¿Cómo llega esta oficina de investigación a Panamá?

-Luego de cinco años de trabajar en Brasil se comenzó a discutir la necesidad de reubicar el grupo de desarrollo e investigación de vacunas en un lugar más accesible y nosotros convencimos a la oficina de Bélgica de establecerla en Panamá y uno de los temas que influyó en esa decisión fue la ubicación del país en medio del continente, otro fue su alta conectividad gracias al Hub de Copa Airlines, que nos permite estar en cualquier capital o ciudad importante del continente en menos de siete horas, y finalmente está la Ciudad del Saber, con todos los beneficios que otorga a las instituciones que se establecen en ella.

Inicialmente se pensó en México, nuevamente por el tamaño de la población, ya que  hablamos de 100 millones de habitantes, pero las normas de la Ciudad del Saber ayudaron a traer a Panamá esta oficina porque permite atraer talento de cualquier parte del mundo sin ningún tipo de limitación y también permite importar todos los equipos de investigación clínica, reactivos o materiales libre del pago de impuesto. Pero hay que destacar que otro elemento importante es que Panamá cuanta con muy buenos investigadores clínicos. Y aquí es importante distinguir entre la investigación clínica y la investigación básica, el investigador básico experimenta en los laboratorios, pero el investigador clínico es el que evalúa los efectos de la aplicación de las vacunas en los seres humanos, y este último proceso puede demorar hasta 10 años.

La investigación clínica se desarrolla tres fase, la fase uno es para confirmar que la vacuna es segura en un pequeño número de individuos (usualmente adultos sanos), la fase dos, de experimentación, se realiza con un grupo de personas más grandes y la fase tres es para determinar si la vacuna realmente es capaz de prevenir la enfermedad que debe combatir.

Como le dije, este proceso,  de diseñar una vacuna, toma 10 años y tiene un costo aproximado de $500 millones a $1.000 millones por cada vacuna.

-¿Qué importancia tienen las vacunas para la salud humana en la actualidad?

– Las vacunas son productos muy complejos, porque son productos biológicos. Hablamos de una bacteria que ha sido inactivada o de una parte de una bacteria que ha sido purificada o que ha sido genéticamente producida en otro organismo o un virus atenuado, entonces hablamos de poner en un individuo sano una molécula que proviene de otro organismo,  entonces es importante asegurarse que este procedimiento sea seguro.

Ahora, un elemento importante es que América Latina cree en la vacunación. La vacunación está en el ADN de los latinoamericanos, lo que incluye no solo a las autoridades, sino también a los profesionales de la salud y la población. Y eso se debe a que los beneficios de las vacunas solo pueden ser comparables al acceso al agua potable.

De hecho, la única medida de salud pública que ha logrado eliminar algunas enfermedades como la viruela, la rubiola, la polio, el tétano neonatal y el sarampión ha sido la vacunación. No hay ningún antibiótico que haga eso.

En el caso de Panamá, los niños son vacunados a las horas de nacer contra la polio y posteriormente, a las seis semanas, recibe un paquete de vacunas que lo inmuniza contra una amplia variedad de enfermedades. Entonces, el desarrollo de las vacunas es caro, pero las empresas farmacéuticas tienen estrategias comerciales para facilitar el acceso de toda la población a estos medicamentos, estrategia que toman en cuenta el tamaño de la población, el Producto Interno Bruto (PIB), el número de vacunas que se van a comprar y el número de años por el que se van a comprar. Por ejemplo, Estados Unidos y Europa pagan más por unavacuna que países más pobres.

¿En qué trabaja en este momento el centro de vacunas de GSK en Panamá?

-Como le comenté nosotros regentamos las investigaciones de vacunas en toda América Latina, así que actualmente tenemos estudios de investigación clínica desarrollándose en México, República Dominicana, Honduras, Chile y Panamá. Estamos trabajando sobre una vacuna contra la meningitis por meningococo, en una vacuna contra el zoster, que es el virus que causa la varicela, en una vacuna contra el estreptococos del grupo B y en una vacuna para prevenir la neumonía, que es la causa más común de hospitalización y mortalidad en niños pequeños afectados por enfermedades pulmonares.

Actualmente adelantamos 25 investigaciones en toda América Latina, con 15.000 sujetos en estudios de investigación en los países antes mencionados y Panamá ha jugado un papel muy activo en esas investigaciones, gracias a que nuestro país cuenta con muy buenos investigadores clínicos. De hecho, Panamá participó desde el año 2000 hasta el 2006 en los estudios para el desarrollo de la vacuna del rotavirus, una enfermedad que causa diarrea y vómito en los niños y que cobraba la vida de 500.000 niños a nivel mundial, pero gracias a esa vacuna se ha reducido la mortalidad hasta en un 40% en América Latina y  en Panamá.

Los investigadores panameños también participaron en el desarrollo de vacunas contra el neumococo y virus del Papiloma Humano así como la medición del impacto de la vacuna  de la Hepatitis A, y esto significa menos enfermedad, menos hospitalizaciones y, por tanto, un menor gasto en servicios de salud pública.

-¿Qué puede hacer Panamá para atraer más centros de este tipo al país?

-Yo pienso que hay que invertir en ciencia, en innovación y tecnología. Panamá es un país que por su posición geográfica y el Canal de Panamá se ha concentrado en invertir en infraestructura y en el desarrollo de servicios, pero el país necesita invertir en investigación y desarrollo, tal como lo han hecho los países que han alcanzado su pleno desarrollo.

También es importante facilitar el desarrollo de la investigación clínica con leyes que favorezcan la instalación centros de investigación, pero para ello necesitamos incentivar a  nuestros jóvenes, y especialmente a nuestros médicos jóvenes a inclinarse por la investigación. Igualmente necesitamos apartar de  nuestro presupuesto un fondo para investigación y desarrollo en salud, un porcentaje de nuestro PIB.

Aunque a decir verdad, pienso que el país cuenta con un instrumento formidable para atraer actividades de investigación y desarrollo, que es la Ley de Sedes de Empresas Multinacionales (SEM), que ha facilitado el establecimiento de algunas operaciones de GSK en Panamá y que puede ayudar a convertir al país en un verdadero centro global de investigación para el desarrollo de medicamentos.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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