Panamá registra leve reducción de la pobreza

Sigue concentrada en las áreas rurales y las comarcas indígenas

niños jugando web

La economía panameña ha registrado en la última década fuertes tasas de crecimiento, sin embargo, esto no ha sido suficiente para poner fin a uno de los principales problemas del país, la falta de equidad, al punto que a pesar que el país registra avances en la reducción de los niveles de indigencia y pobreza, todavía hay altos índices en las comarcas indígenas y en aquellas provincias con una mayor proporción de personas que residen en áreas rurales de difícil acceso o con presencia de comunidades indígenas.

Un estudio elaborado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y publicado recientemente indica que en 2014 unas 5.210 personas salieron de la indigencia y 4.004 superaron los niveles de pobreza, lo que ubica en 11,0% la porción de la población que vive en condiciones de pobreza extrema,  en tanto que un 25,8% de los panameños es pobre.

Ambos indicadores muestran un leve descenso respecto al año 2013 cuando el 11,1% de la población vivía en la indigencia y 26,2% lo hacía en condiciones de pobreza.

Las estimaciones del MEF indican que el ingreso mensual necesario por persona, para costear la canasta básica de consumo de alimentos, tenía que ser de por lo menos $58,78 en el área rural y de $69,46 en la urbana para no caer en la indigencia.

El aumento en el valor de cada canasta fue de 4,7% y 4,5%,  respectivamente, pero dichos incrementos fueron menores a los reportados en igual mes del año 2013, cuando alcanzó  6,6% y 5,9%, respectivamente.

En tanto, la línea de pobreza general se estimó en $105,19 en el área rural y de $141,53 en el área urbana, lo que representó una subida de 3,3% y 3,4%, en cada una. Ambos valores también, menores a los aumentos del mismo mes del año anterior (4,6% y 4,5%, en orden).

Crecimiento económico

Estas cifras pueden parecer contradictorias si se toma en cuenta que Panamá, una vez más, se ubica como el país que registrará la mayor tasa de crecimiento económico en la región en el año 2015, según el último balance preliminar de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

A este respecto es importante destacar que mientras ese organismo de Naciones Unidas ha revisado a la baja la proyección del crecimiento económico de la región para 2015, estimando en 1,0 % el aumento del Producto Interno Bruto (PIB) regional, mantuvo en 6,0% las proyecciones de crecimiento para Panamá, lo que ubica a este país como el de mayor crecimiento de América Latina y el Caribe.

Las proyecciones de Cepal coinciden con las estimaciones oficiales del MEF, que ubican entre 6,0% y 6,5% la tasa de crecimiento del PIB de Panamá para este año, lo que según el titular de esa cartera, Dulcidio De La Guardia, evidencia que el país no está atravesando una desaceleración económica.

No obstante, De La Guardia aclaró una vez más, que si bien la ejecución del presupuesto de inversiones no marcha a la misma velocidad que en la administración anterior, esto se debe a que la actual administración no solo está comprometida a cumplir las normas legales en materia de licitaciones públicas y transparencia en la administración de los recursos del Estado, a fin de evitar el despilfarro de recursos, los sobre precios y la corrupción, sino también que  busca garantizar una tasa de crecimiento más sostenible y una inflación menos volátil.

La pobreza en el área rural

En las áreas rurales del país, la principal fuente de trabajo de las personas más pobres, ha sido siempre la agricultura y en especial la de subsistencia. Los ingresos laborales mensuales que se perciben o se declaran por realizar estas actividades, distan mucho de alcanzar el necesario para sufragar una canasta básica de alimentos y así superar la indigencia, más aún cuando tienen que ser repartidos entre una mayor cantidad de miembros por hogar.

Este año, 26,3% de la población rural se encontró viviendo en condiciones de pobreza extrema, mientras que el año pasado lo fue el 26,7%. Al dividir el ingreso laboral total mensual del hogar por la cantidad de miembros que lo conforman, a los que integraron el primer decil (el 10% de la población con menos ingresos) en esta área les hizo falta en promedio la suma de $49,46 para poder adquirir la canasta básica de consumo de alimentos, mientras que los del segundo, tercer y cuarto les faltaron: $40,62, $26,10 y $10,08, respectivamente.

Con las ayudas del Gobierno y de otras instituciones o personas, las diferencias entre estos ingresos y la línea de indigencia se acortaron para los del tercer decil ($3,07) y a partir del cuarto la superaron; no obstante, no fue lo suficiente para los del primero y segundo, dado a que el ingreso promedio mensual laboral per cápita de ambos grupos fueron tan bajos que aún con las ayudas les faltaron $35,81 y $17,72, respectivamente.

En el caso del 10% más pobre, en la estructura del ingreso promedio per cápita, los ingresos laborales representaron tan solo el 40,6%, siendo las ayudas del Gobierno la principal fuente de ingreso (49,7%) que sumadas a las de otras instituciones o personas (9,7%), en total abarcaron el 59,4% del ingreso disponible.

La principal actividad realizada por este grupo de personas (ocupados de 15 años y más de edad) es la agricultura, la foresta, la pesca y la caza; el 83,3% (36.858 personas, que representan el 29% de la población total del primer decil) declaró dedicarse a este tipo de actividades y de estos el 91,9% al cultivo de subsistencia para cubrir sus necesidades alimentarias. En estos casos, el ingreso laboral por autoconsumo quedó determinado por la valoración monetaria que las personas estimaron por los productos cosechados para su alimentación y no por los precios utilizados en la estimación del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Este hecho distorsiona el valor del ingreso laboral y lo subestima, más cuando el informante debe recordar las cantidades cosechadas de cada producto y de éstas, las que utiliza para su consumo diario, además debe estimar un valor monetario aproximado al de otros consumidores que adquieren los alimentos en el mercado, lo que también implica que exista una mayor probabilidad que solo reporte el valor de las más recientes o en sí de las que logre recordar en el momento en que fue encuestado.

La pobreza general, se mantuvo en 49,7% en el área rural. El presupuesto mensual por persona de los hogares del quinto decil contó de las ayudas del Gobierno, principalmente, y de otras instituciones o personas ($28,96, en conjunto) para aproximarse al valor de la línea de pobreza general; los del sexto, con $44,21 para superarla.

La proporción del ingreso laboral en cada grupo fue de 69,9% y 65,3% del total. En el grupo del séptimo decil, los ingresos laborales per cápita superaron la línea por $17,21 y con las ayudas se situaron en $165,87, pero en cambio en este caso el ingreso laboral representó el 73,8% del ingreso total y fue más importante.

La situación es muy diferente en las áreas urbanas en donde se ha llegado a niveles mínimos de pobreza extrema y donde pueden surgir variaciones ligeramente superiores o inferiores, por el hecho de ser situaciones originadas por circunstancias más puntuales, como por ejemplo las migraciones de personas a estas áreas en busca de mejores condiciones de vida o el desarrollo de actividades generadoras de empleo.

De acuerdo con el MEF, los resultados obtenidos corroboran que las labores que realizan las personas más pobres generan ingresos muy por debajo del necesario para salir de esta condición, aún cuando reciban ayudas gubernamentales y de otras instituciones privadas o personas.

Además, por el hecho de que en su mayoría son ingresos laborales por autoconsumo, hay un tema de valoración que influye en la determinación de las proporciones de los diferentes niveles de bienestar.

Las áreas indígenas

Hay avances en la reducción de  los niveles de pobreza extrema y general, pero en las comarcas indígenas los altos índices son una constante desde los inicios de su medición, independientemente de la variable utilizada en la metodología (ingreso o consumo).

De este hecho tampoco escapan las provincias con una mayor proporción de personas que residen en las áreas rurales de difícil acceso o con presencia de comunidades indígenas. Sus índices duplican o triplican la media calculada para el conjunto de estas unidades administrativas, según sea la condición de bienestar.

En las comarcas indígenas los índices de indigencia y de pobreza general descendieron, pero aún así la evolución de ambas condiciones continúa cediendo poco. La proporción de personas en pobreza extrema en la Comarca Guna Yala se redujo de 61,2% a 60,7%, en la Emberá de 40,7% a 40,3% y en la Ngäbe Buglé de 70,2% a 69,7%.

La pobreza general se redujo principalmente en la Comarca Emberá (de 72,9% a 70,9%) y menos en la de Guna Yala (de 81,1% a 80,7%) y la Ngäbe Buglé (de 90,1% a 89,2%).

Asimismo, en las comarcas o áreas indígenas existe la necesidad de contar con una medición acorde con su realidad, dado que la información e indicadores con que se nutre la metodología no toman en cuenta sus hábitos de consumo y las características propias de estas comunidades (por ejemplo las de vivienda).  La líneas de indigencia y pobreza, el costo de la canasta básica de consumo de alimentos y la de aquella constituida, además por otros productos y servicios, que determinan las respectivas líneas de indigencia y pobreza general, en el área rural y en la urbana, creció menos que en marzo del año pasado. El incremento en las líneas de pobreza ha sido menor, en especial en el resto urbano. En esta última los precios al por menor en las ciudades y distritos que comprende, son utilizados para estimar las líneas del área rural.

Nivel de bienestar

Como se pudo observar cuando se dividió la población por deciles, de igual manera al hacerlo por niveles de bienestar, el ingreso en los hogares más pobres se reparte entre una mayor cantidad de miembros. En los hogares que no estaban en condiciones de pobreza el ingreso fue repartido entre 3,3 personas y en los hogares en pobreza extrema, entre 5,3.

Entre más miembros en el hogar y más bajos ingresos laborales, existen más posibilidades de que el ingreso per cápita esté por debajo de la línea de indigencia.

Por áreas, en los hogares en pobreza extrema de las áreas rurales, el ingreso se repartió entre 5,9 miembros y los que estuvieron en igual condición en la urbana, entre 3,8. En las comarcas indígenas y en  las provincias de Bocas del Toro, Veraguas y Darién, en donde los niveles de indigencia fueron los más altos, también sucedió que el ingreso tuvo que ser repartido entre más miembros por hogar.

Reacciones

José Luis Ford, presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, consideró que la empresa privada panameña ha sido exitosa generando oportunidades de empleo y que esto se ha traducido en una reducción significativa del desempleo y de los índices de pobreza e indigencia en el país, pero advirtió una vez más que para aprovechar esas oportunidades los panameños deben educarse y adquirir los conocimientos y las destrezas que demandan el mercado laboral.

Recordó que las estimaciones de la Cámara de Comercio indican que al cierre del año 2015 el país crecerá entre 6% y 7%, por lo que tanto el desempleo como los niveles de pobreza e indigencia mantendrán su tendencia actual a la baja.

En tanto, el secretario general del Sindicato nico de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs), Saúl Méndez, destacó que aún cuando los niveles de pobreza e indigencia en Panamá se han reducido, para   un  país que registra ingreso per cápita que supera los $9.000 anuales, es una verdadera vergüenza que el 11% de su población viva en pobreza extrema y casi un 26% en condiciones de pobreza.

Indicó que esto no solo refleja una pésima distribución de la riqueza socialmente producida, sino también la verdadera composición del mercado laboral panameño en el que 24,9% de las personas ocupadas son trabajadores por cuenta propia, lo que indica que un cuarto de los puestos de trabajo que genera el país se ubican en el sector informal de la economía, es decir, que el país todavía está lejos del pleno empleo como aseguran algunos economista y dirigentes empresariales.

Para Méndez estas cifras solo sirven para constatar el impacto negativo de las políticas neoliberales orientadas a flexibilizar el Código de Trabajo en materia de contratación y despido de la mano de obra, lo que ha generado el traslado de miles de trabajadores del empleo formal al sector informal de la economía.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

Más informaciones

Comente la noticia