Panamá, un país de puertas abiertas a todo menos al talento

Panamá, un país de puertas abiertas a todo menos al talento

Escribí hace poco una columna acerca de la presentación de un estudio, muy positivo, sobre la economía panameña y sus perspectivas de crecimiento que ofreció el profesor de Harvard, Ricardo Hausmann, al Harvard Alumni Club de Panamá. Me enfoqué en la forma positiva cómo el prestigioso profesor se refirió a Panamá, pero obvié de manera deliberada una gran advertencia que hizo el orador. Y lo hice porque considero que amerita su propio espacio.

Me refiero, o más bien, se refirió Hausmann, a la muy obsoleta y perjudicial política migratoria laboral con que Panamá, so pretexto de proteger el talento nacional, se priva del influjo de conocimiento proveniente del extranjero. Hausmann dio como ejemplo las leyes de Sedes Regionales y área especiales como Panamá Pacífico que no permiten que profesionales extranjeros, calificados, puedan desarrollar empresas o innovaciones en Panamá si no están, exclusivamente, relacionadas a la razón laboral por la cual emigraron a nuestro país.

Que el profesional extranjero que viene con know-how a Panamá se tenga que ir a su país de origen o a otro que aprovechará su conocimiento es un absurdo. Nuestras leyes laborales panameñas son retrógradas y contraproducentes para un país tan necesitado y abierto a la Inversión Extranjera Directa (IED) como el nuestro.

A esto se llama “matar al tigre y tenerle miedo al cuero”. Es decir, conseguiste lo más difícil: Que las empresas extranjeras se establecieran en Panamá, para luego no darle la oportunidad a sus ejecutivos y empleados a quedarse en el país y transferir sus conocimientos o emprender un negocio que genere empleos, impuestos, servicios y productos de exportación.

Dio como ejemplo Estados Unidos (EE.UU.) y otros países en que los profesionales extranjeros que se radican en ellos tienen movilidad laboral horizontal y fundan empresas nuevas generando empleos, la especialización de la mano de obra o ayudan a otras empresas a mejorar y a competir globalmente. Y así fue mencionando ejemplos que ponen en evidencia que nuestro Código Laboral, un viejo instrumento de los años 70 y de izquierdas, -creado cuando el mundo no estaba globalizado- necesita reformarse para que el talento que Panamá atrajo con sus leyes especiales se pueda quedar en Panamá.

Hausmann hizo un excelente argumento, con ejemplos claros, del éxito que la política de apertura migratoria ha traído a las regiones, a las ciudades y a los países que han adoptado esa visión inclusiva.

En estos años en que Panamá ha abierto sus puertas y pregonado las bondades de la IED, nos hemos olvidado de respaldar con leyes y acciones el ingreso de algo aún más importante: El talento y el conocimiento de profesores, ingenieros, arquitectos y otro profesionales que podrían aportar de manera directa a la economía y de manera indirecta a algo en que todos coincidimos que Panamá tiene un gran déficit: La educación y la formación.

Álvaro Tomas
Abogado

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