Panameñas unidas por el emprendimiento

Panameñas unidas por el emprendimiento

La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) en Panamá es del 12.5% para las mujeres, según datos de 2015 del Global Entrepreneurship Monitor (GEM, por sus siglas en inglés)..

En su mayoría, las mujeres se enfocan en emprendimientos tradicionales.

Alimentos, belleza, cuidado de la salud, reciclaje, turismo, en menores porcentajes encontramos tecnología y logística, pero desde Canal de Empresarias trabajan para que se interesen en otras ramas, asegura Larú Linares, gerente de Emprendimiento Femenino de este programa, del Centro de Innovación de Ciudad del Saber.

El 52.5% de las mujeres emprende por razones de oportunidad, según el GEM Panamá 2015.

En el país se encuentran trabajando de manera independiente 188 mil 640 mujeres. De ellas, el 9% (16 mil 251) son dueñas de negocios con personal empleado, es decir que las mujeres son el 34% de los patronos de negocios en Panamá.

Las dueñas de negocio con personal empleado se concentran en tres sectores principalmente: hoteles y restaurantes (26%), comercio (25%) y servicios profesionales (12%), según el Instituto de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República.

Emprendimiento que une

Las panameñas Karoline Soto y Ana Lucía Escobar no se conocían hasta que el emprendimiento las llevó a cruzar sus destinos. A diferencia de la mayoría, ellas incursionaron en negocios poco comunes para las mujeres.

Hasta hace dos años, eran emprendedoras sumergidas en sus burbujas, tras un camino difícil, que se torna gratificante cuando, de manera tangible, ven sus ideas convertidas en proyectos empresariales de éxito.

Soto es propietaria de Monograma, un estudio de impresión que a través de la técnica de Letterpress, se reinventó como negocio en 2015 y Escobar es directora de Innovación de Future Business Learning (FBL), un centro de idiomas que ofrece cursos de inglés, español y portugués, principalmente a multinacionales en la ciudad de Panamá.

Detrás de sus vidas se esconden historias de cómo el emprendimiento cambió no solo sus existencias, sino la manera de ver el mundo y conectarse con la masa emprendedora de mujeres en Panamá.

El juego empezó otra vez

Fue para el año 2010 cuando su idea de emprender se concretó. Soto con 20 años de edad y su socio Juan Carlos Ballesteros, su actual esposo, renunciaron a sus trabajos para hacer realidad la visión que los inundó en aquel momento. Soto laboraba en el área de mercadeo de una empresa y Ballesteros en una imprenta.

Juan Carlos Ballesteros y Karoline Soto, propietarios de Monograma. Foto /Cortesía.

Parecía fácil, el socio tenía el conocimiento técnico y Soto sería la encargada de buscar los clientes para la empresa que, inicialmente se llamó Fast Print.

Fue necesario buscar el financiamiento para una máquina de impresión digital de 25 mil dólares. Con la liquidación de ambos, dieron un abono y pudieron obtener ese primer equipo, que les ayudó a empezar su negocio.

Fueron momentos duros. Soto cuenta que vivían en el área de Veranillo y la empresa proveedora del equipo se negaba a instalar la máquina en esa zona, por considerarla como “área roja”.

Tras la inversión en la máquina, quedaron 75 dólares para comprar la materia prima: tintas, papeles, entre otros insumos.

Rápidamente comenzaron a llegar pedidos, que, para ellos, significaban días sin dormir y trabajo arduo sin descanso, pero también una facturación de 12 mil dólares en el primer mes.

Soto aprovechó para aprender a pegar libros y empaparse de todos los procesos de producción y al presente, puede dirigir, aunque su socio no esté.

“Emprendimos porque teníamos conocimiento, ganas y era el momento”

Karoline Soto

Hace dos años las circunstancias llevaron a esta emprendedora panameña a plantearse nuevas ideas, cuando los clientes empezarona disminuir y el negocio no iba tan bien.

Fue allí cuando conoció el Canal de Empresarias y a través de internet, se inscribió.

Entendieron que algo tenían que hacer, estrenar un producto innovador y hacer un cambio en su empresa.

Cambiaron el nombre a Monograma y lanzaron la técnica de letterpress o impresión en relieve, para la que utilizan antiguas máquinas que se han convertido en parte de su familia. También tienen dos personas que forman parte de su equipo.

Equipo de colaboradores de Monograma. Foto Capital Financiero.

El Canal de Empresarias ha sido una experiencia que a Soto le sirvió para compartir con los demás su vivencia, se ha rodeado de mujeres, que al igual que ella, tuvieron la visión y valentía de iniciar su negocio, aún con los riesgos que conlleva.

Para ellos fue como “empezar el juego otra vez”

Entre idiomas

Así como Soto, Ana Lucía Escobar, de FBL, pensó que era la única mujer, tratando de cumplir un sueño, hasta que llegó al Canal de Empresarias y desde entonces no es la misma.

En su centro de idiomas, ahora hay procesos y capacidad de reacción, generan utilidades y se pueden pagar los salarios de 18 personas.

En el Canal de Empresarias conoció a Soto, su actual proveedora de servicios de impresión.

También hizo amistad con la emprendedora que vende miel boqueteña, las que diseñan joyas, las que hacen jabones orgánicos, entre cientos de mujeres panameñas con ganas de sacar adelante sus ideas.

Con una historia inspiradora, en el camino, incluso desistió del proyecto y pasó por crisis existenciales y económicas estremecedoras.

De profesión diseñadora gráfica, pero de corazón profesora de inglés. Comenzó a brindar clases en ese idioma para adultos, estando en Estados Unidos, donde vivió seis años, luego de tener que abandonar Panamá con su familia, en época de la dictadura.

Comenzó su negocio por el año 2010 en una oficina dentro de otra. Ella y su socio Chad Ingram, de nacionalidad norteamericana y también profesor de inglés, alquilaron el espacio por mi 600 dólares, el primer mes. Él puso 800 dólares para el depósito y ella 800 dólares más para el mes de renta.

Chad Ingram y Ana Lucía Escobar, propietarios de Future Business Learning. Foto Capital Financiero

Con su hija recién nacida, siendo madre soltera, a los 30 años inició la aventura, eran horas de trabajo que se hacían eternas. Tenían que ofrecer traducciones, tutorías, clases privadas y todo aquel servicio que les permitiera inyectar dinero a su proyecto.

Así transcurrieron los años, poco a poco fueron creciendo, hasta que, en 2013, tras un recorrido entre altas y bajas, surgió una crisis que, para Escobar, provocó que abandonara el proyecto. Se fue de Panamá a México y vendió todas sus pertenencias.

Sentía que no había espacio para ella en la empresa, su socio era el gerente general y las cuentas no iban bien.

Cinco meses después, luego de un tiempo de reflexión, meditación y lectura, regresó a su tierra a inicios de 2014 y realiza una prueba de Strenghts Finder (Encuentra tus fortalezas), de Gallup, empresa que se dedica a la investigación de mercados.

Admite que un poco deprimida, sacó fuerzas para dinamizar la empresa y hacer que diera frutos nuevamente, ya conociendo sus habilidades.

Un mar de mujeres

Para el año 2015 llega al Canal de Empresarias y el impacto no se hizo esperar.

Lo que me impactó fue que vi un mar de mujeres y yo que creía que era solo yo la emprendedora frustrada, perdida y desorientada”

Ana Lucía Escobar 

“Nos fuimos haciendo amigas, empezamos a trabajar juntas”, agrega diciendo que trabajar con mujeres, que al igual que ella, han emprendido, logra un maravilloso efecto.

Se ayudan entre sí, hablan de ventajas, se piden consejos y tienen la oportunidad de compartir sus vivencias.

Ana Lucía Escobar es además, mentora de Voces Vitales, una ONG que busca empoderar a mujeres líderes emergentes a través de actividades como esta caminata. Foto | Cortesía

Entre risas, cuenta que al principio era difícil hablar de sus problemas.

No podía ir donde la recepcionista a decirle: no tenemos cómo pagar y estamos esperanzados a que caiga un cheque. Tampoco podía ir donde los profesores.- Ana Lucía Escobar

Para Soto, en tanto, el Canal de Empresarias fue como el “despertar”.

Cambiamos de mentalidad y eso fue suficiente. Cuando puedes con tu emprendimiento contratar personas y saber que, a través de esas plazas de trabajo, dos familias panameñas pueden tener comida en su mesa, es más gratificante aún, expresa esta emprendedora, ahora madre de un niño de cuatro años.

Un Canal para Empresarias

La economía panameña ofrece en la actualidad oportunidades para el desarrollo de la empresarialidad en general, no obstante, las mujeres enfrentan una serie de barreras para incorporarse en condiciones de igualdad y equidad en el mercado, afirma la gerente de Emprendimiento Femenino del Canal de Empresarias.

Para el año 2013 surgió la idea de crear este programa, motivado por una estadística que ha empezado a cambiar: De cada 10 proyectos de emprendedores que decidían hacer realidad su negocio solo un proyecto era encabezado por una mujer.

Larú Linares, gerente de emprendimiento femenino del Canal de Empresarias.

A través del Canal de Empresarias, donde la mayoría de las participantes tiene entre 25 y 45 años de edad, buscan impactar en el desarrollo y crecimiento de negocios liderados y gestionados por mujeres, disminuyendo así la desigualdad.

En casi cinco años han capacitado más de mil 300 mujeres, actualmente crean un directorio que cuenta con más de 500 empresarias y tienen 13 alianzas de apoyo y de trabajo con miembros del ecosistema emprendedor de la banca, universidades, oenegés, y el sector público y privado.

Competir menos entre las emprendedoras y cooperar más, asociarse y apoyarse, para unir fuerzas, es el consejo que da Linares a la mujer que desea emprender, pero no se atreve.
Mientras que Escobar recomienda que lo importante es saber qué estilo de vida se quiere, por qué realmente una mujer quiere emprender, ya que, si piensa que es para trabajar menos, es una mentalidad errada.

 

No solo se trabaja más, sino que se tienen cientos de jefes. Cada cliente es tu jefe, expresa.

En eso coincide Soto, quien sin titubear dice que cuando se es emprendedor “se trabaja de día, de noche y madrugada”.

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