Periodismo de altura, en vías de la extinción

Periodismo de altura, en vías de la extinción

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Nunca me ha gustado criticar el trabajo de ningún colega, por razones éticas y respeto a la labor que realizan, por lo que no me referiré a nadie en particular, ya que este es un asunto que tiene ya un arrastre de varios años.

La causa por la cual me he decidido en hacer esta columna, es porque siento tristeza por cómo se ha venido perdiendo la credibilidad en las noticias, por la poca objetividad y la falta de profesionalismo a la hora de investigar si una información es cierta o falsa.

Con eso de convertir los noticieros matutinos en algo parecido a una corregiduría, donde a diario desfilan personas de todos los estratos sociales, haciendo denuncias y buscando cómo le pueden solucionar sus problemas.

Pienso que un noticiero es para dar a conocer hechos de vital importancia del acontecer nacional e internacional y no un espacio donde se hagan un sin fin de denuncias.

Eso por una parte, la otra es que con el supuesto de estar a la vanguardia con la tecnología y las redes sociales, se les pide a los televidentes den su opinión sobre cualquier tema, y en algunos casos pasar videos donde el presentador hace una interpretación del contenido, sin corroborar si verdaderamente es lo que sucedió, siendo la mayoría de las veces información errónea lo que se publica.

Otras de las causas que ha contribuido a que muchas personas opten por no ver los noticieros, es el pobre repertorio que exhiben en su léxico algunos periodistas, y es que muchos parecen no conocer el uso de los sinónimos y la mala dicción que los caracteriza hace que su comentario choque al oído de los televidentes o radioescuchas, a estos se suma el redundar sobre el mismo tema, hablando mucho con poco contenido informativo.

Ahora la última modalidad es la de los supuestos testigos o informantes encubiertos, la cual para mí es una técnica que se utiliza para hacer el menor esfuerzo en la búsqueda de la información, y asumir que lo que diga esta persona es cierto, con lo que se corre el riesgo de que al día siguiente la persona afectada salga a desmentir los señalamientos hechos en su contra, incluso con pruebas en mano.

Recuerdo que antes que yo empezara a ejercer en esta profesión, daba gusto sentarse a ver un noticiero, porque en esos tiempos se hacía un periodismo veraz y objetivo, donde en una información que tenía algún tipo de acusación contenía la posición de las dos partes en conflicto, no como ahora que solamente habla una parte y después en el próximo noticiero sale la versión del afectado.

Leoncio Vidal Berrío M.
lberrio@capital.com.pa
Capital Financiero

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