Petróleo: El 2014 no es el 2008

Petróleo: El 2014 no es el 2008

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El precio del petróleo ha caído un 55% desde julio del año pasado. Una caída tan brusca no se veía desde 2008, cuando el precio del crudo cayó también un 70% en un semestre. Puede ser tentador tratar de establecer paralelos entre ambas caídas, pero las similitudes llegan sólo hasta ahí, en la rapidez y contundencia del ajuste. La caída de precios de 2008 anticipó la crisis financiera global. La caída actual será, en general, positiva para la economía mundial.

El ajuste de los precios del petróleo a finales de 2008 coincidió con la quiebra de Lehman Brothers y el inicio de la crisis global, lo que disminuyó fuertemente la demanda mundial esperada de crudo. Asimismo, la mayor aversión global al riesgo producto de la crisis financiera revirtió los flujos financieros hacia las materias primas, entre otros activos de riesgo. En otras palabras, la corrección del petróleo en 2008 anticipaba un colapso del crecimiento mundial y de la demanda de crudo, como finalmente sucedió.

La caída de precios del crudo desde julio de 2014 ha reflejado también una cierta moderación de las expectativas de crecimiento mundial, pero en su mayoría (entre 2/3 y 3/4 de la caída) ha respondido a factores de oferta.

Resulta interesante dividir la caída de precios desde julio del año pasado en dos periodos diferentes. En el primer periodo, entre julio y finales de noviembre se acumula aproximadamente la mitad de la caída del precio observada hasta ahora. A esta caída del precio contribuyeron por un lado la disminución de las previsiones de crecimiento mundial (basta ver las revisiones a la baja de las previsiones del Fondo Monetario Internacional a lo largo de 2014 hasta octubre) y, por otro lado, las sorpresas al alza de la producción de crudo en países donde las tensiones geopolíticas anticipaban una oferta más moderada, como, por ejemplo, el caso de Libia. Con todo, un elemento importante también fue el continuado aumento de la producción de crudo no convencional en Estados Unidos (EE.UU) (shale-oil), que confiaba en que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) (especialmente Arabia Saudí) seguiría cumpliendo el rol de estabilizar los precios alrededor de $100,00 por barril.

Pero ese rol estabilizador de Arabia Saudí se empezó pronto a poner en duda y se confirmó con el mantenimiento de la producción de la Opep en su reunión del 27 de noviembre. A partir de ese momento el mercado ha seguido buscando el precio de equilibrio de corto plazo, sin dos de los actores que normalmente han servido en el pasado para amortiguar las caídas de precio. En primer lugar, la Opep (Arabia Saudí) ante el shock de oferta del shale-oil ha decidido conservar su cuota de mercado y dejar que el precio se ajuste a la baja. En segundo lugar, las instituciones financieras que solían entrar en el lado comprador en caso de caídas fuertes de precio ahora se ven más restringidas para hacerlo por los cambios regulatorios recientes.

El resultado es un precio del petróleo que no ha encontrado aún un suelo natural y que puede, incluso sobre reaccionar a la baja en el corto plazo. Los precios actuales ya están generando recortes importantes de planes de inversión en el sector petrolero, especialmente el no convencional (shale-oil), aunque la producción que ya está en marcha continuará por un tiempo. Esto augura precios moderados en 2015, mientras persiste la sobreoferta, pero también un aumento de precios en el medio plazo, producto de esa menor inversión. Todo esto en un entorno de alta incertidumbre y volatilidad de precios hacia adelante, tanto en el corto como en el medio plazo.

Volviendo a la fuente de la caída de precios, resulta positivo para el crecimiento mundial que la mayor parte de la caída provenga del lado de la oferta, en lugar de una menor demanda. ¿Por qué? Un shock de oferta aumenta la renta disponible de las familias y la productividad de las empresas que demandan energía, lo que favorece el consumo y la inversión y más que compensa el efecto negativo sobre los productores.

Nuestras estimaciones apuntan a un efecto positivo en el crecimiento mundial que llegaría a 0,4 puntos porcentuales en 2015 y 2016. Será un paliativo significativo para aquellas economías que pasaban por una desaceleración cíclica o incluso las que, como productoras, enfrentan un impacto directo negativo de un petróleo más bajo.

Juan Manuel Ruiz Pérez
Economista Jefe para América del Sur
BBVA Research

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