Política vs. realidad: El peligro de regular las tasas de interés

Política vs. realidad: El peligro de regular las tasas de interés

Si bien es cierto, las leyes están diseñadas para buscar el bien común y como es el caso de esta conversación puntual, pareciera que el proyecto de ley que hoy está de moda, es algo positivo para todos.  Sin embargo, no podemos permitirnos hacer análisis ligeros y mucho menos quedarnos tranquilos sólo con la revisión de la primera capa de impacto de estas propuestas.

Es de conocimiento general que desde el mes de agosto del año en curso se está presentando el proyecto de ley 420 en la Asamblea Nacional, en donde se contempla un tope máximo de tasas de interés de 1.25% para los bancos, buscando con esta acción:

Abaratar el costo del dinero dado en préstamos y líneas de crédito con la nueva realidad financiera económica del país.

Prohibe incorporar comisiones, costos operativos, costos de cierre, multas y recargos.

Sanciones por usura para instituciones que no cumplan con los descrito en el proyecto.

Al ver estos objetivos la iniciativa parece positiva, favorece en principio a los usuarios de préstamos y aliviana la situación financiera que estamos atravesando; sin embargo, cuando empezamos a profundizar y a revisar cada uno de los frentes que esta propuesta abarca nos damos cuenta que el efecto es totalmente contrario, es sólo un espejismo y no porque afecte a los bancos y a sus grupos de interés, la realidad es que su implementación tendría consecuencias negativas para todo el país.

Panamá cuenta con uno de los sectores financieros más competidos en Latinoamérica y en el mundo, tenemos en el país 41 bancos de licencia general y las tasas más competitivas y bajas en la región, que se encuentran en los rangos del 6% al 24%, mientras el resto de los países latinoamericanos tiene tasas que oscilan entre 8% y 85%.

Respecto a los préstamos personales, la tasa promedio en Panamá se ubican en un 8.72%, cuando el promedio de este tipo de financiamientos, en otros países de la región, se ubican en un rango que va desde el 9.63% hasta el 79%.

En el campo hipotecario la diferencia también es relevante, si tenemos en cuenta que la tasa promedio en Panamá es del 5.76% y tenemos plazos hasta de 30 años, esto nos convierte en los jugadores más competitivos de la región, en donde las tasas van de 6.4% al 30%.

Insisto en la necesidad de revisar con lupa este tipo de propuestas que en principio se ven bien para que no sólo impactemos la sostenibilidad financiera de los bancos sino de la economía de nuestro país, en términos generales.

Borremos de una vez por todas la idea de que las entidades del sector financiero están destinadas a favorecer a sus accionistas, nuestra tarea es proteger a los 4.7 millones de depositantes que existen en el país y les comparto un dato importante respecto a este grupo tan relevante y es que el 90% de ellos tienen depósitos por debajo de $5,000 en promedio y debemos cuidarlos a todos si queremos una economía sana.

Es importante recordar también que Panamá, nuestro país, tiene un sistema monetario autónomo que descansa en el uso y aceptación del dólar estadounidense como moneda de curso legal, así como la no presencia de un Banco Central que usualmente tendría que ser la autoridad monetaria para regular las tasas de interés.

Soy reiterativo porque de aprobarse la ley que fija topes a las tasas de interés, los efectos adversos que se tendrían de forma instantánea serían nefastos, no solo impactaría a las instituciones bancarias y a sus colaboradores, esta decisión legislativa obligaría a los bancos a dedicar sus recursos solo a financiar a los sectores de menor riesgo y con mayor cantidad de garantías reales, que son quienes menos lo necesitan en este momento y a que dejemos de prestar a segmentos de alto riesgo (el sector informal, prestarios de mayor riesgo y las micro, pequeñas y medianas empresas) por su alto costo,  hoy son ellos quienes requieren todo nuestro apoyo.

Las consecuencias no se quedan sólo en este segmento de la población, también afectará a los depositantes y en particular a los minoritarios que representan la mayoría de los depósitos de la banca en Panamá, esto afecta nuestra economía directamente ya que la regulación obligaria a los bancos a descartar a los antes mencionados como sujetos de crédito ya que se convertirian en alto riesgo, sin dejar de mencionar que impactarian las tasas que pagan los bancos en depósitos actualmente, muchos estarían comprometidos a nivel de solvencia.

Por último, y no menos importante, fomentaría la salida de bancos internacionales de Panamá , al igual que los depósitos foráneos, debido al impacto directo a su rol dentro del sistema bancario,  estas son fuentes muy relevantes para el país, no olvidemos que  ellos son el apoyo necesario en los créditos para la reactivación económica post pandemia.

Esto causaría una exclusión automática de las personas de los sectores de menores recursos y de las empresas que cuentan con  menos garantías por lo que al final tendría que financiarse con prestamistas informales que cobrarían intereses muy superiores a los bancos y nos iríamos atrás en lo que con tanto esfuerzo se ha trabajado para transformar la informalidad en bancarización.

Decisiones como esta golpearían aún más a la economía panameña y retrasarían al país en su regreso a la ruta del crecimiento y generación de riqueza en los próximosmeses.

Costa Rica, por ejemplo, hace poco cambió su legislación y estableció un tope máximo a las tasas de interés con unos efectos negativos tangibles y casi inmediatos como el que los bancos sacaran del mercado 250,000 tarjetas de crédito, se dejaron de otorgar 180,000 préstamos personales y se despidieron aproximadamente 400 colaboradores. Definitivamente no queremos que este tipo de situaciones se replique en Panamá.

Por último, no tiremos por la borda un trabajo al que hemos dedicado años, esfuerzos y recursos y es a la consecución de fondos del exterior, tenemos que ser conscientes, con una regulación de estas características que los bancos de capital extranjero pueden tomar decisiones que impliquen la salida de miles de millones de depósitos que son captados por el banco nacional y que pueden ser prestados en la economía social.

Esta no es una discusión menor, por solucionar la difícil coyuntura económica que el planeta vive hoy debido a la pandemia, de todos nosotros depende la reconstrucción de esta nueva Panamá.

Eddy Silvera
Gerente general
Canalbank

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