Presidencia de Bolsonaro suscita temores y esperanzas en Brasil

Presidencia de Bolsonaro suscita temores y esperanzas en Brasil
Su presidencia marca un cambio histórico en la política brasileña| Archivo

En la víspera de la inauguración de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, el país escuchó de nuevo los estridentes mensajes políticos que impulsaron al político de extrema derecha de la oscuridad a la victoria electoral hace dos meses.

“¿El oficial de policía disparó con la intención de matar? Por supuesto que lo hizo. ¡El criminal llevaba un rifle!”, afirma el presidente electo en un vídeo de sus frases más famosas publicado por Carlos, su hijo y gerente de la campaña de medios sociales. En el vídeo, el señor Bolsonaro luego reprende al Congreso: “A ustedes no les preocupa la seguridad pública. Son todos unos cobardes”.

El vídeo, que muestra al ex capitán del ejército disparando armas de fuego, montando un caballo e insultando a izquierdistas, termina con su lema “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”, marca la pauta para el inicio de su presidencia de cuatro años de la mayor economía de América Latina.

Entre sus partidarios, las expectativas son altas de que el congresista de derecha, elegido en una ola de disgusto popular en contra de los gobiernos izquierdistas anteriores de Brasil, eliminará la corrupción, luchará contra la creciente delincuencia y reactivará una economía que está emergiendo lentamente de su peor recesión.

La corrupción nos ha robado durante años, no tenemos seguridad en las calles y la economía se está tambaleando”, dijo Nazaré Sady, un partidario de Bolsonaro de 67 años en Río de Janeiro. “Ahora Brasil está recuperando su dignidad, su grandeza”.

Aunque incluso sus partidarios probablemente concuerden que es poco probable que el señor Bolsonaro esté a la altura de su segundo nombre, ‘Mesías’, su presidencia marca un cambio histórico en la política brasileña. El político de 63 años, a veces llamado “Trump Tropical”, será el primer líder de extrema derecha de Brasil desde la dictadura militar hace tres décadas.

Para marcar el cambio político, Viktor Orban, el primer ministro populista de Hungría, y Benjamin Netanyahu, el primer líder israelí en visitar Brasil, estuvieron presentes el martes por la tarde en la ceremonia en la que el señor Bolsonaro recibió la banda presidencial en Brasilia.

Israel es la tierra prometida, Brasil es la tierra de promesas”, dijo el señor Netanyahu, después de llegar a Río de Janeiro, celebrando el compromiso de campaña del señor Bolsonaro de trasladar la embajada de Brasil de Tel Aviv a Jerusalén.

Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos (EU) también asistió a la ceremonia. “Esperamos construir una relación más fuerte con Brasil”, dijo el funcionario más alto del departamento de Estado. “Nuestra misión es reafirmar nuestra soberanía y reformar el orden internacional liberal. Queremos que nuestros amigos nos ayuden y que también ejerzan su soberanía”.

En las elecciones de octubre, cerca de 60 millones de brasileños acogieron las promesas de la campaña del señor Bolsonaro, transmitidas principalmente a través de las redes sociales, sobre la promoción de valores familiares cristianos, del orgullo nacional y del liberalismo económico.

De hecho, el optimismo empresarial ya está aumentando. Según una encuesta realizada en diciembre por Datafolha, 65% de los encuestados creen que la economía mejorará en los próximos meses, la cifra más alta que han visto los encuestadores en casi dos décadas.

Definitivamente tenemos una actitud optimista”. Éste es un buen momento para las empresas”, dijo un inversionista europeo que busca expandir sus operaciones en Brasil.

Uno de los factores que ha impulsado el entusiasmo de los inversores es el equipo económico del señor Bolsonaro, liderado por el ex banquero de inversión Paulo Guedes y un equipo de colegas de la Universidad de Chicago conocido por su adhesión a los mercados libres.

Pero también hay preocupaciones. El equipo ejecutivo del señor Bolsonaro incluye a muchos individuos con poca experiencia política cuando se trata de manejar las relaciones con el congreso.

Muchos también se preguntan si el ex congresista —quien siempre fue miembro de un partido de oposición, ha expresado abiertamente su nostalgia por la dictadura, ha afirmado que la propiedad de las armas debe ser liberalizada, y ha denigrado abiertamente a las mujeres, los homosexuales y los brasileños de raza negra— puede gobernar de manera equitativa a los 209 millones de habitantes del país.

“Mi temor es que podríamos perder los derechos que tenemos”, dijo Luana Bulhões, una profesora lesbiana de raza negra en São Paulo quien se apresuró a casarse el mes pasado en caso de que el señor Bolsonaro, quien ha dicho que las personas pueden sacar a golpes al homosexual que hay en sus hijos, invierta la actual legislación.

Otros temen un autoritarismo latente, aunque algunos señalan que las instituciones fuertes del país son un contrapeso efectivo.

Control Risks, una empresa de consultoría, cree que las preocupaciones de que el señor Bolsonaro es una amenaza para la democracia brasileña son exageradas.

“Se enfrentará a jueces y fiscales independientes, así como a medios de comunicación activos y a una oposición que será un contrapeso y que probablemente actuará como la última línea de defensa contra posibles movidas para acaparar el poder o para tomar decisiones arbitrarias”, dijo.

Eso tal vez ya esté pasando. El señor Bolsonaro se ha presentado como un cruzado anticorrupción, pero Flávio, su hijo y senador electo, está envuelto en un escándalo que involucra ciertos pagos a un ex chofer.

Flávio Bolsonaro ha negado cualquier delito, pero el nuevo presidente no ha podido distanciarse del creciente escándalo.

Por ahora, sus partidarios permanecen firmes. Incluso medidas en parte simbólicas, como el cambio en las relaciones exteriores, alejándose de países socialistas como Venezuela y acercándose a nuevos aliados como Israel y EU, son una señal prometedora de la nueva mentalidad del país.

El señor Bolsonaro será el “mejor presidente de Brasil”, dijo Renata Biezok, una abogada con sede en São Paulo.

Andres Schipani
Financial Times

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