Primeros dos años de Martinelli, una de cal y una de arena

Primeros dos años de Martinelli, una de cal y una de arena

Los primeros dos años de la administración de Ricardo Martinelli se han caracterizado por aciertos y desaciertos.  En la parte económica ha tenido el viento a su favor y han sabido influir positivamente a las agencias calificadoras para el logro del tan codiciado grado de inversión.  Sin embargo, recientemente han salido luces amarillas y rojas en el semáforo fiscal, y algunos han empezado a cuestionar el manejo fiscal.

El primer año se caracterizó por un empuje de reformas fiscales, incluyendo el alza de impuestos a ciertos sectores y del ITBMS, y por la baja de la tasa de impuestos a las personas naturales y jurídicas.  La opinión sobre la reforma fue mixta, los sectores más afectados se opusieron, pero los sectores más beneficiados las favorecieron, como era de esperar.  Estas reformas permitieron al Gobierno, en conjunto con una excelente estrategia de cabildeo, lograr el tan codiciado galardón del grado de inversión por parte de las principales calificadoras de riesgo internacionales.

El segundo año fue más complicado, múltiples altibajos en el área política, problemas con los medios, acusaciones de violaciones a la libertad de expresión, acusaciones de intervención en la Corte Suprema de Justicia, los problemas en el Ministerio Público, el retroceso de la ley de minería y otros.  Por el lado económico ha habido múltiples analistas, tanto nacionales como internacionales, y organizaciones gremiales, que cuestionan o dan visto bueno al manejo de las finanzas públicas.

Sin embargo, la alta velocidad de ejecución de los proyectos y la introducción de mecanismos creativos de financiamiento de los mismos, los llave en mano, están aumentando fuertemente la deuda pública, lo que enciende una luz amarilla.  El problema es que no hay claridad con las cifras fiscales.  Esto se da en un año donde el gasto público se espera que crezca arriba de un 30%, gracias a la aprobación por parte de la Asamblea Legislativa de una dispensa en el tope del déficit fiscal, el cual permite al Gobierno tener un déficit de hasta $850 millones.

Si se llega a usar este tope, este déficit de este segundo año entrará a la historia por ser el más alto reportado en la historia republicana.  Lo que es peor es que, como señaló la semana pasada Apede, este profundo déficit se va a lograr en un año de altísimo crecimiento económico

Una de las victorias del primer año de la actual administración está también siendo cuestionada.  El otorgamiento de los subsidios de 100 para los 70 y de las becas universales, tan popular políticamente, ha sido cuestionado por analistas y asociaciones, por ser subsidios que van a profundizar el paternalismo y la dependencia de los ciudadanos del Estado.  El problema con los subsidios es que ya suman más de $900 millones al año y que todo parece indicar que van a seguir en aumento.

El crecimiento económico es de aplaudir, sin embargo, hay muchos que cuestionan el hecho de que el mismo tiene su lado oscuro.  Primero, todo parece indicar que el acelerado ritmo de crecimiento está recalentando la economía, por ende, produciéndose altos niveles de inflación.  La canasta básica ya está llegando a los $300 al mes y la inflación se posiciona en 6,4%, casi el triple del nivel de la misma en el primer año de gobierno.  Por otro lado, una enorme mayoría de los panameños, especialmente los más pobres, no parecen estar siendo beneficiados por el crecimiento económico.

Han sido dos años buenos económicamente, pero con dificultades fiscales y en otras áreas. El actual gobierno debe aprovechar su buen manejo y viento a favor, y asegurarse de generar superávits fiscales para preparar el país para una eventual recesión económica.  No hacerlo hará que el país enfrente la siguiente recesión con una enorme deuda y sin muchas posibilidades de manejo fiscal.

 

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias

Patrocinado por BANCO GENERAL