¿Qué nos impide adaptarnos a los cambios resultados de la pandemia de COVID-19?

¿Qué nos impide adaptarnos a los cambios resultados de la pandemia de COVID-19?

Nuestro entorno social se ha visto distorsionado de forma abrumadora con el nuevo orden mundial, impuesto por la emergencia sanitaria del coronavirus (COVID-19), una enfermedad que llegó para quedarse y con la que, de forma aguerrida y heroica, los médicos, científicos, personal sanitario y muchos otros profesionales, luchan para menguar su alcance.

Actualmente en Panamá estamos en una etapa de tregua ante las medidas de cuarentena total utilizadas para contener los contagios.

 Nos enfrentamos a una difícil crisis socioeconómica y política agravada por la pandemia de COVID-19 y que se exacerba en la incapacidad para adaptarnos a los cambios.

Según Clotilde Sarrió, terapeuta especializada en Terapia Gestalt, la homeostasis psicológica es un mecanismo que nos permite flexibilizarnos antes los cambios del entorno y amoldarnos a ellos, para alcanzar y mantener el equilibrio tanto emocional como psicológico.

Aunado a esto, el estudio “Educar para la vida: El desarrollo de las habilidades socioemocionales y el rol de los docentes” (Julio 2020), realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), establece la adaptabilidad como un indicador de la calidad de la educación, indispensable para la formación integral tanto de docentes como de alumnos.

Mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés), introduce el concepto de “Educación para la ciudadanía” a nivel internacional desde 1995 y el Consejo de Ministros del Consejo de Europa marca como principal objetivo el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a las personas para la ciudadanía activa.

Sin embargo, si confrontamos estos conceptos a Panamá, en materia de educación, nuestra nación ya no solo tiene altos índices de deserción escolar y una gran brecha digital, sino que somos uno de los países con los peores resultados en las pruebas PISA (2018), realizadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde).

Es desalentador que los conocimientos que adquieren las personas no sean gestionados para mejorar el bienestar global en una sociedad que demanda individuos con las mejores capacidades y que esta meta nos haya quedado grande como objetivo de país. La educación debería garantizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, responsable, libre y crítica, que resulta indispensable para la constitución de sociedades vanguardistas, dinámicas y justas.

Por otro lado, está la cultura. Una palabra que engloba variadas definiciones según sea el plano en el que se analice, sin embargo, es de nuestro interés aquella relativa al conjunto de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social. De acuerdo con el escritor español Antonio Muñoz Molina, normativo de la Real Academia Española; en una entrevista para el BBVA (Mayo 2020);  “la cultura nos abre a la realidad que las personas tienen derechos elementales y que estos se deben respetar y cuidar”.

Y hoy, en nuestra nueva realidad es cotidiano que tengamos que llevar mascarillas, en algunos casos más extremos se recomiendan pantallas faciales, además de medidas como el distanciamiento social, la no aglomeración, los toques de queda y cierres totales o parciales de zonas recreativas y áreas turísticas en ciertos horarios.

Todo lo anterior sin duda, repercute en nuestra cultura, que tiene como principales valores la familia, el trabajo, la solidaridad, la libertad y la autenticidad. Sin embargo, esta nueva normalidad choca con estos valores, creando barreras sociales, distanciamiento no solo físico sino emocional, afectando nuestra libertad, socavando la solidaridad, agudizando flagelos como la desigualdad, la violencia y los índices de pobreza y desempleo.

Nuestra cultura no está caracterizada principalmente por valores como la disciplina, la constancia, la prudencia, la templanza, la justicia social u otros, esto nos impide poner el bien común, por encima de los intereses personales. Es por ello que la educación sin cultura está en desventaja. Un ejemplo claro queda registrado en los momentos de la historia donde personas muy cultas y educadas, se han dejado llevar por la barbarie.

Es así como prestigiosos líderes y presidentes se han visto envueltos en escándalos de corrupción inéditos.

La educación debe ser accesible para todos, con un fuerte carácter cultural, en la implementación de valores democráticos, en donde haya igualdad política, justicia y disciplina social, ciudadanía responsable y consciencia.

Esto le dará poder a quien lo posea, de tomar decisiones correctas, de ser más competitivo, de reinventarse, de ser innovador, creativo, disciplinado, prudente y lograr alcanzar una vida con calidad.

Considero que algunos de los valores culturales básicos que todo panameño debería practicar, sin importar el estrato social, le darán la posibilidad de gestionar el cambio; sin embargo,  en nuestra nueva realidad son la libertad, la solidaridad, el espíritu crítico, la voluntad de acuerdo, la disciplina social y el aprendizaje continuo las herramientas que todos debemos desarrollar para tener éxito como sociedad

Yissel Margoth Barría Nieto
Estudiante de Maestría
Universidad Interamericana de Panamá (UIP)

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