¿Quién mató al presidente infalible?

¿Quién mató al presidente infalible?

Jaime Porcell
Investigador de Mercado

En la caída en encuestas  de la gestión Martinelli median factores que trascienden las crisis coyunturales del agua, inundaciones, reforma del código minero, revelaciones wikileaks y  menores quemados. Endoso responsabilidad a una estrategia de comunicación que no asume el cambio de etapa política.
Martinelli llega a palacio con una aprobación excepcional, supera el 80%.  Jaló por el mazo contra Figali, persiguió PRDs, remeció a Bosco, entregó $100 para los 70,  revivió becas universales. De paso,  la emprendió contra opositores, medios y sociedad civil. Un pueblo ávido por creer en el cambio ponía la palabra del presidente por encima de toda humana duda y la elevaba a infalible.
Este febrero, tres casas encuestadoras con muestras comparables, reportan números disímiles en cuanto aprobación de la gestión del presidente. Tienen en común, todas observan caída. Cid-Gallup e IPSOS, con un bajo 44 y 41%. IPSOS blinda su credibilidad al no admitir trabajos ni de gobierno o partidos políticos.
Con un 65% de aprobación, Ditcher & Neira propone  números favorables a la gestión con más de 20 puntos encima de las dos anteriores. Admito que mis propios guarismos marcan a medio camino entre estas tres.
Changuinola, julio 2010, mató la infalibilidad casi divina de un presidente, misma  que la audiencia había entregado.  Una nueva actitud de suspicacia y desencanto con el mandatario emitía señales de arribo. Mientras, un Martinelli tira mazazos a noticieros de pacotilla, reclama a la sociedad civil intención de cogobernar, impone un tratado desventajoso de intercambio informativo, asila a colombiana pinchadora, amenaza a notables de Molirena opuestos a fusión. Hasta saca antimotines para imponer reforma minera. Y huérfano de alineación con la nueva etapa política, cae en  encuestas.
El otrota secretario de comunicación Alfredo Prieto encajaba en un escenario donde la fuerte credibilidad inicial del presidente sostenía un tono rudo con los medios. Su salida, acompasada por crecientes vientos en contra, implica una oportunidad. Ahora el juego exige de la sutil persuasión.
Durante más de un siglo de república, los presidentes excepción, Ernestito De La Guardia, 1956-60-  suben en hombros y bajan solitarios. En el interregno, prefieren celebrar su propia versión del Vamos bien. Terminan expuestos a la soberbia que generan el ulular de sirenas y estridencia de aplausos. Personas interpuestas compran medios independientes, léase EPASA y RCM. Y se hacen de encuestas complacientes a la gestión. Pero, sin la coraza  infalible, sigue bajando.
Más que él mismo, un presidente es su equipo. Por supervivencia, los de comunicación versionan los hechos para empujar a presidentes a dar la espalda a una realidad aguafiestas.  Encuentran chivos expiatorios, léase Ebrahin Asvat,  ito Adames, Paco Gómez Nadal, Mauro Zúñiga.  El otrora héroe indiscutible ni se entera que su infalibilidad va camino al cementerio.
La propia Mireya, cercada por encuestas a su medida,  presionaba al periódico  El Universal, mientras soñaba feliz con lo bien que iba.  En las elecciones 2004 hubo poco que celebrar, el candidato arnulfista por primera vez llega tercero.
Esperé que el equipo ayudara a Ricardo  marcar en las excepciones. Esperanza inútil. Aquella concepción de un presidente autoritario no promueve un intercambio para entender, y luego, que convencer y cambiar actitudes. Lo que deja en las mentes, me consta,  es conceptos de ungidor, dictador civil, inculto, etc. Hoy, el crítico bajón desaconseja hablar de reforma constitucional, menos reelección, incluso hasta amenaza la sostenibilidad democrática.
A la repetición desalineada del sonsonete Vamos bien cuadra perfecto unos voceros livianos tipo Rabanes. Contrapongo el utilizar recursos ya existentes para profundizar la consulta popular. Me refiero  al número ciudadano 311 y encuestas políticas independientes. Hacer del volcarse sobre las necesidades, la fuerza imparable de un gobierno que entiende el momento  con un alineado vamos a cambiar.
Propongo una visión que enfrente esta etapa de duda y decepción como oportunidad. Este presidente  de gestión implacable necesita liderar la reorientación hacia una persuasora. sta requiere, ahora sí,    refrescar el equipo ministerial con relevos especialistas en escuchar para  convencer.

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