Reactivando la economía

Reactivando la economía
Imagen ilustrativa. Cinta Costera, ciudad de Panamá.Foto | Capital Financiero

Era mediados del año 2001 y parecía que el torbellino de retos nunca terminaría; un contexto global sumamente complicado, una deuda pública que representaba cerca del 70% de la producción nacional, un creciente déficit fiscal, una necesidad imperativa de implementar cambios al Código Fiscal, una Asamblea Nacional controlada por una férrea oposición política, y un crecimiento económico, que apena alcanzaba 0.6% del PIB, en términos reales—repito, 0.6%.

En ese contexto, los principales sectores del país, nos sentamos a discutir y tratar de alcanzar acuerdos sobre cómo reactivar la economía panameña; estaban presentes los trabajadores (representados por quienes todavía hoy los representan), los gremios empresariales, los partidos políticos, y el Gobierno Nacional.

Como Viceministro de Economía (2000-2003), participé en calidad de secretario técnico. Cada agrupación tenía una agenda propia, y defendía sus posiciones e intereses. Al final, y luego de más de doce meses de reuniones, discusiones, propuestas y rechazos, ese dialogo por la reactivación económica alcanzó algunos acuerdos, que se tradujeron en políticas públicas.

Recuerdo claramente como en ese entonces, esperábamos todos que producto de los acuerdos, y principalmente producto de una eventual recuperación en el crecimiento mundial, la economía nacional se reactivara, y alcanzara un crecimiento estable y sostenible de más o menos 4.0% del PIB—repito, 4.0%.

No sería sino hasta el año 2003 cuando, producto de la recuperación mundial, Panamá alcanzó un crecimiento de 4.3%. Durante la década de 2000-2009, el crecimiento promedio anual fue de 5.5%, con un rango de 0.6% en 2001 y de 12.1% en 2007.

En lo que va de la década 2010-2019, el crecimiento de la economía panameña ha promediado 7.2%, con un mínimo de 4.9% en 2016 y un máximo de 11.8% en 2011.

Nuestra economía ha pasado de sumar unos $12,300 Millones en 2000 hasta alcanzar unos $55,225 Millones al cierre de 2016, en términos nominales—más de cuatro veces lo que era en 2000. Como ya mencioné, el crecimiento económico al cierre de 2016 fue de 4.9% del PIB—repito, 4.9%.

Lo cierto es que durante estos dieciséis años desde que registramos un crecimiento de apenas 0.6%, nuestra economía no solamente se ha transformado en cuanto a su tamaño, sino que también ha atravesado un cambio en cuanto al peso que cada actividad tiene sobre el total de la economía.

Sin duda alguna, la orientación hacia la apertura e integración, y la incorporación de las áreas revertidas y del Canal de Panamá a la vida económica nacional, han formado parte de esa transformación.

Mientras que hace menos de veinte años, las actividades agropecuarias, comerciales e industriales internas concentraban una proporción significativa de nuestra economía, hoy en día aquellas actividades relacionadas con la conectividad de Panamá—como lo son las actividades portuarias, de logística, y la vía interoceánica, entre otras—ganan peso en la distribución económica nacional.

Por otro lado, la construcción y el desarrollo inmobiliario, tanto en la Ciudad de Panamá, como en el interior del país, han evolucionado de manera significativa y hoy son generadores de trabajo y bienestar.

De igual forma, el turismo, a pesar de la difícil coyuntura que atraviesa el sector producto de las grandes dificultades que atraviesan algunos de los países de donde llegan nuestros visitantes, representa una actividad relativamente nueva y que continuará fortaleciéndose y consolidándose en la estructura económica—y que trae divisas frescas al país, además de ser un generador de trabajo en
las áreas donde se desarrolla.

Nuestra diversificación económica es tan solo una de varias características que tiene el sistema panameño que son extraordinarias.

Hoy en día, ninguna actividad llega a representar más del veinte por ciento de la economía; esta diversificación no evita que actividades individuales—o grupos de actividades—atraviesen dificultades; sin embargo, la diversificación termina generando estabilidad y reduce la volatilidad que experimentan otros países.

Otras importantes características de nuestra economía son: la orientación a los servicios, el sistema financiero—totalmente integrado al sistema financiero internacional—, la dolarización, una baja inflación, la inversión directa extranjera—que alcanzó aproximadamente 10% del PIB en 2016—y la gran conectividad del país.

Por supuesto que no todas son buenas noticias: Panamá tiene retos inmensos por delante. Considero que las dos debilidades más grandes son la educación pública y la debilidad institucional—ambas tienen consecuencias nefastas y frenan el desarrollo.

En primer lugar, y a pesar de los avances en mejorar los indicadores generales del progreso social, la educación pública está lejos de ofrecer lo que el país requiere en materia de preparación secundaria, técnica y universitaria.

Frente a una educación privada que sí se moderniza constantemente, los estudiantes del sector público, en general, están en desventaja cuando compiten por los puestos de trabajo—y esto tiene un efecto perverso en la capacidad de promover la movilidad social producto del esfuerzo del individuo. Existen por supuesto, excepciones honrosas, como lo es la Universidad Tecnológica de Panamá, que se destaca por la calidad de sus programas y graduandos.

En segundo lugar, nuestras instituciones parecieran que no pueden gestionar de manera efectiva. Esta debilidad termina generando grietas, por donde la corrupción e impunidad, la ineficiencia y la baja productividad se cuelan fácilmente. Es imperativo un golpe de timón contundente, que restablezca la confianza en el Estado. Los esfuerzos continuos deben redoblarse, especialmente en materia de justicia, y rendición de cuentas.

Los Panama Papers, la lista Clinton y los escándalos de corrupción son retos inmensos que ponen a prueba a nuestras instituciones.

Panamá tiene mucho que hacer en cuanto no solamente a regular, sino implementar efectivamente. La justicia, que pareciera que despertó luego de un periodo de grandes retos, mantiene cuestionamientos por parte de la sociedad en cuanto a discrecionalidad, detenciones preventivas, y lentitud en los procesos.

La sociedad es impaciente frente a procesos que no necesariamente entiende, y exige justicia inmediata—lo cual no pasará.

Estos elementos sí son un freno para la economía, erosionan la confianza del sector privado y de la inversión extranjera—piezas fundamentales para un crecimiento robusto y estable. Los efectos de estos elementos detractores de la economía tal vez no tengan un efecto inmediato, pero seguramente podrían tener un efecto a mediano plazo.

Recientemente, la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá publicó su última encuesta sobre expectativas de 2017: casi el 80% de los encuestados respondieron que esperan que sus ventas se mantengan o superen las del año pasado.

En un entorno complejo para algunos sectores, la encuesta de la Cámara refleja que los empresarios panameños mantienen la confianza en su entorno y en que el año 2017 será un buen año.

¿Qué podemos esperar en 2017 y en los próximos años? Todos los analistas coinciden en que Panamá continuará liderando el crecimiento económico en la región; la proyección es que durante los próximos dos o tres años, Panamá registrará un crecimiento real de aproximadamente 5%.

Esto, en un contexto global complejo, donde tanto el crecimiento como el comercio mundial registrarán tasas más moderadas. Buen ritmo de crecimiento para hacerle frente a los grandes retos.

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