Rechazo a EE.UU. aviva los temores de Alemania respecto al TTIP

Rechazo a EE.UU. aviva los temores de Alemania respecto al TTIP

 El apoyo decayó tras lo sucedido con el señor Snowden debido a los temores al dominio de EE.UU. en la Web

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Cuando Ángela Merkel se reunió con Barack Obama y sus homólogos europeos en Hannover esta semana, una prioridad crucial era reanimar las negociaciones sobre el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), el polémico acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EE.UU.) que, hasta ahora, ha tenido problemas para obtener popularidad. Pero en sus comentarios públicos sobre el acuerdo, la Canciller alemana no pronunció el categórico respaldo que anticipaban los defensores del TTIP, quienes esperan completar las negociaciones antes de fin de año. Debemos cumplir con nuestra parte, dijo la señora Merkel, para inyectar un nuevo dinamismo de la parte europea.

Su cautela pareció reconocer una realidad política más amplia. Además de enfrentar dificultades en Washington y en muchos países socios de Berlín dentro de la UE, el TTIP se ha topado con una enorme oposición en Alemania. Las recientes manifestaciones de mayor tamaño del país no han sido provocadas por la divisiva política de la Canciller relacionada con los refugiados, sino por el pacto transatlántico. Las protestas contra el TTIP atrajeron cerca de 250.000 simpatizantes a Berlín a finales del año pasado, y alrededor de 25.000 a la pequeña ciudad de Hannover, a pesar de fuertes medidas de seguridad.

Un reciente estudio publicado por la Bertelsmann Foundation, un centro de investigación de ideas, mostró que el apoyo del TTIP en Alemania ha caído a sólo un 17%, por debajo del 55% en 2014. Otras encuestas indican que el apoyo del TTIP en Alemania es el más bajo dentro de la UE, salvo en Austria.

Es una paradoja que la opinión pública en el mayor exportador de Europa y uno de los mayores beneficiarios del comercio mundial esté tan encarecidamente en contra del TTIP. Incluso los funcionarios alemanes de alto rango están desconcertados ante el debate. De hecho, es impactante, dijo uno de los funcionarios. Ha sido una sorpresa para todos nosotros.

El factor más importante en la impopularidad del TTIP en Alemania puede ser menos una oposición al comercio que un resurgimiento del rechazo a EE.UU. Este sentimiento fue el resultado de las revelaciones del delator Edward Snowden en relación con el espionaje electrónico generalizado de EE.UU., incluyendo hasta interceptar las conversaciones del teléfono móvil de la Canciller. Aunque tales revelaciones han alarmado a muchas naciones, tuvieron particular impacto en Alemania, en donde la desconfianza de la vigilancia está muy arraigada.

El Partido Verde utilizó el TTIP como un modo de capitalizar este tipo de sentimientos durante las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 con un éxito sorprendente. Uno de los objetivos era un plan para permitirles a las empresas solucionar las disputas transatlánticas en tribunales de arbitraje privados, algo que los críticos dicen les permitiría a las multinacionales eludir los tribunales locales y evitar las regulaciones ambientales.

Las sospechas sobre el TTIP sólo han aumentado junto a la creciente preocupación entre los alemanes sobre la dominación y alcance de los gigantes del Internet estadounidenses, como Google y Facebook. Se ha convertido en esta cristalización del antiamericanismo con el sentimiento de antiglobalización, declaró el funcionario, quejándose de que los poderosos sindicatos del país se habían vuelto uniformemente en contra del TTIP. Su oposición ha obstaculizado a los socios de la coalición socialdemócrata de la señora Merkel.

El TTIP no deja de tener partidarios en Alemania. Numerosas compañías lo apoyan por temor a que, si no, EE.UU. establecería estándares globales con Asia en lugar de hacerlo con Europa. Estas compañías sostienen que, por más bien que les esté yendo actualmente, tienen que luchar por su competitividad futura. Pero la industria alemana no es un buen portavoz en estos momentos tras el escándalo en VW, el mayor fabricante de automóviles del país, y el caos en el Deutsche Bank, su mayor banco.

Algunos analistas creen que es probable que la prosperidad del país también esté trabajando en contra de los partidarios del TTIP. Debido a la solidez de la economía, ellos razonan, muchos alemanes no se sienten tan desesperados por los empleos y el crecimiento prometidos por el pacto comercial, lo cual les permite concentrarse en los potenciales riesgos para la seguridad alimentaria, la protección laboral y otros temas candentes. Los alemanes sienten que tienen menos que ganar del TTIP, explicó Christian Bluth, un investigador de Bertelsmann.

Teniendo en cuenta que la mayoría de los alemanes apoyaban el TTIP hace apenas dos años, la señora Merkel todavía pudiera recuperar el terreno perdido con atención sostenida. Pero con la crisis de migración y mucho más en su plato, puede que se le dificulte lograr entusiasmo por el acuerdo. El año que viene es un año de elecciones en Alemania, así como en Francia. Para entonces, sólo los valientes querrán tocar el TTIP.

Stefan Wagstyl
Financial Times

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