“¿Recuerdan cuando éramos felices y no lo sabíamos?”

“¿Recuerdan cuando éramos felices y no lo sabíamos?”

Esta fue una de las tantas y memorables frases que dejó el profesor Ricardo Hausmann en una charla que ofreció el Harvard Alumni Club de Panamá, junto a la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), hace unos días. Si bien es cierto nunca he pisado “HAHVAD YAHD”, mi hija estuvo en un programa de liderazgo el año pasado en dicha universidad y ya me siento que puedo poner la calcomanía en mi carro “Mi hija y mi billetera fueron a Harvard”. 

El profesor Hausmann, venezolano, es director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de la cátedra de Desarrollo Económico de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard. El estudio que presentó lo hizo con la claridad y con el optimismo de alguien que quiere que nuestro país siga creciendo y siga siendo la maravilla de América Latina. 

En su presentación, Hausmann mencionó cifras en distintos rubros en que Panamá se destaca sobre América Latina e inclusive sobre los países desarrollados de todas partes del mundo. En verdad, como dice mi hija (esa misma que fue a Harvard), al oír a un extranjero de esa talla hablar de lo que hemos logrado como país debemos reflexionar por qué nos quejamos tanto y de todo en Panamá. Sí, no somos perfectos, pero comparados con el resto de países de la región, que andan en un Lada de 1980 somos un Ferrari del año. Es impresionante como sigue creciendo la inversión extranjera directa (IED) en Panamá a tal punto que según el Banco Mundial, en  2016,  la IED representó 11% del Producto Interno Bruto  (PIB) de Panamá y en los países miembros de la impresentable Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) sólo es 2,5% del PIB. Saludos a Ángel Gurría. 

La reinversión de los fondos que la IED genera en Panamá se estima en 85%. Es decir las empresas que se establecen en Panamá, a pesar de nuestras quejas y fallas, siguen invirtiendo en el país. Que me refuten que la competencia fiscal no es buena para Panamá. El presidente francés cambiaría de peluquero -el que cobraba 10.000 euros al mes- por tener esa inversión extranjera en su país. Saludos a Francoise Hollande. 

Hausmann atribuye nuestra percepción de que Panamá está al borde del abismo a que “el pez no sabe que está en el agua”. En Panamá nos ha ido tan bien económicamente en los últimos 15 años que ya no recordamos que es una crisis económica. Nos recordó que la economía es cíclica y que nuestro modelo depende de cómo le va a los países a que exportamos servicios y en estos momentos a ellos no les va bien.   

El destacado profesor señalaba que la construcción no puede continuar siendo el motor más importante de la economía. La situaba, al sumar la construcción no residencial más la residencial, en niveles de 26% del PIB. Fue un claro aviso de una posible burbuja. Enfatizó que, además de ser notoriamente cíclica, la construcción es donde mayor rotación de empleados existe y ambos factores alertan a que se debe vigilar este segmento de la economía. 

En cuanto a la débil institucionalidad y a la corrupción en nuestro país, Hausmann se limitó a decir que eso no había impedido el crecimiento de la IED ya que aún existen condiciones más favorables que en otros países y se dedicó a listar una serie de ventajas –por todos conocidas- que ofrece nuestro país. Daba la impresión que Hausmann estaba muy feliz de cómo Panamá tiene la capacidad de reinventarse periódicamente, para mantener un crecimiento vigoroso de su economía. 

Y, en broma y en serio, mencionó que los venezolanos dicen con cabanga: “¿Recuerdan cuando éramos felices y no lo sabíamos?”.  Ojalá nunca tengamos que decir esa frase en Panamá.

Álvaro Tomas
Abogado

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